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Alejandro Jodorowsky:

"Perder un hijo me cambió la vida"

viernes, 27 de mayo de 2016

POR ERNESTO GARRATT VIÑES, desde CANNES.
Wikén
El Mercurio

El incansable autor de 87 años, que acaba de presentar con éxito su película "Poesía sin fin" en Cannes, habla de los duros momentos que atravesó luego de la muerte de su hijo Teo por una sobredosis en 1995. "Comencé a vivir de nuevo diez años después", dice el creador, quien cuenta que aún sigue tomando el arte -su arte- de la manera más personal y familiar posible: "Supe que iba a hacer arte para sanarme".



Alejandro Jodorowsky, director de culto de títulos como "El Topo" (1970) y "La monta ña sagrada" (1973), es ovacionado como si fuera un rockstar. En el epicentro de la edición 2016 de Cannes, el artista chileno se emociona por los aplausos que duran ya varios minutos después de presentar al público su última película, "Poesía sin fin": una autobiografía fantasiada que empalma con su anterior cinta de 2013, "La danza de la realidad".

Ambas películas son los recuerdos particulares, circences y fellinescos, de la niñez y adolescencia del chileno en Tocopilla y luego en Santiago. Ambos, además, son recuerdos arbitrarios y surrealistas que Jodorowsky conservó en su cabeza justo antes de su partida a Francia en busca del arte, de la vida y sobre todo para fugarse de la complicada relación con su padre, el autoritario Jaime Jodorowsky, representado en "Poesía sin fin" por su hijo mayor, Brontis Jodorowsky.

-Actualmente tengo 87 años. A esta edad filmé la escena final de "Poesía sin fin", donde perdono a mi padre -dice en una terraza del Hotel Marriot en Cannes, aludiendo a una toma donde su hijo Adan lo interpreta a él haciendo frente a este padre brutal. Ambos están en un muelle justo antes de la partida de Jodorowsky a París, y allí llegan a algo parecido a la reconciliación. -En verdad no había perdonado a mi padre hasta ese momento en que filmé esta escena. Me demoré 87 años en decirle: "Te perdono", y ahora te hablo y ya voy a llorar.... Fue un shock psicológico porque no lo había hecho. Mis hijos estaban esperando eso también, porque no conocieron a su abuelo. Es algo a lo que logré llegar porque pensando y pensando empecé a preguntarme: "¿Por qué fue así este hombre?".

Alejandro Jodorowsky confiesa que logró comprender a su padre de una manera integral: "Me di cuenta de que él también fue víctima... porque fue huérfano, tuvo que mantener a su familia, sin cultura; era artista de circo, en las ferias del sur lo llevaban como boxeador, tremendo. Vendía whisky falso. En uno de mis libros pongo todo lo que hizo. Entonces comprendí por qué era todo eso, y cuando tú comprendes ya puedes perdonar, pero cuesta, ¿no?

-En "Poesía sin fin" se puede ver un padre muy duro. ¿En realidad era tan así?

-No es ficción, así era. Cuando comienza "Poesía sin fin" ves cómo le pega a unos ladrones en su tienda de Matucana. Así lo hacía, y a las mujeres les bajaba los calzones en la calle para humillarlas, tal como lo mostré. Es idéntico, es igual.

El peso de una relación padre-hijo cargada de dolor, más una herencia represora, son parte del ADN crucial en la obra de Alejandro Jodorowsky, ya sea en el cine o los cómics, donde tiene una carrera impresionante en Francia y Europa con clásicos de las viñetas como "La casta de los Metabarones".

-Mi padre era así, intenso. Un día recibió un golpe de piedra en la nuca de parte de unos ladrones. Y quedó tirado ahí. Estuvo seis meses en cama con conmoción cerebral. Los ladrones le hicieron eso para castigarlo, porque tanto los había jodido que ahora le tocó a él. Fue un shock gigantesco para mí verlo así. Yo quería a mi padre y cuando vi que lo mataban me paralicé... Porque pierdes todo: pierdes al padre, eres niño. Fue terrible.

POESÍA SANADORA. Su reciente filme, "Poesía sin fin" -dice Alejandro Jodorowsky-, ha sido parte de un proceso "sanador" mediatizado por el arte. Su argumento gira en torno a los momentos en su juventud santiaguina del siglo pasado, cuando hizo amistad con poetas como Enrique Lihn o cruzó su camino con Nicanor Parra.

En la película se muestra, además, el triángulo amoroso entre Lihn, Jodorowsky y una joven interpretada por una actriz enana.

-La historia fue así -aunque en la película hay algo que no es real: la enanita que pongo en la película es más chica-: ella se llamaba María Eugenia Sanhueza y era una mujer pequeñita. Con Enrique Lihn fueron amantes desde muy jóvenes. Eran alumnos de la Escuela de Bellas Artes. Pero él fue creciendo y ella se quedó chica. A él le daba vergüenza andar con ella, le ponía zapatos de taco alto. Ahí fue cuando la dejó, es lo que cuento en la película. Y llegué yo. Me peleé con mi mejor amigo, él se peleó con ella y pasó todo tal como lo cuento en la película.

-La película tuvo una abrumadora ovación en su estreno.

-Llegué muerto de miedo a Cannes ¿Por qué? Porque lo oficial ahora es la cuna del cine industrial, que tiene una finalidad que es ganar dinero, entonces son películas dirigidas a eso. Y yo estoy tratando de hacer revolución, películas dirigidas a ser películas y olvidarse de si funcionan o no funcionan. Si marcha bien, qué bueno. Y si pierdes todo el dinero -como me pasó en "La danza de la realidad" en que perdimos todo- no importa, seguimos adelante mientras se pueda. Perdí todo en "La danza de la realidad" y seguí en esta como limosnero, pedí dinero y 10 mil personas me lo dieron. Entonces digo: "Estamos aquí en el nido de las víboras, voy a presentar esta película... qué va a pasar". Cuando vi el aplauso que me dieron, no sabía nada.

Con más de un millón de seguidores en Twitter, el chileno es conocido como el padre de la psicomagia. Desde su cuenta expresa twitteos sanadores que quizás no convencen a todo el mundo, pero la razón para optar por ese perfil chamánico y de sanación se encuentra en 1995: el año en que murió su hijo Teo Jodorowsky.

-Eso me cambió la vida. Siempre lo oculté... dije que mi hijo había muerto en un accidente hasta que un día me cansé y dije en público que había muerto de una sobredosis. Yo no sabía que se drogaba. Fue a una fiesta, se le pasó la mano y se murió a los 24 años.

El director y artista de origen chileno se emociona al recordar el momento.

-En ese entonces estaba trabajando en la traducción de (cómic) "El Metabarón" cuando me llaman por teléfono y me lo dicen de golpe. Estaba preparando una película con él que se llamaba "Juan Solo". Hice el cómic, pero no pude hacer la película porque era para él... Ahora he pensado que mi otro hijo, Adan, ya creció como para que la dirija, porque yo no puedo. Cuando me enteré de esa noticia casi me morí, sufrí diez años y en el camino me metí con la peor mujer de mi vida, una neurótica espantosa que me sirvió para pasar el dolor. Te juro, eso me salvó, tener una tirana en mi casa, neurótica, egómana horrenda. Me sirvió porque yo no podía vivir del dolor, es espantoso... Y por diez años. Hasta que pude comenzar a vivir.

Durante esa década, Jodorowsky se replanteó el arte y la manera de abordarlo.

-Podía vivir haciendo cómics, es un oficio que he tenido a lo largo de la vida, es industrial, pero también soy libre. Vivía en eso, tratando de sacarme este dolor de encima. ¿Qué es el arte, soy un bufón de la sociedad? Voy a decirles que el mundo es una porquería, pensaba... Hasta que me llegó la idea de que el arte solo sirve para sanar una herida emocional que tenía. Entonces, iba a hacer arte para sanarme, y después para sanar a quien pudiera. Esa fue mi posición, y me hizo humano, porque no tuve madre ni padre, porque mi madre, que era huérfana (nacida de una violación de su madre en Rusia), una mujer blanca en medio de judíos morenos que la menospreciaron totalmente, no podía ser una buena madre: estaba dominada por mi padre, y con mi padre nunca tuve una conversación sobre nada, nada más los domingos a ir a Gath y Chaves a ver vitrinas. Yo detrás y ellos delante. ¿Qué hacía yo?

QUÉ HACER EN UN SIGLO DE ARTE. Alejandro Jodorowsky es incombustible. Tiene planes para seguir haciendo cine, libros, cómics, y sus 87 años no parecen detenerlo en lo más mínimo.

-Claro. Estoy viejito. Yo digo que mientras que ese impensable que llamamos Dios me preste vida, yo sigo. Calculo que, bueno, ¿por qué no voy a vivir hasta los 90? No... en 3 años más tengo 90: hasta los 100, mejor. Si llego hasta los 100 años puedo hacer cuatro películas, puedo hacer la continuación de esta, cuando me fui a Francia, que se llama "Viaje esencial", y contar cuando pillé a André Breton, el padre del surrealismo, en el baño y lancé un grito que todos los perros aullaron, y me escapé. Todo lo que viví en Francia. Después me voy a México a la cuarta película, que se llama "La vida es un cuento" y que habla del misterio de México popular, de la Pachita, las operaciones mágicas, los chamanes. La quinta se llama "Amor puro" y es chica, porque narro mi historia y la de mi mujer, Pascale, que tiene 45 años menos que yo. La conocí cuando tenía 74, hace once que estamos juntos. Es una historia de amor, realmente amor puro, y quiero contar que el amor existe; aunque uno lo encuentre de viejo, existe. Ese es el final de la serie.

Ganas e ideas no le faltan para concretar más proyectos:

-Estas son películas que con tres millones de dólares, que es muy poco para el cine, las hago, pero si consigo seis hago "Los Hijos del Topo" que ya estoy trabajando en cómic.

Esta nueva historia, una continuación en formato de novela gráfica de su filme de 1970, va a salir publicada el 10 de junio y va a tener cuatro volúmenes.

-Los hice como una película gráfica. Alguien se va a entusiasmar, y eso puede dar un paso para el cine para todo el mundo, incluso para los que les gustan los Superman. Pero sin ninguna concesión. De nuevo se trata del problema del padre: es Caín y Abel bajo una maldición del padre.

Por ahora, dice, se focaliza en tratar de concretar "El viaje esencial" en Francia.

-Y lo haré. ¿Por qué? Porque soy el productor y sé que con esta película ("Poesía sin fin") voy a recuperar 200 mil dólares, 500 mil dólares, algo voy a recuperar. Ese poco lo voy a poner en la película y voy a hacer crowdfunding de nuevo. Después qué importa ganar dinero o no. Mañana me voy de Cannes precisamente porque comienzo un cómic con el mejor dibujante japonés, que se llama Katsuya Terada: "El Cosmopirata", que trata de unos piratas cósmicos en el futuro. Escribo el primer capítulo y con eso vivo, el cine no es mi pan, entonces no necesito venderme. Me pagan por mes: un cómic que escriba al mes me da para vivir.

-Usted solía sacar el tarot en un café de París. ¿Por qué ya no lo hace?

-Siempre tengo el tarot conmigo, aquí está -dice sacando desde un bolsillo las cartas de los Arcanos Mayores, que extiende en la mesa boca abajo. -No lo leo ahora porque no tengo tiempo. Todo el mundo me dice: "Léeme un tarot", y yo lo hago. Elige tres cartas. Una, dos, tres.

Este redactor obedece y saca al azar tres cartas del mazo.

-A ver. No te voy a decir el futuro ni nada -dice Jodorowsky, poseído por el momento. -Te voy a decir más o menos la frase, porque si no se demoraría media hora: está la Emperatriz y el Emperador. Sacaste una pareja perfecta. Y la Templanza, que une a los dos.

El resto de las cartas y sus significados son parte del derecho a la reserva. Solo baste decir que hubo 100 por ciento de acierto.

"Siempre lo oculté... dije que mi hijo había muerto en un accidente hasta que un día me cansé y dije en público que había muerto de una sobredosis. Yo no sabía que se drogaba. Fue a una fiesta, se le pasó la mano y se murió a los 24 años".

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