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Entrevista Ciudadanía: el secreto del poder romano:

Mary Beard y la herencia viva de la Antigüedad

sábado, 31 de diciembre de 2016

Juan Rodríguez M.
Artes y Letras
El Mercurio

Esta historiadora inglesa lleva cincuenta años estudiando a la pequeña y ordinaria aldea junto al río Tíber, que devino en una potencia tricontinental. "SPQR. Una historia de la antigua Roma" es la culminación de ese trabajo, un relato sobre la revolución política que explica ese devenir y, de alguna manera, también a nosotros. El libro es éxito de ventas en España.



Su interés por las culturas antiguas despertó a los cinco años, cuando su madre la llevó al Museo Británico. Ya adolescente, los restos de aldeas romanas en Inglaterra llevaron su interés hacia ese pequeño pueblo junto al río Tíber que llegó a ser la mayor potencia del mundo. Mary Beard (Shropshire, Reino Unido, 1955) es una de las mayores especialistas y divulgadores de la antigua Roma, y aunque reconoce lo muy "ordinarias" que son esas aldeas, dice mediante un correo electrónico que "siempre hay algo excitante en ver algo de los romanos en el suelo bajo tus pies".

Tan excitante, que esta académica de la Universidad de Cambridge se ha pasado buena parte de los últimos cincuenta años estudiando a la Roma que va desde el origen mítico de la ciudad en el siglo VIII a. C., con Rómulo y Remo, hasta la segunda centuria de nuestra era: ha aprendido sus lenguas, ha leído mucho de su literatura y de los artículos y libros que se han escrito sobre ella; ha estudiado las palabras que esculpieron en la piedra, ha excavado yacimientos en la Britania romana; también ha sido una turista más en el Coliseo y dejó que sus hijos se fotografiaran junto con los falsos gladiadores, además de comprarles cascos plásticos, y decirles -cerrando los ojos ante las brutalidades modernas- que hoy los seres humanos no hacemos cosas tan crueles como las que se hacían en el Coliseo. "Para mí, igual que para cualquier otra persona, los romanos no son solo tema de historia e investigación sino también de imaginación y fantasía, horror y diversión", escribe en "SPQR. Una historia de la antigua Roma" (Crítica), su trabajo más reciente, publicado este año en inglés y español, y el fruto de esa labor de medio siglo.

Beard es una connotada clasicista no solo por sus conocimientos, sino que también porque sabe contarlos. Así lo prueban su trabajo periodístico (recogido en el volumen "La herencia viva de los clásicos", con el que ganó el premio literario que entrega el círculo de críticos estadounidenses), su rol como editora en The Times Literary Supplement y su blog A Don's Life. También su trabajo en televisión para la BBC, entre ellos la serie documental "Meet the Romans with Mary Beard" (conoce a los romanos, con Mary Beard), escrita y presentada por ella; y, por supuesto, libros como "The Parthenon", "El triunfo romano", "Pompeya", "Laughter in Ancient Rome" (la risa en la antigua Roma).

-Complete la siguiente oración: un académico incapaz de transmitir sus conocimientos, de llegar al público fuera de la academia...

"... está perdiéndose parte de la diversión".

El Senado y el pueblo

El acrónimo SPQR recoge una famosa frase romana: Senatus Populus Que Romanus , o sea, "El senado y el pueblo romano". La historia del mundo contenido en esa frase es la que cuenta Beard, o más precisamente "la cuestión de cómo pudo una diminuta e insignificante aldea del centro de Italia convertirse en una potencia que dominó un territorio tan extenso en tres continentes".

-¿Quién es el pueblo en la expresión SPQR?

"Básicamente, cualquiera que no fuera parte de la élite política, tanto los ricos como los pobres. En el libro intento mostrar que el poder del pueblo en Roma era importante, a pesar de que, en algunos aspectos, la élite controlaba las cosas. Hay una anécdota maravillosa sobre un aristócrata romano que estaba haciendo campaña e insulta a un miembro del pueblo: estrechó las manos ásperas del hombre y dijo: '¿Acaso caminas con las manos?, son muy ásperas'... Y perdió la elección. Algo muestra la anécdota sobre el poder popular".

-¿Por qué dice que la expansión de Roma es un enigma? ¿Qué tenían de especial los romanos?

"La gente está demasiado interesada en la pregunta de por qué cayó el Imperio Romano, ¡y no lo suficiente en por qué floreció! Para mí la gran pregunta es por qué una aldea muy ordinaria junto al Tíber llegó a ser tan extraordinaria. No era más belicosa que cualquier otra, ni más eficiente".

-¿Por qué entonces?

"Tuvo que ver con las ideas expansionistas de ciudadanía".

Una República imperial

Parte del mito de origen de Roma cuenta que Rómulo, el padre fundador, solo logró establecer la nueva ciudad ofreciendo la ciudadanía a todos quienes llegaran a ella. O sea, convirtiendo a los extranjeros en romanos. Es una leyenda, como el propio Rómulo, pero dice mucho de la visión que tenían los romanos de sí mismos; al fin y al cabo, los mitos son muchas veces, si no siempre, una suerte de confirmación retroactiva de lo que somos hoy (o al menos de lo que nos gustaría ser).

La República de Roma -esa de elecciones, cónsules, senadores y un ejército de legionarios- se construyó aproximadamente en el período que va del año 500 al 300 a. C. Antes de eso está el tiempo de los reyes, la monarquía, un pasado todavía mítico que el imaginario romano identificaba con la opresión; y por ello su fin era tanto como el comienzo de la libertad. En su libro, Beard dice que durante la construcción de esta nueva época, los romanos no solo definieron los principios de la política y las libertades republicanas, sino que desarrollaron los supuestos, estructuras y una manera de hacer las cosas que sustentaron la futura expansión imperial. "Esto implicaba una formulación revolucionaria de lo que significa ser romano, que definió sus ideas de ciudadanía durante siglos", escribe Beard.

Fue un "gran salto hacia adelante" que los escritores romanos relataron como una serie de conflictos sociales entre una élite hereditaria de "patricios" que monopolizaba el poder, y la masa de plebeyos excluidos. Estos, a través de huelgas y amotinamientos, gradualmente consiguieron "la libertad de compartir el poder en términos, más o menos, de igualdad con los patricios". Se trata de un relato dramatizado, embellecido incluso, que también cuenta la expansión romana en la península itálica entre el 396 y 280 a. C. y, por tanto, de la ciudadanía. Un estatus que se otorgó a algunos de los derrotados (los latinos, por ejemplo) y que dependiendo de si uno era vencedor o vencido puede interpretarse como un gesto de generosidad u opresión. Como sea, lo cierto es que esta concesión fue una etapa crucial en la "cambiante definición" de lo que significaba ser romano.

Extranjeros hostiles

A veces se entregaba la ciudadanía con plenos derechos, entre ellos los de votar y presentarse a las elecciones romanas; también existía la civitas sine suffragio o ciudadanía sin derecho a voto; y a algunos asentamientos se los llamaba colonias, no en el sentido moderno de la palabra, sino que entendidas como ciudades nuevas o expandidas, con una mezcla de población local y de colonos de Roma: unos pocos eran ciudadanos, y la mayoría tenía los llamados "derechos latinos", como el matrimonio mixto con los romanos, el derecho de hacer contratos o el libre movimiento.

Quienes tenían estos estatutos dejaban de ser hostis , es decir, extranjeros, que es la misma palabra que los romanos usaban para "enemigos" (de ahí viene "hostil"). Un gesto -más guiado por las circunstancias que por algún plan- con una implicación revolucionaria de la que, dice Beard, nosotros somos herederos: al extender la ciudadanía a pueblos que no tenían lazos territoriales con la ciudad de Roma se rompió el vínculo -"que la mayoría de personas del mundo antiguo daba por sentado"- entre ciudadanía y una sola ciudad. O sea, los habitantes de la península itálica podían ser ciudadanos de dos lugares, de Roma y de su ciudad natal; y la palabra "latino" dejó de representar una identidad étnica y se convirtió en un estatus político "sin relación alguna con la raza ni con la geografía", se lee en el libro. "Este modelo se extendió poco después a territorios de ultramar y finalmente apuntaló al Imperio Romano".

Iguales, pero no tanto

Beard sigue su historia con la expansión de Roma, con el fin del gobierno republicano y el surgimiento de los emperadores (Julio César, Octavio, Nerón, Claudio, etcétera); y todas las intrigas, aventuras y desventuras que construyeron ese cuento. Y lo cierra en el año 212 d. C., durante el gobierno del emperador Caracalla, quien convirtió en ciudadanos a todas las personas libres del imperio, desde Escocia hasta Siria. "Termino ahí porque me parece que fue el final del último proyecto romano de extender la ciudadanía a los extranjeros", explica Beard. La decisión eliminó "de un plumazo" la diferencia legal entre gobernantes y gobernados. Fue la culminación de un proceso de mil años -desde Rómulo- y probablemente la mayor concesión de ciudadanía de la historia.

Lo que viene después es una nueva era, pero no una de paz y multiculturalidad. Si la barrera de privilegios había sido hasta entonces la ciudadanía (gracias a que era romano, Pablo tuvo el 'derecho' de ser decapitado; no así Pedro, a quien crucificaron), durante el siglo III d. C. la desigualdad de derechos se construyó a partir de la distinción entre los honestiories ("los más honorables", la élite enriquecida y los soldados veteranos) y los humiliores ("la clase más baja"). Todos eran ciudadanos, pero, por ejemplo, solo los primeros estaban libres de castigos crueles como la crucifixión. "La nueva frontera entre autóctonos y forasteros seguía la línea de la riqueza, la clase y el estatus".

-¿Cuáles es el mayor mito sobre Roma?

"Que fueron una gran máquina militar invencible... A menudo perdían batallas, pero tenían tales recursos humanos que rara vez perdían guerras".

-¿Qué le parece la imagen de Roma que transmiten películas como "Ben Hur" o "Gladiador"; y series como "Yo, Claudio"?

"Algunas son brillantes. 'Gladiador' realmente recreó el Coliseo brillantemente, y la naturaleza de las batallas en la frontera norte. 'Yo, Claudio' capturó la atmósfera venenosa de la corte. Es una ficción, pero reveladora.

-¿Y la que nos muestra "Astérix"?

"Es maravillosamente romántica. Captura todo lo que nos gustaría imaginar sobre los galos, pero es terriblemente engañosa. Me temo que eran tan brutales como los romanos, aunque la fuerza de la maquinaria militar romana los aniquiló (fue casi un genocidio)".

-Todavía decimos "bacanal" para referirnos a una gran fiesta. ¿Eran tan apoteósicas las fiestas romanas?

"Para algunos pocos, tal vez. Pero la gran mayoría de la población no comía nada por el estilo. Estaban hambrientos o comían alimentos simples en los locales de comida para llevar".

-¿Cuáles son los descubrimientos más novedosos sobre Roma?

"Los descubrimientos más interesantes nos cuentan sobre la gente común y sus historias. A partir de los dientes de los esqueletos romanos, los científicos pueden decir más o menos (no exactamente) dónde crecieron. Gracias a eso podemos estimar que alrededor del 20% de la población urbana de la Bretania Romana (una provincia de ultramar) creció en algún lugar con un clima muy diferente. Eso sugiere un nivel muy alto de migración".

-¿Qué puede aprender de Roma la Europa del Brexit, de la crisis migratoria, de los atentados terroristas, de los indignados? ¿Y el Estados Unidos de Donald Trump?

"No creo que debamos buscar un aprendizaje directo, pero Roma nos da el ejemplo de una cultura que hizo las cosas de manera diferente... y siempre podemos aprender de la diferencia".

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