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Ícono del puerto

sábado, 14 de mayo de 2016

Texto, Consuelo Laclaustra. Fotografías, José Luis Rissetti.
interiorismo
El Mercurio

A más de 70 años de su construcción, el primer "rascacielos" que hubo en Chile, ubicado en la plaza Aníbal Pinto de Valparaíso, continúa siendo un emblema para la ciudad. En la actualidad, el piso diez es la sede de la oficina de coworking IF Blanco 3IE, y sus dueños han velado por mantener su estilo Art Decó y respetar su valor histórico y patrimonial como un espacio social.



Desde el siglo XIX hasta hoy, la plaza Aníbal Pinto en Valparaíso, ubicada al final de la calle Esmeralda, se ha posicionado como un centro cívico y como uno de los puntos activos de la ciudad. Un carácter que se le atribuye no solo por su cercanía con el puerto y al auge económico que tuvo en sus primeros años, sino también porque ahí se sitúa el edificio Cooperativa Vitalicia, cuyo décimo piso recibió el nombre de Alto Valparaíso tras su renovación en 2014. Inicialmente, ese nivel era la sede del ex-Club Valparaíso y hoy se ha convertido en el centro de operaciones del espacio de coworking IF Blanco 3IE.

La historia del lugar es tan atractiva como el paisaje en 360 grados que se puede apreciar hacia el cementerio, los cerros y, por supuesto, al puerto.

En 1857 nació el primer club social en Chile bajo el nombre de Club Valparaíso, al alero de la Tercera Compañía de Bomberos, que en sus inicios realizaba sus actividades en los mismos salones de la compañía. Sin embargo, en 1941 la entidad decidió trasladarse a la plaza cívica Aníbal Pinto, a una planta libre de un volumen ubicado en la calle Condell 310. El proyecto del arquitecto Alfredo Vargas Stroller se transformó en un símbolo del Movimiento Moderno en la zona, ya que está inscrito dentro del canon de composición del Art Decó, siendo el primer rascacielos que se construyó en el país, y uno de los primeros en Latinoamérica, con una altura de 15 pisos.

Sin saber cuál era el valor de este edificio, la arquitecta Francisca Bardavid llegó al piso 10 para ver qué se podía hacer ahí, por encargo de uno de los dueños del espacio, su marido, Cristián Arévalo, quien lo había adquirido en 2010. Al llegar, los amplios ambientes, el suelo de parqué y la estética del lugar la convencieron de que debía ser utilizado como un centro social y de interacción que mantuviese su estilo Art Decó.

Debido a su carácter patrimonial, la idea inicial de un hostal tuvo que ser desechada, hasta que en 2014 el coworking IF Blanco, que ya cuenta con una sede en avenida Italia, en Santiago, se asentó en este recinto de 1.000 m2. Y fue sobre todo porque cumplía con una característica clave para su funcionamiento: ser un lugar para la vinculación entre universidades, startups y otras entidades como Corfo y empresas dedicadas a la innovación.

Bardavid asegura que todo el trabajo de renovación que hizo con su marido "fue a pulso"; cada paso del proyecto se realizó de manera orgánica para mantener la estética original. Se restauró y trabajó con un equipo de distintos artesanos que también estuvieron a cargo de la recuperación del Arzobispado, y con profesionales de la región para rescatar las maderas de enchapes, las puertas y los suelos.

Las ideas para la decoración, como los papeles murales, las lámparas de cristal y las paredes expuestas surgieron de distintos viajes del matrimonio. Debido al mal estado de las murallas, se les dio un toque contemporáneo al utilizar ladrillos para revestir las secciones dañadas.

Para Bardavid y Arévalo fue esencial mantener la historia, por lo mismo salvaron elementos antiguos del ex-Club Valparaíso, como un piano, muebles que fueron barnizados y libros empastados y diseñados especialmente para esa entidad. De esta manera, también se conservó parte del ADN de los anteriores inquilinos.

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