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Nuevo libro de la autora de "Los orígenes del totalitarismo"

Hannah Arendt: política y libertad sin transar

sábado, 18 de junio de 2016

Juan Rodríguez M.
Cultura
El Mercurio

Desde las revueltas del 68 a la falsa disyuntiva entre socialismo y capitalismo, "La última entrevista" reúne cuatro diálogos de la pensadora alemana entre 1964 y 1973.



En 1970, a la filósofa alemana Hannah Arendt (1906-1975) le preguntaron si creía que el movimiento estudiantil había fracasado en Estados Unidos, el país donde se radicó luego de huir del nazismo. "De ninguna manera", respondió, "los éxitos que ha logrado hasta ahora son demasiado grandes: en la lucha por los derechos civiles de los negros el éxito ha sido espectacular, y en la cuestión de la guerra de Vietnam ha sido incluso mayor". Sin embargo, advirtió, "el movimiento podría derrumbarse rápidamente si logra destruir las universidades". ¿Por qué? Porque "ellos mismos demolerían su propia base de operaciones", responde Arendt. "Y no podrían encontrar otra base, simplemente porque no pueden congregarse en ningún otro sitio".

La respuesta está en "Pensamientos sobre política y revolución", una de las cuatro entrevistas que reúne el libro "Hannah Arendt. La última entrevista y otras conversaciones" (Página Indómita, distribuye Liberalia), llegado hace algunas semanas a Chile. Las otras son: "¿Qué queda? Queda la lengua materna", de 1964; "Eichmann era escandalosamente necio", del mismo año; y "La última entrevista", de 1973, es decir, dos años antes de morir.

A mediados de los 60, Arendt ya era una intelectual reputada. Había publicado "Los orígenes del totalitarismo", el libro donde intentó comprender el inédito acontecimiento que fue el nazismo y, también, el estalinismo; y "Eichmann en Jerusalén", el reportaje y ensayo donde desarrolló su concepto de la "banalidad del mal". Por supuesto se le pregunta y Arendt reflexiona sobre el totalitarismo y el mal, pero también habla de las experiencias de vida que la llevaron a interesarse por comprender esas realidades: su infancia como niña judía, su colaboración con los sionistas, su encarcelamiento de ocho días durante los años del Tercer Reich, la huida a Estados Unidos, la polémica con parte de la comunidad judía estadounidense debido a "Eichmann en Jerusalén". También comenta temas actuales: las protestas estudiantiles en Europa y Estados Unidos, como vimos; el escándalo de Watergate, las tensiones entre las dos Alemania, entre otros.

"¿Recuerda si algún acontecimiento determinó su giro hacia la política?", le preguntan. "Diría que lo ocurrido el 27 de febrero de 1933: el incendio del Reichstag y los arrestos ilegales que le siguieron esa misma noche, las llamadas 'detenciones preventivas'", contesta Arendt, recordando la destrucción del edificio del parlamento, que los nazis atribuyeron a los comunistas. "No había lugar para la indiferencia en 1933", insiste.

Y no lo hubo más para ella de ahí en adelante. En 1973, en la última entrevista, en plena disyuntiva entre socialismo y capitalismo -desde la Unión Soviética a Estados Unidos, pasando por los debates entre izquierda y nueva izquierda y la política interna y externa de Nixon- Arendt se pone más allá, o más acá de esos "gemelos con distintos sombreros". Dice que no está segura de ser liberal, que no comulga con ningún credo, que no se adscribe a ningún ismo , que solo se vale de todo lo que le resulta útil. Tres años antes ya se lo había dicho a Adelbert Reif: la libertad es una cuestión política, no económica; es poder decir, escribir e imprimir lo que uno quiera. "Lo que protege la libertad es la división entre el poder gubernamental y el económico".

Eso es lo que no había en la URSS: "Lo que nos protege en los llamados países capitalistas de Occidente no es el capitalismo -explica-, sino un sistema legal que evita que se realice la fantasía de la dirección de las grandes empresas de penetrar en la esfera privada de sus empleados".

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