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La calidad de la educación inicial como signo de equidad

lunes, 26 de marzo de 2007

Benito Baranda. Director social del Hogar de Cristo
Economía y Negocios, El Mercurio

Como ya sabemos, las inversiones más notorias muchas veces se traducen en aspectos más bien materiales y visibles.


Sabemos que los esfuerzos desplegados por el Estado y por algunos privados, destinados a aumentar la cobertura de educación para los niños menores de seis años y generar mayores oportunidades para los sectores más vulnerables, son, sin lugar a dudas, un proceso encaminado a igualar las posibilidades de inserción social para las familias que anhelan que sus hijos crezcan y se desarrollen de la mejor manera posible.

Para responder entonces a la confianza y a las expectativas que las miles de familias tienen respecto de las salas cunas, jardines infantiles o cualquier otro programa no convencional de educación inicial, será necesario que nos hagamos responsables no sólo de hacer edificios y de aumentar alternativas, sino también de la calidad de lo que sucede en esos espacios, ya que, de otra forma, el sueño de la equidad puede diluirse.

Cryer (2005) considera que cualquiera que sea el ambiente en que se imparta educación a las niñas y niños menores de seis años, cuando hablamos de calidad para que se desarrollen de manera integral deben estar presentes las siguientes dimensiones: protección, experiencias apropiadas de aprendizaje e interrelaciones positivas.

De acuerdo con esto, uno de los proyectos más importantes que la Fundación Hogar de Cristo emprenderá en beneficio de los cerca de 4.500 niños y niñas que acoge en sus programas de educación inicial a lo largo de Chile es el programa "Niños Adelante", una iniciativa conjunta con el banco BBVA y la AFP BBVA Provida, entidades que financiarán parte del plan de mejoramiento de la calidad de la educación preescolar de la Fundación, durante un período de cuatro años.

"Niños Adelante" contempla la creación de equipos técnicos zonales que supervisen, capaciten y evalúen a los educadores de las salas cuna y jardines infantiles de la Fundación; evaluación constante de los componentes curriculares; capacitación y equipamiento pedagógico de la metodología Montessori, y un programa de trabajo con familias en el que los apoderados participarán del proceso.

Como ya sabemos, las inversiones más notorias muchas veces se traducen en aspectos más bien materiales y visibles. Sin embargo, invertir en el aumento de las capacidades profesionales y técnicas, en la evaluación constante de los componentes curriculares o en la participación protagónica de las familias y la comunidad en la educación son aspectos más intangibles y que involucran procesos graduales y a mediano plazo.

Por esta razón, resulta interesante que la empresa privada comience a colaborar en este sentido, a creer que los aportes encaminados hacia el mejoramiento de la calidad educativa se traducirán en acciones que rendirán cuantiosos beneficios sociales, ya que, finalmente, la justicia social se traduce en que todos los egresados de un mismo nivel educativo tengan las misma opciones sociales y económicas, es decir, que puedan ejercer plenamente su libertad.

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