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Tendencia en Chile

Activistas por las ciencias

martes, 22 de noviembre de 2016

Por Muriel Alarcón. Foto: Sergio alfonso lópez
Crónica
El Mercurio

Académicas, alumnas y profesionales de las ciencias han formado cofradías para dar la pelea a la brecha de género. Una tendencia que partió en Estados Unidos hace una década y que en los últimos años ha permitido a chilenas, en rubros masculinizados, importantes conquistas.



 La conversación comenzó por correos electrónicos en 2010. Fue una instancia de desahogo para una veintena de profesoras de la Universidad de Chile, provenientes de departamentos tan diversos como Ingeniería Química y Biotecnología, Ciencias de la Computación, Matemáticas y Astronomía. Todas se sentían disconformes por la brecha de género existente en sus áreas. Un problema que veían tanto en instancias académicas como estudiantiles.

Fue, entonces, que estas académicas decidieron armar una agrupación. La bautizaron "Adelina Gutiérrez", en honor a la primera profesora contratada por esa facultad, pionera de la astrofísica en los cincuenta. Hoy sus poco más de veinte integrantes se comunican permanentemente, intercambiándose correos -algo así como un foro privado- y, de vez en cuando, tienen reuniones presenciales.

Sin buscarlo "Adelina Gutiérrez" se convirtió en una agrupación femenina pionera en Chile.

El surgimiento de colectivos integrados por mujeres provenientes de las carreras del espectro "STEM" -la sigla que se ocupa para resumir las ciencias, las tecnologías, las ingenierías y las matemáticas- es una tendencia instalada en lugares como Estados Unidos desde la década pasada, pero en nuestro país solo se ha replicado en los últimos años. Surgieron como respuesta a la poca representación femenina en carreras altamente masculinizadas. Fueron impulsadas, inconscientemente, por la cada vez más común profesionalización de académicas en el extranjero, quienes entendieron que la brecha de género es un asunto global y que para erradicarla era necesario visibilizar las desigualdades. Organizarse.

En Chile, hay colectivos de ingenierías, de tecnología, de matemáticas y de computación. No hay una instancia superior que los agrupe ni que los dirija. No hay claridad de cuántos hay. Lo único que se sabe es que cada vez son más. Las integrantes de estos grupos hacen "activismo" a su manera, y desde el lugar donde estudian o trabajan. Algunos están conformados exclusivamente por académicas. Otros por estudiantes. Hay mixtos. 

Un rasgo común es que se dedican a crear redes de contacto y/o alianzas de trabajo, a levantar datos, evidencia e indicadores y divulgarlos, a visibilizar a mujeres. Son distintos en sus visiones, en su experiencia y en la disciplina que ejercen. Está, por ejemplo, el "Colectivo de mujeres matemáticas", integrado por académicas de esa área de distintas universidades. O "Mujeres Ingeniería UC", cuya coordinadora general es una estudiante. Esta organización convoca a alumnas secundarias y a estudiantes que cursan la carrera.

Todos quieren desmitificar disciplinas históricamente masculinizadas. Erradicar los estereotipos negativos que desalientan a las mujeres a desarrollarse en estas áreas. Su cruzada, explican sus participantes, está basada en datos duros: levantar evidencia cualitativa y cuantitativa sobre las trayectorias laborales exitosas. Buscan, así, derribar mitos como el del "mal del impostor": un fenómeno psicológico, difundido en el mundo académico y, en especial, entre estudiantes de posgrado. Esta alteración, que ha sido estudiada en mujeres, dice que ellas, en esta posición son -más que los hombres- incapaces de internalizar sus logros.
 
Los inicios

Laura Gallardo, profesora asociada del departamento de geofísica de la Universidad de Chile, recuerda las primeras reuniones del colectivo "Adelina Gutiérrez". En ellas compartían material sobre lo que estaba circulando, en el mundo, de la literatura sobre discriminación de género. Entonces redactaron una carta al decanato, planteando lo que hoy difunden como su cruzada: que si la Universidad de Chile quería seguir estando en la vanguardia no podía "perder inteligencia perdiendo diversidad". Y que no bastaba con entender que ahí se tenía igualdad de género solo por asignar sueldos de acuerdo con el rango académico y no al sexo.

La brecha de género ahí era real. Y se podía ver en varios ejemplos, como que las comisiones académicas a cargo de evaluar el rendimiento de profesores y profesoras estaban constituidas solo por hombres. O que existía la sensación generalizada entre las estudiantes secundarias de que si ingresaban a alguna de las carreras del espectro de las ingenierías serían aisladas. Por lo mismo, teniendo el puntaje, muchas no se atrevían a postular.

Seis años después las cosas son distintas. Existe una comisión de género con hombres y mujeres representados. También un programa de integración que permite a 40 alumnas ingresar adicionalmente a la carrera una vez hecho el corte por puntaje: esta medida ha elevado el histórico quince por ciento de matrícula femenina al veintisiete.

-Fuimos capaces de formalizar una red y potenciamos lo que cada una de nosotras estaba pensando -dice Laura Gallardo-. Probablemente algunas de estas inquietudes también estaban presentes en colegas de generaciones anteriores, pero, claro, ahí no eran 20 entre 200, era una entre 200. Eso cambió.

Esa proporción se mantiene, por ejemplo, en la generación de Valeria Farias, estudiante de Ingeniería Civil de industrias en la Universidad Católica. Ella es la coordinadora general de la agrupación "Mujeres Ingeniería UC", un colectivo que nació como iniciativa de la Dirección de Responsabilidad Social de esa universidad hace poco más de tres años. La idea era atraer más talentos femeninos a la escuela, potenciar ingenieras destacadas y generar comunidad entre alumnas y ex alumnas.

-Estas organizaciones son vistas muchas veces como una "discriminación positiva" pero es necesario hacerlo. Hoy las cifras de mujeres que estudian alguna carrera STEM son muy bajas y hay diversos factores que influyen en que las mujeres no elijan carreras de "ciencias duras". Principalmente, los estereotipos y prejuicios negativos que se imponen en la sociedad -dice Farias.

"Mujeres Ingeniería UC" no se queda encapsulada en la universidad. Se dirige a estudiantes de tercero y cuarto medio. Organizan actividades, hacen alianzas, divulgan talleres, ponencias, foros y organizan el Encuentro Anual de Ingenieras UC Destacadas.

-Los estereotipos y prejuicios se van haciendo parte de nuestra vida y van construyendo nuestra identidad social. Generan barreras internas en las mujeres: provocan que se sientan menos seguras de sus habilidades y capacidades. El factor socio-cultural es clave para nuestras expectativas y elecciones a lo largo de nuestra vida y es por esto que es fundamental tomar acciones concretas y cambiar este paradigma social -dice Valeria Farias.

Fueron estas mismas motivaciones las que movieron a un grupo de académicas de diferentes universidades dedicadas a las matemáticas a conformar el "Colectivo de mujeres matemáticas", una agrupación horizontal, sin jerarquías. Varias de sus integrantes se conocieron en Corea, en el Congreso Internacional de Mujeres Matemáticas de 2014. María Isabel Cortez, académica del Departamento de Matemáticas de la Usach, una de sus fundadoras, recuerda que primero partieron siendo un grupo cerrado en Facebook, en el que compartían artículos acerca de experiencias comunes. Al poco tiempo entendieron que había que hacer actividades más orientadas hacia la comunidad, como los ciclos de charlas para colegios.

 -Si no se muestra o no se dice que hay un problema, todo se asume como natural. Se naturaliza el hecho de que pocas mujeres se desempeñen en las carreras STEM o de que no tengan buen rendimiento en matemáticas a nivel escolar. Se asume fácilmente que solo es un problema de interés, sin reparar que puede ser producto de algo más complejo -dice María Isabel Cortez.

Mariel Sáez, directora del departamento de Matemáticas UC e integrante de este colectivo, reconoce las recompensas.
-Algunas sensaciones que tenía desde hace tiempo son comunes a muchas mujeres que están en el área de matemáticas. Eso me ha ayudado a sentirme más cómoda en mi posición y a crear redes de apoyo. También es gratificante pensar que esto podría contribuir a que jóvenes que se sientan inseguras o inseguros se sientan apoyados y se decidan a seguir carreras científicas.

Estas mismas razones motivaron, este año, la creación del Observatorio de género en ciencia e ingeniería de la Universidad Técnica Federico Santa María (UTFSM), una instancia académica en la que participan doce profesionales de disciplinas tan diversas como Psicología y Filosofía -aquí también hay varios hombres- y que funciona en el campus central de la UTFSM, en Valparaíso. Hacen públicas "observaciones" -así les llaman- sobre la participación de mujeres de su universidad, en la ingeniería y ciencia, en Chile y el mundo. Aunque el número de mujeres graduándose de su institución ha crecido las últimas cuatro décadas, ahí han observado que el aumento se ha estancado en los últimos años. Esto porque si al principio de su medición ese número se iba doblando cada cinco años, desde el 2006 la tasa de crecimiento se ha estancado en un tercio.

-Esto significa que las brechas de género en graduación en ingeniería se perpetuarán bajo las actuales condiciones. Necesitamos acciones claras con el propósito de hacerlas desaparecer -dice una de sus fundadoras, Claudia López, académica del Departamento de Informática de la UFST.
 
Alianzas estratégicas 

Hay varios colectivos unidos entre sí. Incluso, académicas que pertenecen a más de un grupo. Algunas están en "Girls in tech", una organización que identifica, conecta y da visibilidad a mujeres "tech".

-Como fundación podemos contribuir a que esa expertise técnica sea llevada a una mayor escala y podamos impactar a un número de gente interesante. Ahí se logra una alianza interesante -dice Maitetxu Larraechea, directora de "Girls in tech".

La ingeniera civil en computación Jocelyn Simmonds sabe del tema. Esta profesora asistente del Departamento de Ciencia de la Computación de la Universidad de Chile es conocida por apoyar la difusión de las ciencias y talleres de programación. También integra "Girls in tech" y la agrupación "Adelina Gutiérrez"  de la Universidad de Chile.

Jocelyn Simmonds también fue una de las fundadoras de "ChileWiC" (Chile Women in Computing o, en español, "Mujeres en Computación Chile"), una agrupación donde participan académicas de varias universidades dedicadas a la investigación en este ámbito. "ChileWiC" se formó después de que ella, junto a las también ingenieras civiles en computación Valeria Herskovic y Bárbara Poblete asistieran, en 2011, a la conferencia "Grace Hopper Celebration of Women in Computing" en Estados Unidos.

En la actualidad, Bárbara Poblete, Valeria Herskovic y Claudia López, de la UFST, realizan un encuentro anual de mujeres en computación que se llama "ChileWiC".

Bárbara Poblete, de la Universidad de Chile, dice:
-Sin este tipo de activismo las cosas no cambian. No han cambiado en décadas y perdemos mucho talento. Grandes aportes de mujeres en ciencias pasan inadvertidos y desaparecen.

Valeria Herskovic, de la Universidad Católica, agrega:

-Formar redes y conocernos sirve para entender que las experiencias en muchos casos son comunes y compartidas y que no solo le pasan a una, y así ayudar a retener a las mujeres que estudian y trabajan en computación.

 Jocelyn Simmonds dejó esta agrupación para traer "Latinity" (Latin American Women in Technology) a Chile, una conferencia con invitadas del continente, que permite a estudiantes reunirse con mujeres de la industria con trayectorias laborales exitosas.

-A medida que aumenta la conversación sobre el tema, aumenta la conciencia de que hay costumbres y prácticas que no son correctas, y que podemos trabajar para cambiarlas.

 

"Estas inquietudes
estaban presentes en generaciones anteriores, pero ahí no eran 20 entre 200, era una entre 200. Eso cambió", dice Laura Gallardo.

"Sin activis-mo las cosas no cambian. No han cambiado en décadas y perdemos mucho talento. Grandes aportes de mujeres", dice Bárbara Poblete.

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