Dólar Obs: $ 912,41 | 0,69% IPSA -0,25%
Fondos Mutuos
UF: 39.841,72
IPC: 0,00%
Las raíces penquistas del ingeniero comercial en fuga:

El impacto que se palpa en Concepción ante el caso Garay y el golpe a su familia

domingo, 02 de octubre de 2016

Lilian Olivares
Nacional
El Mercurio

"Si es corrupto, que pague la culpa, pues. Se acabó el cuento. Y no voy a negar que es mi sobrino. Si quedó en la calle y llega pilucho, no le voy a cerrar la puerta", dice su tío-papá, mientras que sus presuntos acreedores quieren llegar a Santiago.



Todos hablan de él en Concepción.

Rafael Eduardo Garay Pita, 40 años, se convirtió en el fantasma penquista.

Está en los comentarios de la calle, y también de las aulas universitarias.

Está en los murmullos de los bancos.

Pero su nombre es intocable en el entorno familiar y entre los amigos y vecinos de su círculo.

La duda se instaló con todas sus secuelas, llenando el espacio que dejó su repentina fuga.

Duda que mantiene en un estado de ansiedad permanente a su madre, que espera verlo llegar como el hijo pródigo. El hijo de sus ojos, dicen sus parientes.

Duda que causa dolor entre sus conocidos, rabia entre sus presuntas víctimas, y discusiones éticas y dramáticas, condensadas con alguna dosis de humor negro. Como un abogado que cuenta que llegada la noche, cuando las luces se apagan y está tendido en su cama, escucha una voz que le dice... "w..ón, w..ón".

Los cuestionamientos éticos se concentran principalmente en el seno de la comunidad de la sede penquista de la Universidad del Desarrollo, donde Rafael Garay estudió y se tituló el 29 de julio de 1999, sin reprobar ningún ramo, según constató "El Mercurio". Sede universitaria donde algunos profesores y ex alumnos creyeron en el negocio que armó en 2014 con su socio Esteban Aedo (hoy formalizado). Tanto, que participaron en él: unos en calidad de socios, otros en condición de inversionistas.

Nadie dudaba, en 2014, de la lucidez del talentoso ingeniero comercial que traducía el complejo mundo financiero en algo simple. Y que pintaba para político, gracias al conocimiento mediático que había conseguido como comentarista en radio, televisión, y en la misma prensa local de Concepción. Al punto de que en 2013 se candidateó para senador por la Región del Biobío como independiente apoyado por el PRO, y logró poco más de 40 mil votos, con una inversión de $30 millones, según afirmó. Acotó que incluso el experto electoral y diputado Pepe Auth lo había felicitado por hacer tanto con tan pocos recursos. Consultado Auth, no se recuerda, pero sí dice que por aquel tiempo lo encontró "un poco cuentero".

Su mejor amigo de infancia y adolescencia

Pero la opinión general entonces no era esa. Mucho menos lo fue durante su infancia, según el relato de su mejor amigo desde la enseñanza básica hasta terminar la media, en el Colegio Concepción. Se trata del arquitecto Uldaricio Oñate Mardones (41), que hizo todo lo posible por evitar esta conversación, pero que, finalmente, no quiso renegar de esa amistad, que hoy lo tiene principalmente preocupado por la madre de Rafael, la señora Nivia.

"Éramos tímidos los dos", recuerda Uldaricio de esa etapa en la que estudiaban juntos, en la casa de uno o de otro. No vivía Rafael en la populosa población La Candelaria, como dio a entender cuando habló en algunas entrevistas de una infancia marcada por la separación de sus padres, época en que pasó de tener una situación familiar holgada económicamente, a otra marcada por la marginalidad y la vida en ese barrio.

-¿Dónde vivía Rafael?

-Entre la casa de su mamá, en la Avenida Collao, cerca del estadio Ester Roa Rebolledo, y la de su padre, Camino de San Juan.

Uldaricio vivía en la calle Caupolicán, en San Pedro de la Paz.

El padre de Rafael -recuerda su amigo- era contador. Un hombre más duro que la mamá, pero con quien no parecía tener problemas. "Nunca hablamos de problemas familiares. Conversábamos de fútbol, del colegio", dice.

Los dos eran buenos alumnos: de promedio 6,2 a 6,5 en la enseñanza media.

No eran de "carretes", cuenta. De repente se ponían a bailar rap. Les gustaba la música de Vanilla Ice, nombre artístico de Robert Matthew Van Winkle, un cantante, bailarín y actor estadounidense conocido principalmente por la canción "Ice Ice Baby".

Los dos jugaban fútbol. Y Uldaricio hacía pesas.

Se acuerda de Carolina, una compañera de curso que le gustaba a su amigo Rafael. "Pero nunca pololearon", aclara.

No le cuadra, para nada, el personaje que salió a la luz tras su desaparición. Hace tiempo que no sabía de él, salvo por la prensa, lo que lo enorgullecía, por lo lejos que había llegado su amigo. Sin embargo, hoy comenta que quisiera visitar a la señora Nivia; "debe estar muy mal con todo esto".

Lo único que les queda en común es la afición por los Mercedes Benz. Rafael tenía seis, que vendió en los últimos seis meses. Uldaricio registra cuatro. La gran diferencia es que mientras los vehículos del primero eran de 2015 y 2016, los de su amigo son de 1970, 1978, 1974 y, el último, 1990. Su pasión no es por usarlos, sino que su hobby es repararlos.

La señora Nivia y el tío Vicente

En la casa de la madre de Rafael Garay, en un barrio residencial de clase media en la larga avenida Collao, ronda el silencio.

El jardín tiene un abandono reciente. Las cortinas no se abren hace días. Doña Nivia no está viviendo ahí.

Un hombre que dice ser presidente de la Junta de Vecinos está molesto con el acoso periodístico.

La familia de la señora Nivia es respetada. En particular su hermano, el ingeniero mecánico Vicente Pita Vives (67), quien la visita con frecuencia. Vive sobre la misma avenida, pero a varias cuadras, en un condominio donde también está la universidad donde imparte clases hace 44 años: la del Biobío.

Su sobrino tiene sus mismos ojos, aunque ahora los del profesor Pita lucen cansados.

No está dispuesto a confrontar lo que se dice con lo que él sabe de su sobrino, contra quien pesa una orden de captura internacional. La fiscalía lo investiga por apropiación indebida en Santiago y en Concepción, y por estafa... una estafa piramidal.

Le insistimos, pero el profesor Pita, capaz de mantener el interés de sus alumnos durante los 60 minutos que lo aguardamos a la salida de su oficina -desde donde se escuchan risas, opiniones informadas y discusiones que hablan de un maestro respetado-, es terminante. Dice que conoce una parte de la vida de su sobrino, con quien tuvo un estrecho contacto, pero hay otras que no.

"Mire, diga lo que diga, no van a creer. Si ni siquiera conozco un montón de pasajes de la vida de mi sobrino. Esto es desgastante, sí. Es como vivir en un chaparrón", afirma.

Él dijo en una entrevista de televisión que cuatro personas determinaron mucho quién es él. Mencionó a su padre, al que describió como un hombre "muy duro" (falleció hace dos años) que le enseñó dos cosas: a boxear y a disparar; a su madre, que le dio el lado bueno que dijo tener; a su abuela, que le entregó la contención; y a su tío Vicente, que lo formó intelectualmente, que lo motivó a leer sobre física, sobre psicología, y que le desarrolló el interés por aprender. Casi como un padre. Contó que cuando era niño le regaló el libro "La Guerra de las Galaxias". No se olvida. Lo considera su mentor.

"Es muy generoso de su parte. Yo compartí mucho con ellos, con su hermana Soledad y con él, de niños. Pero no puedo decir que yo le di la impronta".

-¿Era muy fantasioso de niño? -le preguntamos.

-¿Qué niño no lo es? -contesta.

No menciona el supuesto cáncer que afecta a Garay, del que aún no hay registros médicos, a pesar del rastreo que ha hecho la PDI por distintas clínicas de la capital. Enfermedad que el profesor Pita conoce bien, porque a los 14 años perdió a su padre por ese mal, lo que devastó a su familia.

-¿Cómo se siente usted con todo esto?

-Y no puedo estar contento, si es como dicen. ¿Que es bueno que haya estafado? No. ¿Que tuvo problemas? ¿De qué magnitud? Ignoro de cuánto estamos hablando, ignoro quiénes son los afectados.

Sigue reflexionando: "Puede ser gente de muy buen pasar la afectada, pero no va a juzgar ese aspecto, así como tampoco si pusieron plata por ambiciosos".

"Pero si es corrupto, que pague la culpa, pues. Se acabó el cuento. Yo no voy a decir 'pobrecito'. Tendrá agravantes, atenuantes; saquen la cuenta. Se acabó. Por formación familiar y personal, no voy a entrar a cuestionar una decisión judicial si está hecho de acuerdo con las normas. Y no voy a negar que es mi sobrino. Si quedó en la calle y llega pilucho, no le voy a cerrar la puerta".

Se excusa de seguir conversando: "Este tema es muy doloroso, muy fuerte; no lo tenemos claro. No sabemos".

Soledad, su hermana

A Soledad, su única hermana, Rafael no la suele mencionar. Ella se quedó viviendo en Concepción, haciendo allá su vida familiar y trabajando como arquitecta; él viajó a conquistar la gran ciudad.

¿Qué pasó con Rafael Garay en Santiago? El personaje que armó para triunfar ¿terminó devorándolo? ¿O ese era solo un disfraz? No lo sabe.

Ni siquiera la "polola rusa" que presentó en el canal La Red era rusa, según constató la policía. Era ucraniana. Y, al parecer, tampoco era su polola.

Antes de que estallara el fenómeno Garay, hace cuatro meses, Soledad dejó de trabajar en la Universidad San Sebastián de Concepción, donde creó la Dirección de Arquitectura y se desempeñó por más de 14 años. Ahora intenta desarrollar un nuevo emprendimiento, un hotel-restaurante boutique que bautizó "Purísima" y que aún no ha podido inaugurar.

La noche del jueves lo abrió para recibir con una cena a una delegación, donde no estuvo ausente el tema de Rafael Garay. "Pierdes el tiempo", dijo a "El Mercurio", advirtiendo que no abordaría ese asunto, mientras los delegados valoraban el trabajo de diseño y arquitectura del recinto, y con jugos y tragos exquisitos con nombres de calles de Concepción brindaban por el congreso en que habían participado sobre "espacios funerarios".

 Imprimir Noticia  Enviar Noticia