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Antropología dental:

La evolución de la humanidad está escondida en sus dientes

domingo, 12 de junio de 2016

AMALIA TORRES
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

Saber qué comían nuestros ancestros, cómo utilizaban su dentadura y por qué en la actualidad hay cada vez más personas que necesitan frenillos es parte de las investigaciones de un matrimonio chileno-alemán.



Como una moneda de quinientos pesos. Así era el tamaño de los dientes de los australopitecus, dice Kornelius Kupczik , antropólogo biológico, zoólogo alemán e investigador del instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.

Kupczik lleva años analizando fósiles, pero ha puesto el foco en su boca. Dientes, músculos y mandíbulas se han convertido en su material de estudio.

"Los dientes se han ido achicando, pero la cantidad es la misma. Los humanos modernos tenemos tantos dientes como los neandertales, incluso tantos como los antepasados de hace siete millones de años. Lo que ha cambiado es el tamaño y la forma", dice Kupczik, quien esta semana dictó una charla invitado por el Programa de Antropología y la Carrera de Odontología de la Universidad Católica.

Dientes grandes y una musculatura muy desarrollada a nivel de la mandíbula, son parte de los rasgos que hemos ido perdiendo.

Sin necesidad del ADN, y solo al analizar el esmalte, Kupczik dice que los dientes pueden revelar de qué especie era un fósil y conocer su edad.

"También permite saber otras circunstancias de la vida. Por ejemplo, por el desgaste de los dientes sabemos que los neandertales los utilizaban como una herramienta, como una tercera mano, para manipular piel, cuero o cuerda. Hay evidencia etnográfica de que los inuit, que también tienen un fuerte desgaste de los dientes anteriores, si cazan una foca, por ejemplo, utilizan los dientes con este fin. Por eso asumimos que los neandertales también lo hicieron".

La superficie de las raíces también permite saber si se comen alimentos duros o blandos. Los osos panda, por ejemplo, con una superficie radicular muy grande, comen alimentos duros, como el bambú. El oso polar, en cambio, que prefiere carne y otros alimentos "resistentes", no necesita tanta fuerza en su mordida, por lo que la superficie de la raíz es menor.

Por eso, Kupczik dice que en la actualidad, solo mirando los dientes, es posible saber si una persona es vegetariana o carnívora. "En la microtextura de la corona se ven las estrías que deja comer solo carne o solo vegetales. También influye en cómo masticamos, aunque en eso dependerá más cómo se cocina. La gente que solo come alimentos crudos, que sigue la tendencia raw food , necesitan una fuerza masticatoria más alta. Esto se ve en el desgaste del diente. Pero una persona que come comida rápida, donde todo es procesado, donde todo es blando, el desgaste de sus dientes es menor y la mandíbula y la lengua no se mueven de la misma manera".

Chuecos y apiñados

"Nosotros tenemos la cara bien vertical, pero nuestros antepasados, como los A ustralopithecus , tienen una cara más larga hacia adelante, más prognática, como los monos. Eso se debe a la dieta. Pero el cerebro también se ha hecho más grande, y la cara se ha movido bajo el neurocráneo, y así hemos acabado con un rostro más corto", agrega.

En varias investigaciones, Kupczik ha trabajado junto a Viviana Toro Ibacache, académica del Instituto de Investigación de Ciencias Odontológicas de la Universidad de Chile, quien, además de compartir su pasión por estudiar los dientes, es su esposa.

"Ya no tenemos esa presión selectiva de tener los músculos grandes y los dientes más potentes. Eso, a su vez, dio pie al desarrollo de otras estructuras del cráneo: se desarrolló más la lengua, para conversar; los ojos, para agudizar la vista... es una cosa por otra", dice Toro, quien realiza un proyecto Fondecyt para estudiar el rol de las fuerzas masticatorias y la relación con el cráneo humano.

Pero eso no es todo. "Desde mi punto de vista como anatomista es interesante no solo que haya una disminución del tamaño (de los dientes), también, en muchos casos, la aparición de mala posición dentaria: los dientes salen mal alineados, apiñados, con mala relación entre maxilar y mandíbula. Es algo que en los fósiles se ve casi nada y entre otras especies de mamíferos muy poco, pero sí en el humano".

La causa, dice Toro Ibacache, sería la evolución de la medicina. "Por características culturales no tenemos problema con esto: se puede operar, o hacer un tratamiento con frenillos, y así cualquier defecto genérico se pasa a la siguiente generación. En el Homo sapiens más arcaico, una buena posición de los dientes y una buena relación entre el maxilar y la mandíbula facilitaba la alimentación y permitía que pudiera seguir viviendo, preocupándose de arrancar del predador. Era parte de una vida estable. Eso ya no es así".

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