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No ha fabricado (todavía) una armadura como la de Iron Man, pero Elon Musk es Tony Stark. El irreverente personaje interpretado por Robert Downey Jr. -insoportablemente inteligente, visionario, multimillonario, sin límites- tomó como inspiración directa a este innovador empresario que hoy está moldeando el futuro con compañías como Tesla Motors, que revoluciona el mercado de los autos eléctricos; SpaceX, la empresa privada más importante en incursionar en la industria de los cohetes espaciales, y últimamente SolarCity, que promueve que los paneles solares sean la norma en la generación energética. Pero Musk -quien incluso hizo un cameo en una de las películas de Iron Man- tiene ambiciones que, en muchos sentidos, superan las de Tony Stark: la mayor de ellas, colonizar Marte tan pronto como el año 2024. "Suena como una gran aventura para mí", dice. Para seguir su visión, Musk sabe que debe enfrentar problemas mucho más terrenales. Y hace unos días, el magnate de Silicon Valley dejó claro qué tan lejos estaba dispuesto a ir, tras aceptar una invitación personal de Donald Trump para integrar un comité asesor presidencial denominado Foro Estratégico y de Políticas junto a otros CEO de empresas como Uber o Pepsi. La decisión de Musk de entrar en la arena política sorprendió a muchos debido a que anteriormente había manifestado su oposición a Trump, sobre quien dijo que "no parece tener el tipo de carácter que refleje bien a EE.UU." y "probablemente no sea el tipo correcto" para la Casa Blanca. Pero, además, porque el Presidente electo parece ir en una dirección totalmente opuesta a sus intereses: ha puesto en duda la evidencia científica sobre el calentamiento global -una de las causas en las que Musk más ha actuado-, ha dado varias señales de que potenciará la industria de los combustibles fósiles y nunca se le ha visto entusiasmado por los incentivos a las energías limpias, de las que dependen Tesla y SolarCity. "Musk representa el último en una larga línea de científicos e inventores que han trazado el futuro de la humanidad desde la Ilustración. Trump, por contraste, parece no tener ninguna relación con la ciencia", comentó Matthew Debord, columnista de Business Insider. "Es posible que no haya dos cerebros más diametralmente opuestos funcionando", exageró. Pero Musk, siempre difícil de descifrar, también practica el realismo político. Y en este momento, parece estar aplicando con Trump una de las máximas que ha utilizado en todos sus emprendimientos anteriores: "Si algo es suficientemente importante, debes intentarlo, incluso si el resultado más probable es el fracaso". Genio sudafricano Nacido hace 45 años en Pretoria, Sudáfrica, Musk fue el niño prodigio que programaba a los 9 años y a los 12 ya había vendido un videojuego diseñado por él mismo. Emigró a Canadá con 17 años y a California con 24, donde estudió Física y Economía. Solo alcanzó a cursar dos días de su doctorado en Stanford y comenzó a crear empresas: a los 28 años ya era rico tras vender Zip2, una plataforma online para periódicos, y en 1999 fundó el sistema de pagos PayPal, que luego vendió a eBay. Ya multimillonario, con una fortuna de unos US$ 12.000 millones, se dedicó a sus pasiones. Con Tesla, popularizó los autos eléctricos deportivos de lujo en un mercado reacio a dejar los motores a combustión -según él, el primer paso para luego democratizar su uso extensivo-. Y con SpaceX, la primera compañía en poner en 2008 un cohete privado en órbita, pretende nada menos que hacer cotidianos los viajes espaciales para "que toda persona que quiera ir, pueda ir"; por mientras, tiene de cliente nada menos que a la NASA, que respalda su proyecto de cohetes reutilizables y contrata sus servicios para reabastecer la Estación Espacial Internacional. Musk no se queda ahí y está todo el tiempo ideando proyectos nuevos, muchos dignos de ciencia ficción, como el Hyperloop, una suerte de tren que viajaría por un tubo a 1.200 km/h. Según ha dicho, suele trabajar entre 80 y 100 horas a la semana, y no se toma vacaciones porque la última vez que lo hizo contrajo malaria. Probablemente eso ha resentido su vida personal, ya que se ha casado tres veces, dos de ellas con la misma mujer, de la que se acaba de separar nuevamente. Hasta ahora, Musk no había querido meterse mucho en política. Tuitero recurrente, una vez escribió un comentario sobre Margaret Thatcher y recibió tantas críticas que prometió nunca más "dispararse en los pies". Hace dos años, dijo en una entrevista que "quizás algún día postule a la Presidencia", pero pareció más una broma, y su acto más político fue cuando se retiró de la organización de lobby de Silicon Valley fundada por Mark Zuckerberg, FWD.us, luego que esta respaldara la construcción del gasoducto Keystone. "No deberíamos rendirnos a la política. Si lo hacemos, obtendremos el sistema político que merecemos", dijo entonces el empresario, que, en términos de donaciones, suele repartir salomónicamente los aportes, que no son tan cuantiosos. Por ello también la sorpresa por su acercamiento a Trump. Algunos sospechan que se debió a la influencia de su amigo Peter Thiel, cofundador de PayPal, que apoyó abiertamente al republicano. Otros especulan que Musk solo tiene interés empresarial y busca contrarrestar personalmente una campaña impulsada por un grupo de derecha proTrump, Citizens for the Republic, llamada "Stop Elon From Failing Again" ("Detengan a Elon de un nuevo fracaso"), en la que lo acusan de ser un "fraude" y critican con información maliciosa los supuestos miles de millones de dólares con los que se beneficiarían sus compañías por subsidios y exenciones impositivas. La perspectiva de que el gobierno de Trump derrumbe las empresas de Musk ya ha sido considerada por los inversionistas, con una caída del 20% en las acciones de Tesla después de su elección. No obstante, Musk ha dicho que no se verán perjudicados, ya que por ahora se trata de productos de lujo (los subsidios no tienen mayor impacto en los consumidores) y el esperado aumento del precio del petróleo volverá a hacer atractivos los vehículos eléctricos. Trump, por otra parte, podría tener algunas coincidencias con Musk, después de todo. Al convocarlo como asesor, el Presidente electo parece haberle hecho caso a Andrew Sorkin, de The New York Times, quien solo días antes del anuncio publicó un artículo titulado "¿Quiere traer de vuelta los trabajos, Presidente Trump? Llame a Musk", en el que destacaba cómo sus empresas habían creado 35 mil empleos en EE.UU. y el 95% de las partes de los autos Tesla eran hechos en el país, a diferencia de Ford, GM o Chrysler, que fabrican en México. ¿Y la colonización de Marte? No hay ninguna claridad al respecto, pero ciertamente cualquier viaje interplanetario hoy debe hacer una escala previa en la Torre Trump. Musk, al menos, tiene paciencia: "Me gustaría morir en Marte", ha dicho. "Aunque no en el impacto".