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El director radicado en Alemania también debutará en Japón:

El retorno de Helmuth Reichel, batuta chilena del futuro

martes, 04 de octubre de 2016

Romina de la Sotta Donoso
Cultura
El Mercurio

Hace dos meses debutó con la Sinfónica de Chile y mañana lo hará con la Orquesta Usach, en un exigente programa francés. Cuando quedó finalista en el Concurso Besançon, hace un año, se abrió una nueva etapa en su carrera. "Sigo aprendiendo", dice él.



Hace justo un año, Helmuth Reichel Silva (1983) se convirtió en el primer chileno en llegar a la final del Concurso Besançon. Y eso le dio una nueva visibilidad a este director que se radicó en Alemania hace 14 años.

Aun cuando la Sinfónica Universidad de La Serena ya lo había invitado, en 2012 y 2014, ahora el interés viene desde Santiago.

En junio debutó con la Orquesta Sinfónica de Chile, con una memorable lectura de "Scheherazade". El crítico Jaime Donoso destacó su "técnica irreprochable" y "la gran respuesta de la orquesta". Y de hecho, tras ese concierto, la Sinfónica lo eligió como director invitado para el próximo verano. "Son tres conciertos en Frutillar, con tres programas diferentes, y también actuaremos en la Quinta Vergara y en Santiago", cuenta Reichel, quien actualmente está en Chile por otro compromiso de alta relevancia.

Mañana debutará con la Orquesta Usach. El concierto es gratuito, a las 19:00 horas, en el Aula Magna Usach (Ecuador 3659). "Estrenaremos una obra comisionada a Andrés Alcalde, que es muy interesante", detalla. Se llama "Atte.". "Él me comentó que una vez un profesor le sugirió no ser tan estructurado al componer una obra, sino más espontáneo, casi como si estuviera escribiendo una carta. Y la compuso en ese formato", explica Reichel.

El programa se completa con el Concierto para flauta y cuerdas de Jolivet y "Le tombeau de Couperin" de Ravel. La primera, dice Reichel, es una obra muy virtuosa para el solista, que en este caso será Diego Vieytes, y también lo es para la orquesta.

Ravel, en tanto, emplea la forma de una suite antigua francesa en su homenaje a Couperin. "La empezó a componer justo antes de que lo enviaran al frente de batalla, en la Primera Guerra Mundial. Estuvo tres años ahí, hasta que le dio peritonitis. Y vio a muchos amigos morir. Él trata de evitar que eso se note en la música, que es de una belleza increíble, y eso vuelve aun más trágica a la obra", comenta.

-¿El concurso Besançon le gatilló muchas oportunidades?

"He tenido varios contactos, cosas que pueden materializarse para el 2018. Y tuve contacto con una agencia nipona, a través de la cual se organizó mi primer concierto en Japón, que va a ser en mayo con la Orquesta Sinfónica de Tokio. Es una oportunidad magnífica".

-¿Cómo evalúa el momento actual de su carrera?

"Para mí, es una etapa de aprendizaje en todo sentido; todo lo veo como una oportunidad para enriquecer los conocimientos que de a poco uno va decantando. Ha sido muy enriquecedor, por ejemplo, el trabajo que acabamos de hacer con estudiantes del Instituto de Música UC, preparando un programa de serenatas de Dvorák y Suk".

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