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El trigo 2.0 que requiere la industria

lunes, 05 de diciembre de 2016

Arnaldo Guerra Martínez
Reportaje
El Mercurio

El desafío que tienen los productores es vincularse con la industria para producir lo que la demanda requiere. El sector salmonero aparece como uno de los objetivos avanzando en variedades específicas e inocuidad.



"El precio del trigo está realmente bajo... Está al límite de la capacidad de producción", opina el agricultor Ricardo Montesinos.

No obstante, Montesinos cree, según los datos disponibles, que la situación del cereal podría mejorar, claro que no en la actual campaña que ya está jugada.

"Por las informaciones que hay, los precios deberían ser más o menos similares a los de la temporada pasada", dice. Aunque aclara que hay precios distintos de Santiago al sur; estos podrían moverse entre 14 mil y 15 mil pesos el quintal en el sur y 15 mil pesos o más en Santiago. Son números que obligan a tener altos rendimientos, de lo contrario los productores se van a ver muy complicados. Montesinos aclara que en Chile hay condiciones de producción muy distintas según la zona, pero los costos actuales del cultivo están entre 60 y 80 quintales por hectárea, y el rendimiento promedio de la última temporada fueron 60,7 quintales por hectárea.

Pero no solo los rindes y el precio son desafíos para el productor triguero. Otro tema central es la necesidad de que los agricultores cambien el switch de cómo vienen enfrentando su actividad y se vinculen más con la demanda, especializándose en productos más acordes con lo que requiere la industria, lo que no solo va por el lado de la elaboración de los distintos tipos de pan y pastas, sino que abarca, incluso, la línea de la alimentación de salmones, todo lo cual se involucra también con los temas de inocuidad y trazabilidad. Esto quedó claro en el "Encuentro de los productores de granos", realizado recientemente en el marco de la feria SAGO Fisur, en el que participó como organizador Ricardo Montesinos, en su calidad de director de la Sociedad Agrícola de Osorno.

La industria del pan

Una forma de mirar el problema es respecto de las panaderías, que están en plena etapa de modernización, y que es una panadería 2.0 que se entiende a sí misma como una industria de pan, planteó Pablo Avendaño, gerente general de la Sociedad Industrial Kunstmann, en el seminario de la SAGO Fisur.

Y una industria de ese tipo requiere de los agricultores y molinería un producto inocuo, agrega Avendaño, lo cual lleva a conceptos como las buenas prácticas agrícolas y más aún, a la seguridad alimentaria y food defense, que se refiere a poder identificar, vigilar y mitigar posibles fuentes de contaminación intencionada de alimentos.

"Eso nos obliga como procesadores de alimentos a incluir al productor dentro de la cadena, en una relación de confianza, porque él es la clave de la inocuidad y así lo hemos hecho como Molinos Kunstmann. La industria demanda productores que estén dentro de este paradigma", señaló Avendaño.

Por ello, planteó que la empresa, propietaria de los molinos Collico y La Unión y una de las tres mayores productoras de harina del país, continuará con su política de solo trabajar con trigo nacional, como única manera de asegurar la trazabilidad de la materia prima. "Eso refuerza la necesidad de un compromiso y de un trabajo de largo plazo en la búsqueda del bienestar mutuo. Una cadena sana requiere de un esfuerzo de todos sus integrantes", destacó en su presentación.

Otro elemento clave que discutió fue que los productores de materia prima deben entender que los diferentes productos que exigen los clientes demandan distintos tipos de trigo, lo cual involucra la elección de genética y recomendaciones de siembra y semillas especiales para cada variedad.

Avendaño reivindicó al pan como alimento sano, a diferencia de cómo se le miró durante la tramitación de la Ley de Etiquetado, y mostró optimismo por el futuro del trigo como cultivo de gran proyección.

Con asociatividad se puede

Así, lo que antes era un simple trigo cosechado, hoy debe ser mirado como mucho más que eso, porque son varios los rubros que están requiriendo productos más específicos.

"La visión tradicional es producir trigo nada más y que alguien lo compre, sin entender que ese poder comprador finalmente va a usarlo para hacer un pan, o un producto industrial o para alimentar salmones u otro tipo de subproductos, y dentro de eso, el agricultor hasta ahora tiene un rol muy pasivo y los consumidores están tendiendo a sustituir lo que requieren con trigo importado, en desmedro de productos que podrían generar los agricultores chilenos", plantea el economista agrario Benjamín Abarca, consultor de PBB Chile.

Abarca hace un llamado a los agricultores a asociarse, como fórmula para enfrentar los nuevos desafíos, porque un agricultor solo no puede cumplir con todos los estándares que exige hoy una industria profesional o más desarrollada.

De ahí plantea que habría que mirar con nuevos ojos a la industria salmonera que, aunque ha tenido períodos muy buenos y otros en que la producción ha sido casi cero, actualmente ocupa en la alimentación de salmones aproximadamente el 5% del consumo total de trigo en Chile, que supera los dos millones de toneladas anuales.

La asociatividad sería la manera de llevar a la práctica este desafío.

"Todas las empresas que están trabajando con productos mucho más sofisticados exigen una serie de requisitos que hoy un agricultor no puede cumplir solo. Hay una serie de procesos, de almacenaje, de financiamiento, de asistencia comercial de hacer las ventas, que hoy el agricultor no hace porque está acostumbrado a entregar su trigo a un comprador y nada más. Y todo partiendo por el tipo de trigo y por todo lo comercial, porque las salmoneras muchas veces compran con derivados financieros asociados. Hoy nadie hace una venta grande a un precio fijo, todas van asociadas a una bolsa, y eso hoy el agricultor no lo puede hacer. Y lo único que le queda es generar sociedades para poder, entre varios, entregar un producto que sea acorde a las necesidades y, segundo, que los servicios asociados a este producto sean los que está exigiendo la industria", opina Abarca.

En este caso, no se trata de contrato a la siembra, sino contrato a la producción ya realizada.

"O sea, un agricultor cosechó mil toneladas de trigo y su vecino otras 1.500 y entre ambos tienen un producto con las condiciones que exige el cliente. Ahí se hace un contrato y se entrega de manera diferida, porque la mayoría de los consumidores de trigo en Chile no son consumidores spot, por así decirlo, o estacionales, sino que todos los días del año consumen lo mismo. Y en la otra vereda está el agricultor que cosecha solamente en un mes del año", dice Abarca.

Entonces, los instrumentos asociados van para cubrir un poco los riesgos de precios. Como los salmones, las pastas, el molino o la persona que sea va a consumir trigo durante todo el año, ellos hacen un contrato en un dia equis del año, y como no pueden asegurar ese precio el resto del año, este queda cubierto por si sube o si baja, y para eso se usan los derivados, que son principalmente futuros y/u opciones para cubrir los riesgos.

Abarca cree que la tarea hoy es de los productores que se han quedado un poco atrás.

"La industria se ha sofisticado mucho; hay mucho trigo de especialidad y los productores chilenos no le están sacando el jugo o el provecho a su producto, porque siguen produciendo de la misma manera que se hacía hace muchos años, que era hacer un trigo que después llegaba a una planta de recepción del poder comprador y que este después lo separaba en trigo fuerte, débil o intermedio, siendo que hay muchos otros parámetros para dividirlo", destaca.

Capacidad de producir

Ricardo Montesinos, director de la SAGO, concuerda en que es necesario un acercamiento entre las partes para poder estar más cerca de lo que realmente necesita la industria. En el fondo, tratar de producir lo que el cliente necesita.

Destacó lo anunciado por Molino Collico de mantener la decisión de seguir comprando solo trigo nacional ante las nuevas exigencias de inocuidad y por la necesidad de tener trazabilidad en su producto.

"Ellos mantienen su posición de comprar, porque ven que en el sur de Chile existe el potencial de obtener las materias primas que necesitan para su producción; las calidades, la trazabilidad, la inocuidad, absolutamente todo. Ellos confían plenamente en los productores nacionales, porque han demostrado que sí tenemos la posibilidad y la capacidad de producir lo que se necesita y en las calidades que se necesita", señala.

También considera que el producto nacional es competitivo respecto del importado.

"Sí, eso es así; de hecho, hay algunas salmoneras que compran en Chile, no todas importan y la idea desde el punto de vista de los productores es obtener que más empresas se abastezcan en Chile y ese es un desafío que tenemos que tomar los agricultores", señala.

De cómo llevarlo a la práctica, Montesinos considera que lo primero es conocer lo que necesitan los clientes para ver la forma de abastecerlos con calidad de producto. Para eso hay que acercarse a la industria para ver qué está buscando.

"No necesariamente contratos, pero sí un acercamiento. La agricultura por contrato es lo ideal, pero puede ser un objetivo, tratar de llegar a eso, pero existe toda la posibilidad de producir, porque lo que los salmoneros necesitan, que es calidad e inocuidad, somos capaces de producirlo", dice.

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