Fondos Mutuos
Vino a la vida a combatir la oscuridad, y en su pintura es quien empuña "Esas lanzas de luz entre planetas" (Canto II de "Altazor", de Vicente Huidobro). Alfredo Helsby se distingue de los otros pintores de su generación por su particular mirada cromática a la naturaleza, afirma Milan Ivelic, docente, crítico de arte y ex director del Museo Nacional de Bellas Artes. "Su ojo, sin ser totalmente impresionista, se acerca a este movimiento, en particular a Monet, por cuanto busca incesantemente la luz, lo que incide en forma directa en el aumento de la intensidad de los colores", explica. Justamente, el tratamiento de la luz en Helsby es el sello de la curatoría realizada por el equipo de artes visuales de la Corporación Cultural de Las Condes, encabezado por su director, Francisco Javier Court, para la muestra "Obsesionado por la luz". Esta se inaugurará en la Casa-Museo Santa Rosa de Apoquindo, el próximo sábado 23 de julio. "Teníamos una deuda pendiente con este gran artista, que empezamos a saldar con una primera muestra sobre Helsby, hace 32 años. Hoy nos complace presentar una exposición de gabinete que reúne selectas pinturas suyas, obras escogidas por cuanto en ellas la luz, natural o artificial, juega un rol fundamental", precisa Francisco Javier Court. Los cuadros provienen de colecciones particulares, de instituciones y del Museo Nacional de Bellas Artes; además, se incluyen obras ejecutadas en Europa nunca antes exhibidas en Chile. Alfredo Helsby (1862-1933) nació en Valparaíso, en el seno de una familia de origen inglés, famosos fotógrafos y daguerrotipistas: los hermanos Helsby & Co. Se cree que la fotografía puede haber despertado su atracción por la luz; sin embargo, Milan Ivelic plantea que este arte más bien puede haber suscitado en él una reflexión que lo incitó a ir más allá de la representación de la realidad. "Desde que la fotografía reproduce lo que vemos, muchos artistas comienzan a preguntarse qué hago entonces con la línea y el color. Este cuestionamiento parte con el impresionismo, sigue con el cubismo de Picasso, prosigue con el neoplasticismo de Mondrian y Kandinski, y poco a poco llegamos a la abstracción", detalla Ivelic. Dentro de su camino, el primer maestro de Helsby fue Thomas Somerscales, su profesor de arte en el colegio Mackay, entonces en Valparaíso. Mas Helsby pronto entró en contacto con dos leyendas de la pintura chilena: Valenzuela Puelma, probablemente el artista que más influyó él, y Juan Francisco González, con quien salían juntos a pintar al aire libre, siguiendo los preceptos de la época. "Ambos, Valenzuela y González, estaban en etapas bastante académicas, y si bien el primero seguirá en esa línea, pronto el segundo empezará a evolucionar, a tal punto, que se considera a Juan Francisco González el primer pintor moderno de la historia de Chile", asegura Milan Ivelic. Helsby, en tanto, se queda entre ambos: inicia una experimentación pictórica que nunca acabará; en ese sentido su obra es única y sigue su impulso creativo. "Él fue un artista que entendió el arte como un proceso interrogativo, no afirmativo. Sin embargo, tampoco es rupturista", resume Ivelic, quien reafirma que es un personaje que merecería estudios y análisis profundos. De hecho, en el libro de referencia sobre pintura chilena, que Ivelic escribió en conjunto con Gaspar Galaz, incluyeron expresamente a Helsby, rebatiendo al famoso crítico Antonio Romera, quien no lo considera entre los "Cuatro maestros de la pintura chilena". Según él, estos son: Juan Francisco González, Alfredo Valenzuela Puelma, Alberto Valenzuela Llanos y Pedro Lira. "A Nemesio Antúnez, cuyos consejos aún escucho, una vez le pregunté, hace más de treinta años, a qué artista consideraba él que no se le había dado la atención que merecía. Me contestó lo siguiente: 'A Helsby. Es un artista que nadie entiende bien. Él es un pintor de la luz y hay que conocerlo'", revela Francisco Javier Court, quien se ha empeñado en revertir el olvido. Un inglés reservado y fiel a sus colores Poco se sabe de la vida de Alfredo Helsby. "Él era un inglés en Chile, aunque en Inglaterra fue premiado como artista chileno", sostiene Court. En tanto, en Estados Unidos, donde residió unos cinco años, figuraba como británico, asegura el abogado Juan Enrique Allard, quien está llevando a cabo una acuciosa investigación sobre este pintor, que lo cautivó por su particular cromatismo, por su luminosidad. "Algo muy propio de él es que mantiene su paleta de colores, tan característica, prácticamente durante toda su vida, y crea sensaciones atmosféricas incomparables", subraya. Asimismo, Helsby podía captar fenómenos naturales tan sutiles como los reflejos de los "Arcoíris en los canales de Chiloé", como se titula esa obra; o la impronta de la luz del alba en los Andes, en "Montañas" o "Amanecer en la cordillera". La llegada, hacia fines del siglo XIX, de la luz eléctrica al país, produce una revolución en la estampa de las urbes, lo que no sería ajeno a la sensible mirada del pintor. Numerosas escenas citadinas pintadas a la luz de los faroles comienzan a aflorar en sus telas, como "Iglesia de la Divina Providencia", "Atardecer en Valparaíso"; también "Noche de lluvia en Londres", "Nocturno en el Támesis". Sin embargo, los especialistas concuerdan en que Helsby fue esencialmente un paisajista, un devoto de la naturaleza, y que admiraba en especial a William Turner. "Helsby también experimentó con las técnicas pictóricas, por ejemplo algunos detalles de maravillosos cuadros de árboles en flor los perfiló con lápiz grafito, en otros usaba espátulas o la punta del mango de los pinceles; y para crear el efecto de sus famosos arcoíris usaba hasta cepillos de dientes", explica Allard. Helsby partió con una beca a Francia, en 1906, donde estudió con Jean-Paul Laurens (maestro de Valenzuela Puelma y Valenzuela Llanos), exponiendo en París, en la Sociedad de Artistas Franceses, y en Londres, donde obtuvo una mención honrosa en la Royal Academy por su obra "Bahía de Valparaíso". Fue acogido con bastante éxito, como varios otros artistas nacionales. "La pintura chilena es una de las más importantes de la época a nivel latinoamericano, por diversas razones: porque se formaron afuera, por el crisol que fue Valparaíso y por la influencia de pintores viajeros, como Rugendas. Muchos de estos artistas nacionales recibieron importantes reconocimientos en el extranjero, que aquí se ignoran", recalca Allard. Cuando Helsby regresa a Chile conoce en el barco a Fernando Álvarez de Sotomayor, pintor español que fue un gran inspirador de la Generación del Trece. Uno de sus primeros y más conocidos retratos en Chile fue el que hizo de su amigo de navegaciones, Helsby, quien luego siguió viajando y exponiendo en Estados Unidos (San Francisco, Nueva Orleans, Washington y Nueva York). De su carácter, se recuerda que tenía sentido del humor, pero era muy reservado. "Se autoexcluyó de los círculos intelectuales de la época, a los cuales fue invitado", revela Court. Sin embargo, era un hombre de amigos. De hecho fue muy cercano y leal con el incomprendido, atormentado y censurado Valenzuela Puelma, que era un poco mayor que él, también nacido en Valparaíso. "Se preocupó de él hasta sus últimos días. Incluso, cuando ya se manifestaba el desequilibrio psíquico de Valenzuela Puelma, Helsby, desde Francia, lo llevó a Inglaterra y expusieron juntos. Después, Valenzuela Puelma fue ingresado al hospital psiquiátrico de Villejuif (en las afueras de París, donde fallece)", detalla Juan Enrique Allard. Y si bien algunos han comparado el triste final de ambos, este abogado dice que no son tan similares, porque Valenzuela Puelma sufría problemas psiquiátricos severos, y murió joven -a los 53 años-, lo que, como veremos a continuación, es muy diferente del caso de Helsby. Naturista comprometido Una pasión que Helsby compartió con Valenzuela Puelma, pero que adquiere matices diferentes en ambos, es la defensa y difusión de la medicina natural. "Mientras en Valenzuela Puelma toma un sello más esotérico, en Helsby se transforma en una causa muy seria", asegura Allard. Helsby, que estuvo al borde de la muerte cuando niño, a causa de una vacuna, incluso escribe un libro al respecto: "Contra la vacunación obligatoria: ¿Qué dicen hoy los sabios sobre la vacuna?". Fechado en 1911, en Santiago, es firmado por Alfredo Helsby, que se declara "Corresponsal de la Liga Antivacunista de Inglaterra". En sus años finales, Helsby vivió con una familia de origen alemán, en los cerros de Valparaíso. Juan Enrique Allard, en el marco de sus investigaciones, encontró a uno de sus descendientes, Heriberto Gudenschwager, quien conoció al pintor y le contó que Helsby imprimía él mismo panfletos promoviendo la medicina naturista e instando a no comer carne, los que repartía a los pasajeros de los carros en que se transportaba. "Heriberto Gudenschwager recuerda que Helsby expuso algunas de sus últimas obras en la antigua 'Juguetería Alemana' de Valparaíso, que pertenecía a su familia. Cuando vendía un cuadro, los invitaba a todos al biógrafo", revela Allard. Por intermedio suyo se enteró también del declive de las facultades mentales de Helsby, quien se trasladó a Santiago, a una casa en La Cisterna, un poblado campestre en ese entonces. El deterioro cognitivo se acrecentó, pronto empezó a no reconocer a los miembros de la familia Gudenschwager que lo visitaban, y "se comía los plátanos con cáscara", según su único testigo. "Sin embargo, estos síntomas concuerdan más con procesos neurodegenerativos como la demencia senil, o alzhéimer, no con patologías psiquiátricas como la de Valenzuela Puelma", precisa Allard. Alfredo Helsby falleció, sin recurrir a médico alguno, a la edad de 71 años, solo. Nunca se le conoció una pareja, ni dejó más descendencia que su obra luminosa, refinada, fructífera.