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Quiénes forman los clanes que se enfrentan en el Santiago College

domingo, 15 de abril de 2007

Equipo de Economía y Negocios
Enfoques, Economía y Negocios

Usan sus contactos políticos, contratan lobbistas, asesorías comunicacionales, hacen cadenas de mails y elaboran sofisticadas estrategias. Todo vale.

Al igual que otros colegios de la capital el Santiago College decidió emigrar hacia las afueras de la ciudad en busca de mejores espacios para seguir entregando la educación de vanguardia por la cual sus apoderados pagan mensualidades de más de $ 300 mil. Pero al contrario de lo que ha pasado en otras entidades educacionales, el enfrentamiento entre los opositores y los que están a favor del cambio ha adquirido ribetes políticos. "Se han gastado altas sumas de dinero en la contratación de empresas de lobby, asesorías comunicacionales y estudios de destacados abogados", cuentan apoderados.

Bastó que las autoridades del colegio confirmaran -a mediados de 2005- que el traslado del colegio al campus Los Trapenses se concretaría el 2009 para que bajo el alero del entonces tercero básico A se gestara el principal grupo de resistencia al cambio.

"En ese curso eran apoderados quienes hasta hoy son los principales detractores del proyecto como Milena Vodanovic (periodista y señora del ex ministro del Trabajo, Ricardo Solari), Andrea Butelmann (economista y miembro del Tribunal de la Libre Competencia) y Claudia Covacevich (arquitecta). Todos ellos usaron sus influencias para obstaculizar el proceso", cuenta una ex alumna y apoderada.

Sus principales argumentos eran mantener un colegio ciudadano y no convertir a la institución en un "ghetto".

"También queremos que nuestros hijos aprendan a vivir con limitaciones de espacio y respetar la tradición del colegio", cuentan opositores.

La estrategia se elaboró con rapidez. En un primer momento analizaron los aspectos legales -como el pago de indemnizaciones, contratos de educación y Ley del Consumidor- con el fin de encontrar algún argumento que impidiera el traslado. En segundo lugar se preocuparon de recolectar firmas y "hacer ruido" a través de los medios de comunicación.

También recolectaron firmas de más de un centenar de familias (las que en total suman 1.200 ), aunque dicen que había muchas más que se oponían al cambio pero no firmaron por temor.

El tema llegó a la prensa a través de artículos y cartas a los diarios. La acción más efectiva fueron los negativos correos electrónicos que llegaron hasta el Board of Trustees (dueño del 50% de la propiedad) advirtiendo una posible venta de la entidad.

Sin embargo, la batalla más dura que se dio en está guerra fría fue la que se generó cuando este grupo opositor intentó que el colegio fuera declarado Monumento Nacional para impedir su venta y obstaculizar su arriendo.

El lobby llegó a las altas esferas políticas. El grupo que apoyaba el traslado a La Dehesa tuvo que contratar nada menos que a Jorge Schaulsohn para frenar esta arremetida. "Nadie habla de política directamente pero claramente percibimos un choque de cultura política y de manera de vivir", precisa un ex alumno.

"Como este es un colegio de elite donde los apoderados son exitosos empresarios, reconocidos periodistas, políticos de alto nivel, artistas consagrados y profesionales de diveros ámbitos nadie quería que lo pasaran a llevar", cuenta una ex alumna y apoderada.

La contraofensiva
Los apoderados y ex alumnos partidarios del proyecto tampoco se quedaron cruzados de brazos.

Una de las primeras estrategias fue cambiar la empresa que los asesoraba comunicacionalmente. "Se cambió a la empresa Extend de propiedad de las hermanas Velasco, hijas de Belisario, quienes no estaban comprometidas con el cambio y eran muy amigas de algunos detractores, por la empresa de la Cristina Bitar", dice un apoderado y ex alumno de la institución.

Al mismo tiempo, se contrató asesoría legal para evitar que el colegio fuera declarado monumento nacional. Se realizaron viajes para informar y negociar con el Board of Trustees. Junto con ello, se decidió entregar los avances del proyecto en cada asamblea de padres.

Alertados por los dardos que venían del otro frente, los apoderados que apoyan el proyecto comenzaron a organizarse.

Se enviaron cartas de opinión con las razones que tenían para respaldar el cambio. Se dieron a conocer los desventajas de seguir en Los Leones, una zona que "se está llenando de oficinas, donde se han producido robos a la salida del colegio y algunos accidentes por la alta congestión vehícular", cuenta una apoderada. A eso se suma un estudio del tiempo en que los alumnos gastaban en viajar al Campus de La Dehesa para sus clases de Educación Física y "los pocos espacios para recreación que quedan en la antigua institución donde los más chicos deben ir en la tarde porque en la mañana sus salas están ocupadas", relata una mamá de pre kinder.

Asimismo circularon correos en los que apoderados que apoyan el traslado analizaban los argumentos de los detractores. "Considerábamos ridículo que hablaran de discriminación cuando el precio que se cancela mensualmente ya es discriminatorio". Viven como reyes pero aparentan ser unos mendigos. ¿A quién quieren engañar?, precisa una ex alumna y apoderada.

Por su parte, el directorio de la Alumni Association sacó una declaración oficial que respaldaba el cambio.

Hasta el día de hoy se muestran sorprendidos por los ribetes del cambio: "Tenemos un dolor profundo por cómo se ha ventilado el cambio a través de los medios de comunicación", dice el directorio de la Alumni Association.

A pesar de los entretelones, la decisión de cambiarse a Los Trapenses ya está tomada. El moderno edificio, "que se asemeja a las universidades estadounidenses", costará alrededor de US$ 17 millones y será construido sobre un terreno de 11 hectáreas adquirido en 1985 y 1990 a un valor cercano a 1 UF el metro cuadrado.

"El cambio va y lo que nos interesa es que se haga de la mejor manera posible. Eso significa ayudar a las familias que tengan problemas de distancia por el mismo", dice el Presidente del Centro de Padres, Francisco Javier Concha.

La última "movida"
A principios de este año, Fernando Alvear, presidente de la Fundación educacional, recibió de parte del Board of Trustees una carta. La cosa no habría pasado a mayores si ésta no hubiese adjuntado un documento denominado "Memorandum of Understanding" (MOU). Aunque en él queda claro que es un borrador para sentarse a negociar y que todas las propuestas están sujetas a cambio, el documento fue utilizado por los detractores como bandera de lucha.

Las cláusulas que proponía el MOU contemplaban algunos "detallitos" que podían dificultar el arriendo del campus de Los Leones, cuya propiedad se divide entre la fundación y el directorio.

Partiendo porque todas las cláusulas de un potencial contrato debían ser revisadas y aprobadas por la entidad, dada su condición de copropietaria.

Otro de los puntos conflictivos era la petición de que el 3% del arriendo de dicho campus quedara a disposición del Directorio. Aunque parece algo posible al sentido común, el tema se complica al pensar que el pago de 30 años de arriendo adelantado es la forma prevista para financiar la construcción del nuevo colegio.

Sobre el nuevo campus, el MOU pedía que el 50% de su propiedad fuera cedida al Directorio norteamericano. Por último, el memo incluía una cláusula que proponía el pago de un royalty por parte de la fundación por el uso sin fines de lucro del nombre "Santiago College".






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