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La memoria del embajador

sábado, 16 de julio de 2016

por Rodrigo Munizaga
Reportaje
El Mercurio

Ramón Huidobro, ex embajador, y Francisca Llona llevan 65 años como pareja. Juntos han sido testigos en primera fila de la historia de Chile, al lado de presidentes y escapando de la muerte. Él pronto cumplirá los 100, por lo que la Academia Diplomática prepara un homenaje al que asistirá su hijastra, la escritora Isabel Allende. "Es mi padre, amigo, compinche y confidente que tengo hasta ahora", dice ella.



Los cuadros de Nemesio Antúnez y otro de Delia del Carril cuelgan en una de las paredes. En otra hay fotos donde los dueños de casa aparecen junto a los ex presidentes Allende, Aylwin, Frei y Lagos. Sentados en el living están Ramón Huidobro (99) y Francisca Llona (95), pareja desde hace 65 años y que no tuvieron hijos juntos, pero sí del primer matrimonio de cada uno. Él tiene cuatro y ella, tres: dos hombres y una mujer, la escritora Isabel Allende.

Huidobro, diplomático de carrera, ex embajador de Chile en Argentina y ex jefe de misión ante la ONU, tiene dificultades para caminar y algunos problemas de memoria, pero no ha olvidado su pasión por los boleros y comienza a cantarle uno a su esposa.

-Quiéreme mucho, dulce amor mío, que amante siempre te adoraré...

Francisca, a quien él y todos quienes la conocen llaman "Panchita", lo mira encantada y con una mente lúcida capaz de recordar cada detalle, cuenta:

-Nos conocimos en Lima, en el muelle del Callao. Pero no fue atracción inmediata, para nada. Es algo que vino tres años después.

-¿Primero desarrollaron una amistad?

-Mira tú, qué vamos a haber desarrollar una amistad, ¡imagínate! No, cada uno tenía su familia y yo estaba embarazada de mi tercer hijo. Años después, cuando lo bauticé, Ramón subió a mi pieza y me dijo: "A partir de ahora me voy a ocupar de ustedes". Yo dije: "Este gallo se tomó unos tragos" (risas).

-Pero cumplí con mi promesa -la interrumpe Ramón.

-Sí, hasta el día de hoy, maravillosamente -le responde Panchita, que pide ayuda para levantarse de la silla y sale a buscar una foto que quiere mostrar. Su marido mira, se encoje de hombros y dice que habrá que esperar a que ella vuelva para retomar la conversación. Solo, asegura, ya no puede:

-Ella es mi memoria.

Isabel Allende tenía 8 años cuando su madre volvió a emparejarse. Desde California, donde vive, dice que no le hacía ninguna gracia la llegada de un padrastro y en su novela Mi país inventado lo describe: "Entre muchos candidatos, mi madre escogió al más feo. Parecía un sapo verde, pero con el beso de amor se transformó en un príncipe, como en el cuento, y ahora puedo jurar que es guapo".

Ramón sonríe con esa cita y asegura que la relación entre ambos fue buena desde un principio:

-Isabelita dice cosas que no son. Y si fue así, nunca me di cuenta, porque era muy cariñosa y me ha distinguido toda su vida, de una manera u otra. Yo tenía otros hijos y ella fue querendona y dócil, sin que yo le hiciera sentir mi calidad de padre putativo. Tenemos una relación muy linda.

La ganadora del premio Nacional de Literatura insiste en que le tomó tiempo adaptarse a que su madre tuviera una nueva pareja: 

-Confieso que al principio me cargaba, era muy celosa de mi madre, y me demoré años en apreciarlo. Fue mi hija Paula quien obró ese milagro. Tenía 2 años cuando fuimos a Ginebra y el tío Ramón la conoció. Se enamoraron al instante y ese amor duró hasta el último día consciente de Paula. Hasta hoy no se puede mencionar el nombre de mi hija sin que el tío Ramón se eche a llorar. Se adoraban. En la ternura de abuelo que tuvo por Paulita, su primera nieta, descubrí al padre, amigo, compinche y confidente que tengo hasta ahora.

A su padre biológico, Tomás Allende, no lo recuerda. Primo hermano de Salvador Allende, era miembro del cuerpo diplomático cuando se casó con Francisca Llona, en 1941. Ese año fue designado secretario de la Embajada de Chile en Lima y partieron juntos en barco. Allá comenzaron los problemas: él pasaba poco en casa, la relación era inestable. Isabel nació un año después, luego Francisco y cuando Llona estaba embarazada de Juan, Allende abandonó a la familia y su puesto en la embajada. Qué razones tuvo para hacerlo, son un misterio: Panchita hace una mueca de desagrado.

-Ella rompió todas las fotos de él, es como si no hubiera existido -acota Ramón en voz baja-. Pero mejor hablemos de otras cosas.

Llona se devolvió a Santiago con sus tres hijos, en 1945, gracias a la ayuda de Huidobro, que entonces era cónsul chileno en Lima y estaba casado con Eliana Nordenflycht. Tres años después, él se separó e inició una relación con Panchita, primero por carta y luego viviendo juntos. En esa época, el quiebre fue un escándalo social y su ex esposa se negó a darle la nulidad. Por eso, Llona y Huidobro se casaron en Argentina y solo tras la muerte de Nordenflycht, hace algunos años, contrajeron matrimonio en Chile.

-Llevamos pocos años casados, pues, hijo. Pero de vida común casi 66. De mucho amor -dice Llona.

Isabel Allende recuerda cómo ellos tuvieron que esperar décadas para legalizar su unión:

-Ese amor de amantes llegó a ser legendario. Todo el mundo los consideraba casados, por supuesto, pero para mi mamá eso siempre fue una espina en el corazón.

Allende siempre le ha dicho a Huidobro "tío Ramón", aunque se refiere a él como su "único y verdadero papá" y le ha dedicado algunos libros. Las ganas de su mamá por casarse con él eran tantas, que lanza una anécdota:

-Una vez, por broma, fuimos a una tienda de novias y mi mamá pidió prestados un vestido blanco, velo, tira, guantes y zapatos plateados. Le pusimos unas flores en la mano y le tomamos una foto espectacular; la foto está en marco de plata en el living de su casa. Mi madre tenía más de 80 años y se veía linda vestida de novia.

La ruptura de Francisca Llona y Tomás Allende fue igualmente traumática: tras separarse, volvieron a verse en Santiago y él le dio la nulidad con la condición de no hacerse cargo de la manutención de los hijos. Tampoco los volvió a ver hasta que Isabel Allende recibió un llamado de la morgue para que reconociera su cuerpo, luego de que sufriera un infarto en la calle, a fines de los 50. Como ella no recordaba su cara, Huidobro tuvo que acompañarla.

Egresado del colegio San Ignacio, Huidobro entró en 1934 a trabajar al Ministerio de Relaciones Exteriores mientras estudiaba derecho en la Universidad Católica.

-Mi papá me dijo: "Ponte decente, porque vamos a ir a ver a don Miguel". Él era amigo del canciller de Arturo Alessandri, Miguel Cruchaga, y yo no sabía entonces quién era, no estaba al tanto de la política. Él me ayudó y partí mi carrera como diplomático.

Lo que vino después fue trabajar en el gobierno de Jorge Alessandri, ser cónsul en Lima y jefe de misión de Chile ante la ONU, en Ginebra, donde cenó con Ernesto Che Guevara, a quien había conocido antes en La Habana, cuando era ministro de Economía en Cuba:

-Me mandaron a una misión especial y ahí me reuní con él. Luego comió con nosotros en Suiza. Él era una personalidad, pero no la que hoy se glorifica, no brillaba tanto. Recuerdo que se sacó la boina, que habló sobre la campaña de Sierra Maestra, pero no era ostentoso con la revolución, solo contó generalidades, lo que ya sabíamos. 

Más tarde Huidobro fue destinado a Paraguay, Bolivia y como jefe de la misión chilena en Líbano y Siria. A principios de los 70 recibiría el ofrecimiento para ser embajador en Argentina. Se acercaba el quiebre de su carrera como diplomático. 

La mañana del 11 de septiembre de 1973, Salvador Allende lo llamó por teléfono a la Embajada en Argentina para contarle del alzamiento militar. El entonces Presidente ya estaba en La Moneda y Huidobro recuerda:

-Fue un día triste. Era un buen amigo y él dijo una vez que si tenía cinco amigos, uno de ellos era yo. Me distinguió mucho en vida, nos conocíamos desde 1939, y esa mañana me llamó para contarme que se habían sublevado generales y que saludara a la Panchita.

El libro Interferencia secreta, de Patricia Verdugo, cuenta exactamente la conversación que tuvieron: "Se ha sublevado la marina, Ramón, y unos cuántos generales traidores. Pero yo voy a pelear hasta la muerte. Déle un beso a Panchita y a usted, mi abrazo como siempre".

Francisca Llona recuerda:

-Fue un día que nos marcó para siempre. Le teníamos un gran cariño a Salvador, fue muy preocupado por mí. Lo conocí por Tomás Allende, pero como me separé pronto, no quería ni saber de esta familia. Pero al volver a Santiago, me tocó ir a una comida de amigos y Salvador me agarró de los hombros por detrás y me dijo: "Usted, mocosa, ¿qué se ha figurado? Usted tiene una familia de la que siempre va a estar orgullosa y yo la voy a ayudar siempre". Son palabras que me desarmaron.

El mismo 11 de septiembre, Huidobro presentó su renuncia al cargo de embajador y la pareja se quedó un año más en Buenos Aires, con él trabajando en una compañía de seguros. No pensaban irse, pero la madrugada del 30 de septiembre de 1974 todo cambió. Esa noche, Huidobro y Llona invitaron al ex comandante en jefe del Ejército Carlos Prats y a su esposa, Sofía Cuthbert, a una comida en su casa en el barrio Palermo.

-Qué terrible recordar esto -dice Panchita-. Nos juntábamos de vez en cuando y esa noche fuimos a ver una película argentina, Pan y chocolate, y luego comimos en nuestra casa. Al irse fueron cariñosos, es muy curioso, porque fue como una despedida realmente. Se fueron, y al llegar a su casa explotó la bomba en su auto que los mató.

Panchita y Ramón guardan silencio.

Isabel Allende, casada entonces con Miguel Frías, vivía en Santiago cuando recibió una llamada de madrugada de su padrastro para contarle la noticia y pedirle que le avisara a las hijas de Prats (Sofía, Angélica y Cecilia), antes de que se enteraran por la prensa. Como había toque de queda, la opción era llamarlas por teléfono:

-Estaba dormida y al principio me costó entender lo que había pasado -relata la escritora-. Recuerdo con vergüenza que en el primer instante no pensé en la familia Prats, sino solo en que mis padres estaban vivos. Habían sido amenazados de muerte junto con Prats. Después mi marido llamó a las hijas de Prats y les dio la terrible noticia, que yo no pude articular, porque estaba sollozando. Muchos años más tarde, cuando había pasado media vida, Sofía y yo nos encontramos en Grecia y hablamos de esa noche de espanto.

A la mañana siguiente, Huidobro recibió una nueva amenaza que le advertía que podía correr la misma suerte de Prats. Él llamó a Isabel Allende para que viajara a Buenos Aires a deshacer la casa y advertirle que ellos saldrían a Nueva York, gracias a gestiones de Gabriel Valdés, uno de sus mejores amigos. Tiempo después, la pareja se iría a vivir a Venezuela.

-Temía por la vida de mis padres, el tío Ramón sabía mucho, era amigo de confianza del general Prats y algunos creían que tenía copia de las memorias de él. Eso lo convertía en blanco de Pinochet, pero no era cierto -cuenta Allende. Huidobro agrega:

-Fue muy triste, Carlos tenía miedo, lo hablamos esa noche. Nosotros nos fuimos a Estados Unidos, esperando que no me mataran, aunque yo no estaba inscrito en ningún partido. Pero uno no se sentía seguro en ninguna parte.

-Voy a cumplir mi primer centenario, ¿cómo lo haya? -dice Ramón Huidobro por los 100 años que celebrará el 9 de agosto. El festejo, que está organizando la Academia Diplomática -de la que fue director en los gobiernos de Patricio Aylwin y Eduardo Frei, hasta que se acogió a retiro-, contará con un video documental preparado por el periodista y ex embajador Fernando Reyes Matta, y la presencia de Isabel Allende:

-No me sorprende que el tío Ramón cumpla 100 años -dice ella-, siempre supe que era inmortal. Mi padre biológico desapareció de mi vida cuando yo tenía 3 años y no me hizo falta, porque pronto apareció el tío Ramón, quien asumió el papel de padre sin dudar ni un instante. Ese hombre me formó y me ha apoyado incondicionalmente por 65 años.

Con su madre, en tanto, la escritora habla todos los días por mail.

-Hemos vivido casi siempre separadas en distancia y muy unidas en el afecto. Empezamos a escribirnos a diario cuando yo tenía 16 años. Ella estaba en Turquía con el tío Ramón y yo en Chile, viviendo en casa de mi abuelo. Las cartas demoraban semanas, era una conversación de sordos, pero el hábito se mantuvo.

En sus primeros años como escritora, Allende le pasaba los manuscritos a su madre antes que a cualquier otra persona para que los criticara. Por eso Francisca Llona dice que tiene tres favoritos: Hija de la fortuna, Inés del alma mía y Paula.

-Más allá de lo sentimental, he ayudado a Isabel a leer sus libros y a analizarlos, pero la verdad es que acá las críticas nunca han sido tan buenas para ella, siempre el éxito suyo ha sido en el extranjero.

-En 2010 le dieron el Premio Nacional de Literatura en medio de críticas. ¿Le dolieron?

-De todos los premios de literatura chilenos, solo cuatro han sido mujeres: Gabriela Mistral, Marta Brunet, Marcela Paz e Isabel. No quiero hablar de machismo, pero en el siglo pasado la literatura chilena era cerrada y dominada por un grupo llevado por José Donoso, donde no entraba una mujer. 

-¿Le preocupa que se haya separado, tras 27 años de matrimonio, y esté sola en Estados Unidos?

-La Isabel está feliz, realizada totalmente. Llena de amistades, de reconocimiento, se siente muy bien viviendo allá, no está para nada sola. Yo viajaba a verla hasta que me quebré una pierna, hace cuatro años.

Huidobro, en tanto, dice que los libros favoritos de su hijastra son La casa de los espíritus y Paula, "mi nieta". Se emociona. Luego de una pausa, recuerda que a "Isabelita" le regaló las obras completas de Shakespeare en papel de biblia.

-Estoy orgulloso de tener la vida que he tenido -resume Ramón Huidobro justo cuando su mujer se ha parado con ayuda de dos nanas que trabajan en el departamento. Ella se excusa contando que tiene que ir a la misa de un difunto.

-Yo ya no voy a esas cosas -resume Huidobro acomodando el bastón que tiene a su lado. Se queda en silencio y mira al comedor, el mismo donde cuenta que se realizaron reuniones junto a Ricardo Lagos para formar el PPD, en 1987. Pero dice que ya no puede seguir conversando cosas del pasado. No es falta de interés.

-Mi memoria acaba de irse de aquí.

La noche en que el general Carlos Prats y su esposa tuvieron el fatal atentado en Buenos Aires, en 1974, habían ido al cine y a comer a la casa que Huidobro y Llona tenían en el barrio Palermo.

A la semana siguiente el matrimonio tuvo que irse de Argentina.

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