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Suelen retornar por problemas económicos o por quiebres con la pareja:

De vuelta en el hogar de los padres, un desafío para ambas generaciones

domingo, 05 de junio de 2016

Andrea Manuschevich
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

Volver a vivir bajo el mismo techo puede ser gratificante, pero también conlleva roces, porque los hijos no asumen las normas de la casa o porque los padres los intentan controlar.



Durante diez años, Patricio Saieg y su mujer, Patricia, revivieron su luna de miel. Sus dos hijos ya se habían independizado, por lo que tenían la casa solo para ellos.

Eso fue hasta hace dos años, cuando su hija Catalina (32) volvió a la casa. Y no sola. Lo hizo acompañada de su propia hija, María Jesús (3). "¡Ahí se nos acabaron las vacaciones!", cuenta Patricio. "Antes nuestra relación dependía solo de nosotros. Con su llegada esto cambió de forma importante, ya que antes nos sentíamos más libres, y ahora nos dedicamos mucho a 'la chica', la Jesús".

Reconoce que el retorno de Catalina ha sido una experiencia enriquecedora. "Lejos, lo mejor ha sido tener la posibilidad de criar a nuestra nieta en conjunto con nuestra hija. La cercanía que tenemos y poder vivir el día a día juntos es una situación que a mí como padre me tocó vivir con menos intensidad, porque tuve que estar más concentrado en el trabajo", cuenta Patricio.

En estos dos años, los tres han aprendido a compartir y a acomodarse unos con otros. "Ya estamos absolutamente acostumbrados, lo cual es súper rico, pero no significa que sea fácil y poco exigente", advierte. "Hoy los horarios dependen de la Jesús. Si se despierta a las 7 de la mañana, nosotros también. Antes, si no nos queríamos levantar, no lo hacíamos. Criar a los 30 es distinto que hacerlo a los 60", reconoce.

Para Catalina no fue fácil tomar la decisión de aceptar el ofrecimiento de sus padres de que volviera a su casa de niña.

"Recién había tenido a la Jesús; no me daban las lucas, y tampoco me daba mucha confianza dejarla todo el día con la nana", cuenta. "Al principio teníamos más roces. Me encontraban desordenada, y aunque le agradezco mucho a mi mamá su ayuda, a veces la sentía muy mamá de mi hija y con derecho a opinar de más. Pero igual me gusta compartir con ellos, y me encantó que para mi cumpleaños me hayan despertado todos cantando".

Alicia Etcheberry (34) volvió a vivir con su mamá, Carmen, después de cinco años de convivir con su pololo. "Me compré un departamento, pero igual prefiero ahorrar arrendándolo. Después de un quiebre amoroso, uno necesita contención, y qué mejor que volver al nido".

Un cambio que para Alicia ha sido como volver a la adolescencia. "Ella me regalonea, me compra cosas ricas y me espera con el calientacamas prendido. Me gusta, pero por un rato. Se preocupa mucho. Una vez no llegué a la casa hasta el otro día, y casi llama a los carabineros".

"A veces peco de ser demasiado preocupada, pero no puedes dejar de serlo, aunque ya sean viejotes. Además, no lo hago con mala intención", responde Carmen, quien, separada de su marido, reconoce que también encontró contención en su hija, porque al volver a su casa ella se estaba recuperando de un cáncer.

Aminorar los roces

Más que madre e hija, las dos se consideran compañeras de pieza y amigas. "Nunca vi su vuelta como algo negativo; todo lo contrario. Quizás lo más fome es que pierdes privacidad. Por ejemplo, si tienes un pinche, puede ser incómodo, pero la Ali es súper respetuosa, y si siente que incomoda, sale. Eso sí, yo después le cuento todo", dice Carmen.

Los problemas económicos, la separación de una pareja y tener la posibilidad de ahorrar son las principales razones que llevan a los jóvenes a volver a la casa de sus padres, según Pilar Wiegand, académica del Instituto de Sociología UC.

"El riesgo de que haya conflictos entre padres e hijos es alto. Puede que ellos no estén conscientes de que ya no es su hogar y que tienen que acatar las normas y, a la vez, los papás pueden creer que pueden controlar a sus hijos aunque ya tengan más de 30", dice Wiegand.

Para aminorar los roces entre generaciones, lo principal es que los hijos tomen la iniciativa de conversar con sus padres y negociar acuerdos (ver recuadro). "Hay que conversar sin temor cuáles son las expectativas de cada uno, qué es lo que se agradece y lo que uno entregará al otro", sugiere Teresa Quintana, psicóloga de la Universidad Adolfo Ibáñez.

"Lo básico es agachar el moño y asumir que se vuelve a la casa de la mamá, y no a la de uno. Hay que ser un aporte y colaborar, y no llegar con actitud prepotente", aconseja Alicia.

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