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Las siete claves de la U. de Harvard para criar hijos éticos y preocupados por el resto

domingo, 04 de diciembre de 2016

AMALIA TORRES
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

Motivarlos a trabajar con los demás, enseñarles a reconocer sus estados de ánimo, pero también que los padres admitan cuando se equivocan, son algunos ejemplos prácticos que entregan los expertos.



"Mis padres están más orgullosos si obtengo buenas notas que si soy un miembro preocupado de la comunidad".

Luego de entrevistar a 10 mil jóvenes, de entre 13 y 19 años, en diferentes colegios de Estados Unidos, un grupo de expertos de Harvard concluyó que hay tres veces más estudiantes que están de acuerdo con esa afirmación que los que están en desacuerdo con ella.

Además, vieron que el 80% de los alumnos reconoce que el logro o la felicidad es su prioridad, y que solo el 20% menciona ayudar a otros como su objetivo primordial.

"Estos resultados fueron el impulso para empezar a desarrollar recursos para criar niños preocupados por los demás", dice a "El Mercurio" Alison Cashin, directora del proyecto Making Caring Common, de la Universidad de Harvard, encargado de realizar este y otros estudios sobre el tema.

"En nuestra investigación había una diferencia entre lo que los padres nos decían que valoraban en sus hijos -como la preocupación por los demás- y lo que los niños percibían que sus padres valoraban -los logros-. Es muy importante que los padres se den cuenta de que quizás de una forma no intencional están mandando un mensaje a sus hijos que puede socavar sus buenas intenciones".

Para evitar esta paradoja crearon siete puntos que sirven de guía durante la crianza. El primero es "Trabajar por desarrollar relaciones preocupadas y amorosas con los hijos". "Los niños aprenden sobre el respeto y el estar preocupados por el resto cuando son tratados de esa forma", se lee en la guía creada por Harvard. Para ello, algunas ideas que entregan los especialistas son pasar tiempo juntos, ya sea leyendo cuentos antes de dormir o compartiendo una mañana al mes con cada hijo, haciendo algo que ambos disfruten.

Tener "conversaciones significativas" para entender qué siente el niño, también es buena idea. "¿Cuál fue la mejor parte de tu día? ¿Y la más difícil? ¿Qué cosa buena hizo hoy alguien por ti? ¿Y tú por otra persona?" son algunos ejemplos.

"Ser un fuerte modelo moral y un mentor" es el segundo punto. "Más de la mitad del comportamiento moral se aprende por modelaje, no por sermones", coincide Isidora Mena, directora ejecutiva de Valoras UC, un programa de convivencia escolar de la Escuela de Psicología de esa casa de estudios.

Aquí, la humildad y la honestidad son básicas, por eso los padres deben dar el ejemplo pidiendo disculpas si se equivocan con sus hijos y explicándoles cómo esperan evitar ese error la próxima vez.

En el punto tres se lee: "Hacer que el cuidado de los demás sea primordial y establecer altas expectativas éticas". "Es muy importante que los niños escuchen a sus padres decir que el resto es una prioridad tan importante como su propia felicidad", subraya la guía. Para ello hay que mostrarles la importancia de cumplir con los compromisos (decirle, por ejemplo, que considere sus obligaciones con el equipo de fútbol antes de permitirle renunciar) y la importancia de hacer lo correcto, aunque sea difícil. En el caso de los papás, cuando hablen con los profesores, en vez de solo preguntarles por las notas de los hijos, también interesarse por si es un buen miembro de la sociedad.

Dar las gracias

"Darles oportunidades a los niños para preocuparse por los demás y desarrollar la gratitud" -ayudando de forma constante en la casa, por ejemplo, y dando las gracias en las acciones diarias- y "ampliar el círculo de preocupación del hijo" -alentándolo a considerar los sentimientos de un nuevo alumno o usando las noticias para empezar conversaciones sobre las realidades de niños en otros países- son los puntos cuatro y cinco.

El punto seis se trata de "promover el pensamiento ético y ser creadores de cambios positivos en su comunidad" -motivándolos, por ejemplo, a trabajar con otros, no solo para otros-, y el siete, "ayudarlos a desarrollar el autocontrol y un efectivo manejo emocional".

"Todo está muy en la línea con lo que trabajamos en Valoras, solo que en vez de hablar de autocontrol y manejo emocional, hablamos de modulación emocional, porque más que controlar las emociones, hay que conocer y saber qué hacer con ellas, y pensar antes de actuar. O sea, usarlas como fuente de información y validarlas, pero no actuar desde las emociones", dice Mena.

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