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Escritora

Pía Barros

sábado, 14 de enero de 2017


Cosas que nadie sabe de mí
El Mercurio




-¿Cómo la apodaban cuando niña? ¿Por qué le decían así?

-Pidulle. Está súper claro cuál era el problema. De hecho mi hermano menor todavía me dice así. Sigue siendo humillante.

-¿Qué recuerdo retorna a su cabeza cuando piensa en sus padres?

-Los peores. Mi mamá, maravillosa. Pero es una etapa, por suerte, ya terminada. Prefiero ser vieja. De lo único que me acuerdo es de los caballos, porque yo crecí en el campo. Los caballos eran la posibilidad de libertad que tenía. No la casa.

-¿Cuándo fue la última vez que pegó un combo?

-Hace dos semanas le di un rodillazo a un tipo en el Metro. Un imbécil. No se fijó que yo era una vieja. Me vio por detrás, con el pelo largo y con sombrero, y empezó a tocarme. Después de pegarle, todo el mundo me aplaudió y me dieron el asiento.

-¿Cuál es la peor disculpa que ha tenido que pedir tras una borrachera?

-Todas. La típica es: "Yo no quise decir eso". Soy muy deslenguada, muy ácida. Eso me costó amigas y amigos, por decir cosas que me tenía guardadas, y que aprovechaba de soltar en ese minuto de gloria. Pero ahora soy una señora decente y ya no hago esas cosas.

-Mencione el peor rechazo amoroso que sufrió.

-Me tiraron los calcetines al agua. Yo debo haber tenido como 11 o 12 años, y me gustaba un niñito, que tenía la misma edad, y tenía pecas. Íbamos caminando por el campo, me declaré, y yo creo que se asustó porque agarró mis calcetines y los tiró al agua. Se puso nervioso. Debe haber estado asustado. Ahora es cura.

-¿Le debe plata a alguien?

-Nada. No debo nada. Soy una neurótica con las deudas. Soy de las que empieza a pagar las cuentas antes que el resto en un restorán: "evitémonos el rollo", digo, y pago. Me ponen mal las discusiones por plata. A mí me debe mucha gente. Pero me da vergüenza cobrar.

-¿Qué parte de su cuerpo admira frente al espejo?

-Ya nada. A estas alturas no. Me quiero igual, pero nada es lo que era. Estoy cuesta abajo en la rodada. Antes me gustaban mis piernas. Pero ahora, para qué te explico. Todo requiere andamios a esta altura de la vida, pero no cambio una neurona por un bisturí.

-¿Se arrepiente de haber escrito algo?

-Me arrepiento de haber escrito muchas cosas, entre ellas poesía. Pero lo que hago es ir a las bibliotecas y arranco la hoja donde aparecen esos poemas míos en una antología. He ido a muchas bibliotecas. Todavía no he llegado a los mil ejemplares de hojas arrancadas, pero llevo varios. Y si lo pillo en alguna casa, también saco la hoja.

-¿Le gusta participar en ferias internacionales de libros?

-Es un trabajo. No es algo que me guste. Me da vergüenza, en general. Me da pudor cobrar por un libro. Me da pudor firmar autógrafos. Yo estaría agradeciéndole de guata todo el tiempo a una persona que compra mis libros, porque hoy es un privilegio que alguien te lea. El café que sirven, sí, es lo mejor. Siempre hay buen café. Y lo peor es dormir en hoteles y no poder levantarme a las tres de la mañana a tomarme un tecito.

-Cuando pone su nombre en Google, ¿cuál es la información que odia encontrar?

-Fotos. Hay unas fotos espantosas. Antiguamente, cuando me deprimía, me googleaba y decía: "Ah, qué bueno, no soy tan invisible". Después descubrí que me deprimía más cuando me miro. Así que decidí no googlearme más.

-Si dependiera totalmente de usted, ¿cuál sería el próximo presidente de Chile?

-Gabriel Boric. Jackson también me gusta y la Camila también. Pero me gusta más Boric, porque no le debe nada a nadie. No tiene ni partido propio. Además, es el que tiene el hocico más destemplado y eso me entusiasma.
-¿Ha tenido experiencia con drogas?

-Marihuana. La empecé a usar muy de vieja, por insomnio y cáncer. Con suerte tres veces al año la fumo. En los 80 no fumaba nada. Era muy feo, muy mal visto. Cristianos, marxistas, bloque socialistas, te crucificaban si fumabas. Los pocos que lo hacían, tenían que fumar escondidos.

-¿Cómo calificaría su actividad sexual?

-Normal, diría yo. Con la frecuencia adecuada y sin quejas. Con el viejazo una se pone más exigente. El doble de exigente.

-¿Ha sido o le fueron infiel?

-No lo sé y prefiero no saberlo. Si yo lo fui: tampoco lo sé y prefiero no saberlo. Siempre he sido leal. El daño al otro me parece violento.

-¿Cómo le gustaría que fuera su funeral?

-Con copete. Ojalá cantara la Tati Penna y la Carmen Prieto. Que se emborracharan y brindaran por mí, y eso sería todo.

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