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Del fin de la vida, del dolor y funerales se habló en el primer "Café de la Muerte" en Chile

lunes, 14 de noviembre de 2016

Andrea Manuschevich
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

El objetivo de este tipo de eventos es poder conversar en un ambiente libre y relajado de temas relacionados con la muerte, que para muchos sigue siendo un tabú.



De a uno comienzan a llegar los comensales, se acercan algo tímidos, sin entender mucho a qué vienen. Fueron invitados al primer "Café de la Muerte" en Chile, que reunió a un grupo de diez personas, de distintas disciplinas y desconocidos entre sí, en el restaurante La Diana, la noche del jueves pasado.

Una vez ya en la mesa, Matías Reeves (32), uno de los organizadores del evento, decide relajar el ambiente: "Una de estas copas de vino que tienen enfrente está envenenada. Bienvenidos al Café de la Muerte", dice, y el grupo responde con carcajadas.

Por más raro que suene, la idea de organizar este tipo de reuniones es poner sobre la mesa el tema de la muerte, que para muchos es incómodo, desagradable y hasta de mal gusto. "No se trata de una charla, sino de una conversación libre y espontánea", cuenta Jorge Browne (30), otro de los organizadores. "Hace rato que vengo repitiendo el tema de la transición demográfica y el envejecimiento de la población. En 2005 morían 5,2 personas por cada mil habitantes. Se prevé que para 2050 este número subirá a 10,9. ¡El doble de muertos! Y nos vamos a ver mucho más enfrentados al tema", agrega.

Si bien este fue el primer Café de la Muerte que se hace en el país, la idea no se originó en las mentes de Jorge y Matías. Desde 2011 que se realiza en Londres, cuando Jon Underwood, su creador, celebró el primero en su casa, buscando poder conversar un tema que casi nunca se toca. Desde ahí la idea se expandió a Europa, Norteamérica, Australia y Asia; ya se han realizado más de 3.700 de estos eventos en 40 países. Incluso tiene sitio web: deathcafe.com .

Liberando el tabú

La reunión comienza con la presentación de cada uno de los participantes. "Pensar en mi muerte me angustia. Desde la infancia necesito tocar algo para sentir que sigo en la Tierra", dice Nicolás, médico, mientras apoya con fuerza su mano en la mesa. "Me gusta la muerte porque siento que es algo liberador. Qué agotadora debe ser la vida eterna", continúa Sofía, periodista. Quien luego, con ojos llorosos, cuenta del fallecimiento de su mamá.

De a poco todos se empiezan a relajar, y si bien los organizadores tienen una pauta de ciertos temas para "romper el hielo", no es necesario recurrir a ellos.

La conversación fluye entre diversas experiencias personales ligadas a la muerte, que contrasta con un animoso "Cumpleaños feliz" que se escucha a lo lejos, desde otra mesa. Temas como la diferencia entre eutanasia y suicidio asistido o lo incómodo que es saludar a alguien en un funeral. "La frase 'mi más sentido pésame' para mí no tiene ningún sentido", dice Paulo, profesor del Departamento de Teatro de la U. de Chile, lo que saca risas de los oyentes.

"¿Y cómo es el tema con las guaguas?", le pregunta Sofía a Carol, matrona, quien cuenta que hubo dos muertes que le afectaron fuertemente. "En esos casos lo acepto, sufro y me 'corto las venas' un par de días. Después sigo adelante".

"La muerte se tiende a esconder porque es poco elegante y se ve cada vez más distante gracias a los avances de la ciencia. Ponerla arriba de la mesa como algo natural ayuda a verla como algo común y no malo", agrega Juan Carlos, otro de los invitados.

Ya han pasado casi dos horas y media desde que comenzó el café, y el entusiasmo del grupo está en su punto más alto: parece que podrían seguir conversando del tema eternamente. O hasta que la muerte los separe. "Bueno, tenemos que ir cerrando. ¿Qué les pareció?", pregunta Jorge a los asistentes. "Es la invitación más freak que me han hecho", responde Paulo.

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