Dólar Obs: $ 955,42 | -0,50% IPSA -0,25%
Fondos Mutuos
UF: 34.312,76
IPC: 1,20%
Volver a Chile tras estudiar en el extranjero

El aterrizaje forzoso

sábado, 09 de julio de 2016

Por Antonia Domeyko
Crónica
El Mercurio

En los 2000, hacer un magíster o doctorado afuera parecía una solución laboral. Hoy, sin embargo, muchos de quienes regresan a Chile con su nuevo título chocan con una dura realidad: no tienen campo laboral para aplicar lo aprendido. Aquí, cinco testimonios de expectativas, frustraciones y lecciones, en un país que envía, anualmente, a más de quinientas personas a especializarse al extranjero.



A mediados de 2012, Ana Olivares, entonces de 39 años, psicóloga de la Universidad Diego Portales, estaba en pleno preparativo para dar un gran salto en su vida. Había quedado aceptada en un magíster en dinámica organizacional en la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos. También se había adjudicado una beca Chile. Partiría con su marido y sus dos hijas, de 4 y 11 años, a vivir algo nuevo: a perfeccionarse.

Para financiar lo que no cubría la beca, vendieron su casa en
Calama, los dos autos, y partieron. Ella dejó su trabajo como jefa de desarrollo organizacional en una consultora, y su marido su puesto en Codelco.

En Pensilvania se ganó el premio a la mejor tesis de su generación, el premio al liderazgo y le dieron un trabajo con sueldo en la universidad. Por lo mismo, optó por quedarse un tercer año que la beca le permitía. Hasta que llegó el momento de regresar.

-Tenía mucha incertidumbre -dice ahora.

Antes de volver, mandó más de treinta currículos a Chile, por correo y a través de sitios webs de empleo.

No recibió ninguna respuesta.
 
 Boom de becas

En 2008, Carolina Ramírez, ya egresada de sociología de la Universidad Católica, había decidido estudiar un doctorado en sociología visual, en la Universidad de Londres. Tenía el convencimiento de que debía hacerlo si es que quería seguir una carrera académica. Fue parte de la última generación de la beca Presidente de la República, que ese año benefició a 109 postulantes a doctorados.

-Cuando yo partí, todavía estaba la idea de que la gente que volvía tenía más garantizado un lugar en la academia. Hoy no es así. Era otro escenario, yo pensaba que era viable, necesario, y que me iba a permitir una inserción laboral.

Pero en 2009 se eliminó ese programa y fue reemplazado por Becas Chile. Con el cambio, el número de becados se cuadriplicó: 444 personas se fueron ese año al extranjero a estudiar doctorados y 669 a estudiar magísteres. Un total de 1.113 beneficiados.

Desde entonces, y hasta diciembre de 2014, según cifras de Conicyt, Becas Chile ha dado 2.284 becas a doctorados y 3.080 a magísteres internacionales. Esto, sin considerar las becas a magísteres y doctorados nacionales, las becas de particulares y los autofinanciamientos.

Mauricio Sáez, director de la Asociación Nacional de Investigadores en Posgrado (ANIP), considera que para la cantidad de becas que se dan no hay una planificación a largo plazo. "No hay una planificación de cuántas personas doctoradas necesita Chile, cuántas estamos generando, y cuántas de las que se necesitan realmente se pueden emplear en investigación", dice.

Mientras cada año salían de Chile cientos de becados, Carolina Ramírez estudiaba en Londres su doctorado. Allá tuvo la oportunidad de publicar en tres revistas especializadas y de coordinar una de las conferencias más importantes en sociología visual.

Después de cinco años fuera, volvió a mediados de 2013 a cumplir su retribución de la beca, que corresponde al doble de años que estudió afuera: en su caso, un total de ocho años. Pero antes, desde Londres empezó a enviar correos y consiguió finalmente un trabajo en una universidad, pero en gestión universitaria. "Era una buena pega, tenía buen sueldo, vales de almuerzo, una oficina, pero lo que hacía no tenía nada que ver con investigación. Yo no hice un doctorado para trabajar en gestión", dice Carolina.

Luego de un año ahí, decidió postular a un posdoctorado, un programa de Conicyt que da financiamiento para investigaciones. Y, a fines del año pasado, se lo ganó. "Soy una de las personas afortunadas, porque por lo menos tengo el financiamiennto para investigar durante tres años más", dice.

Mauricio Sáez, de la ANIP, explica que, en general, cuando los estudiantes de doctorado regresan a Chile, muchos toman cargos administrativos en universidades, otros hacen lo que llaman "profesores taxi", y boletean por hora haciendo clases en varias universidades a la vez, y paralelamente la mayoría postula a los posdoctorados para poder finalmente investigar.

-El año pasado se entregaron 300 proyectos de posdoctorados. Hubo cerca de 25 por ciento de aprobación; 75 por ciento no ganó. Postularon 1.100 doctores. Uno de cada tres ganó. Los otros dos tercios tienen que buscarse la vida -dice Sáez.
 
Subutilizados

Tenía 22 años, acababa de terminar su licenciatura en letras hispánicas, en la Universidad Católica, y no se sentía preparada para enfrentar el mundo laboral. Era 2013, y Alejandra Pérez buscaba especializarse y ampliar sus opciones de trabajo, ya que para ella la pedagogía no era una opción.

Conversando con sus compañeros, se dio cuenta de que la salida más cercana a lo que había estudiado era la edición, y qué mejor que la cuna de las editoriales hispánicas: España. Ese mismo año, con apoyo de su familia, partió por un año a estudiar un magíster en edición en la Universidad Autónoma de Barcelona. Allá trabajó durante cinco meses en la editorial La Llave, del psicólogo chileno Claudio Naranjo. Por sus manos pasaron decenas de libros para hacerles revisiones de todo tipo, y para su proyecto final editó La chancha, del dramaturgo Luis Barrales. En la editorial le ofrecieron quedarse, pero dijo que no.

-Tenía el bichito de que necesitaba volver, enfrentar mi realidad. Para mí es importante trabajar en Chile, quiero dar mi aporte acá -dice Alejandra, hoy de 25 años.

Al llegar, a fines de 2014, empezó a repartir su currículo en todas las editoriales, grandes y pequeñas, y también en los sitios web de trabajo. La llamaron del grupo Planeta, fue a una entrevista y no supo más. Hizo un reemplazo en un colegio como profesora de lenguaje, y consiguió empleo en un diario de distribución gratuita cubriendo el Festival de Viña.

-Fue para sentir que estaba haciendo algo mientras buscaba pega. La opción era trabajar en editoriales chicas, pero son tan chicas que con suerte hay dos o tres personas por amor al arte. Ahí comienzas a darte cuenta de que la cosa es un poco frustrante. Me empecé a quedar atascada buscando, y necesitaba trabajar. Por lo mismo, decidí que iba a tener que buscar pega en otra área.

Justo le ofrecieron ser community manager en una empresa de márketing digital, a cargo de las redes sociales de cinco marcas, con contrato indefinido. Alejandra aceptó. Lleva un año y medio ahí.

-Estoy feliz en mi trabajo, pero es una insatisfacción grande no estar en lo mío. No me llena, y esa inquietud la voy a tener siempre. Igual sé que lo voy a hacer en algún minuto: tal vez abrir mi propia editorial.

Según Conicyt, 51 por ciento de las Becas Chile para magíster son para ciencias sociales y 19 por ciento para humanidades. En los doctorados, 41 por ciento son para ciencias sociales, 15 por ciento para humanidades y 25 por ciento para ciencias naturales.
-Tenemos gente capacitada que la estamos subutilizando -afirma Mauricio Sáez.

Para este reportaje se consultó a Conicyt sobre cifras y programas de inserción de los que regresan al país tras estudiar con Becas Chile, pero prefirieron no contestar. Solo explicaron que están revisando el tema de la retribución de los becarios y políticas de inserción, recogiendo antecedentes y proponiendo algunos cambios al respecto.

Ana Olivera, la que estudió en Estados Unidos, entra dentro del 51 por ciento de becados en ciencias sociales, con su magíster en dirección organizacional en la Universidad de Pensilvania. Al no recibir respuesta a los currículos que mandó a Chile estando afuera, a fines de 2015, cuando llegó al país, nuevamente tocó puertas.

Como Ana era de Calama, su idea era retribuir trabajando allá. "Mi intención siempre fue hacer clases en regiones. Pero acá en Chile no tengo experiencia en el mundo académico, no tengo una red, que sí tenía en Pensilvania".
 
Subirse al tren

En varias ocasiones, Damien Esquerré, de 28 años, estudiante de un doctorado en biología evolutiva, en la Australian National
University, se ha juntado con otros doctores chilenos, más experimentados, a conversar. Y casi siempre suelen surgir las mismas preguntas: ¿para qué se tiene que preparar? ¿Cómo logró estabilizarse en Chile? ¿Cómo fue su experiencia?

-Hay un miedo general entre los estudiantes de doctorado a qué es lo que uno hará después -dice Damien, quien estudió con Beca Chile un magíster en Australia y ahora un doctorado. (Por lo tanto, cuando regrese tendrá que retribuir el doble de tiempo que duraron sus estudios, lo que significa que tendrá que estar 12 años en Chile).

-Creo que está bien el tema de la retribución, y que una beca no es un regalo del Estado, y que uno tiene que devolver lo que aprendió para ayudar al desarrollo del país. Pero hay otros países que también tienen la misma condición, como México. Ahí, si el becario al volver no encuentra trabajo le dan permiso para salir, lo que tiene sentido, porque no estuviste cuatro o seis años de tu vida perfeccionándote en algo para después hacer otra cosa.

Damien, quien hoy se enfoca en el estudio evolutivo de las pitones, explica que en Chile casi no hay laboratorios, aparte de los de las universidades tradicionales, y que, por lo general, los cupos allí ya están tomados. En cambio, en Australia el gobierno tiene una agencia de investigación reconocida mundialmente donde muchos de sus colegas trabajan.

-En Chile, lo más común entre los investigadores es querer conseguir una posición estable en alguna universidad, y esa opción generalmente se puede lograr en promedio recién a los 40 años.

Por mientras, Damien trabaja para llegar a Chile lo mejor preparado posible. Hace pocas semanas, en su segundo año de doctorado, publicó su séptimo paper en revistas académicas.

Lo que hizo Hernán Alcayaga, de 38 años, quien sacó un doctorado en hidrología en la Universidad Joseph Fourier de Francia, fue partir a estudiar al extranjero después de casi 10 años de experiencia académica y laboral. Tras egresar, en 2003, de ingeniería civil hidráulica en la Universidad de Concepción, trabajó allí cuatro años como investigador asociado, y luego en el Ministerio de Obras Públicas como jefe regional de Medio Ambiente. Pero ahí, dice, el trabajo se le hizo rutinario, y sentía que no avanzaba intelectualmente.

-Quería perfeccionarme, y me fui con una idea de tesis muy clara; de hecho, empecé a hablar con mi profesor de allá un año antes de partir.

Se fue en 2010 con su señora y su hija, y se dedicó casi en exclusivo a sus estudios. Sacó su doctorado en tres años, siendo el primero en terminar de su generación. Allá tuvo otra hija y necesitaba asegurar laboralmente su vuelta. Como ya había trabajado en el mundo académico, comenzó a mandar correos un año antes.

-Yo ya tenía una red dentro de las universidades de Chile, algo que mantuve mientras estuve en Francia, también tenía varias publicaciones, y lo otro es que estaba en una universidad muy prestigiosa. Además, me sirvió mucho un curso que tuve en el doctorado donde me enseñaron cómo hacer un currículo atractivo para las universidades.

A los pocos meses ya tenía opciones laborales en las universidades de Concepción y Diego Portales y en una empresa de ingeniería en Francia. Tras una entrevista por Skype con el decano de la UDP, ocho meses antes de volver aceptó la oferta para ser profesor full time a su regreso. Así, a mediados de octubre de 2013 llegó a Chile, y cuatro días después ya estaba trabajando. Hoy lleva casi tres años en el puesto.

-Tal vez en otras disciplinas no pase lo mismo, pero en ingeniería hay ofertas, por lo menos en mi especialidad, porque la hidráulica es un tema que está en boga por las sequías, las crecidas de los ríos, los riegos.

Ana Olivares, después de buscar trabajo en varias universidades de Santiago y regiones, decidió crear una consultora de dinámica organizacional. Comenzó en febrero de este año, y partió de cero. La próxima semana empezará su primer proyecto en una empresa aplicando sus conocimientos.

-La experiencia afuera fue maravillosa, pero haber ido a capacitarse afuera y volver, es como que te hubieras bajado del tren, y es súper difícil volver a subirse.

Mauricio Sáez, de la ANIP, explica que la situación ha generado más conciencia entre los postulantes y sus expectativas. "Hacer un posgrado no te da estabilidad económica laboral a largo plazo, y tener más grado académico no te garantiza nada. Eso es una situación que yo creo que la gente ya se dio cuenta, y ahora nadie que entra a un programa de doctorado dice que lo está haciendo porque le va a arreglar la vida".

"Acá en Chile no tengo experiencia en el mundo académico, no tengo una red que sí tenía en Pensilvania"

"Es una insatisfacción grande no estar en lo mío. No me llena, y esa inquietud la voy a tener siempre"

 Imprimir Noticia  Enviar Noticia