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Ramón González, Premio a la Trayectoria 2016 de Revista del Campo:

El jinete de la final más emocionante del rodeo

lunes, 28 de marzo de 2016

Arnaldo Guerra Martínez
Reportajes central
El Mercurio

Hace exactos 40 años, junto a Pedro Vergara fue protagonista del desenlace más dramático en la historia del rodeo. Tras un empate a 26 puntos con Ricardo de la Fuente y Gustavo Rey, tuvieron que desempatar tres veces antes de ganar el Champion de Chile de 1976. Criador, jinete eximio, dirigente y miembro del Comité de Disciplina.



Fue hace 40 años. Y no se recuerda de otra final más disputada del Campeonato Nacional de Rodeo. Fue tan sufrida y dramática como el partido entre Chile y Argentina en la última Copa América, con empate, alargue y penales.

El escenario fue la antigua medialuna de Rancagua, toda de madera. Había tal fervor que se formaron dos bandos. Unos gritaban ¡O'-Hi-ggins!, ¡O'-Hi-ggins! alentando a Ramón González y Pedro Vergara, que montaban los caballos Placer y Angamos. Los otros, en menor número, ¡O-sor-no!, ¡O-sor-no!, por Ricardo de la Fuente y Gustavo Rey, con las yeguas Ña Juana y Cacarita. Mientras saltaban y gritaban no se imaginaban que asistirían a un desenlace inédito. Las dos colleras igualaron en puntaje-26- y hubo que realizar un triple desempate para poder dirimir quienes se llevaban la corona del 28° Champion de Chile.

"Nunca antes se había visto algo igual... Daba miedo cómo se movía la medialuna, con la gente de pie gritando y aplaudiendo", comenta Rodrigo González, quien con 12 años fue testigo privilegiado, junto a toda su familia, de la victoria de su padre, Ramón González. Finalizado el tercer desempate, la mamá y los hijos saltaron a la arena de la medialuna a celebrar con los ganadores. Era la segunda vez que Rancagua hacía de sede fija para la final y el primer título de la Asociación O'Higgins.

Hoy Ramón González González, con 85 años, revive su carrera en las quinchas, con casi una década de oro junto a Pedro Vergara -ya fallecido-, que los llevó primero al título máximo en 1976 y al vicecampeonato al año siguiente, y a ser animadores de cuanto rodeo se les puso por delante, colocándolos muchas veces en el ranking de los mejores. De bajo perfil, agricultor, ganadero y corralero multifacético, criador de caballos chilenos, jinete bravo en las atajadas, dirigente de clubes, miembro de la Comisión de Disciplina de la Federación y gran organizador de rodeos, recibirá el Premio a la Trayectoria que entrega todos los años la Revista del Campo en su tradicional encuentro con los campeones de todos los tiempos, previo a la disputa del Champion de Chile.

González está casado con María Angélica Aguirre Valenzuela, su apoyo incondicional, aunque desde que él tuvo un accidente grave a caballo dejó de ir a los rodeos y solo regresó para ver a sus hijos en las medialunas, una que otra vez. Tienen cuatro hijos: María Carolina, Rodrigo, Paulina y Sebastián -los dos hombres son corredores activos-, y nueve nietos, de los cuales Rodrigo siguió la tradición huasa. Además, tienen dos bisnietos y otros dos más en camino, por lo que el bichito del rodeo todavía puede transmitirse y mantenerse en el tiempo.

En los genes

Desde pequeño, Ramón González estuvo metido en las patas de los caballos. Su padre, Agenor, tenía campos -propio y arrendados- en la zona de Colchagua, y formó La Rosa, uno de los criaderos más importantes y antiguos, del que salieron caballos famosos como Arrocito, Jovencita, Pelagia, Buena Chica, Secretaria, Desdeñada, Cebollita y Algún Día, entre otros.

"Era un criadero con caballos muy buenos. Llegó a tener más de cien. A mi papá le gustaba la sangre del Quebrado, porque salían caballos vaqueros muy buenos. Él era agricultor, hacía cultivos tradicionales y criaba ganado en campos de Chépica, cerca de Nancagua y en Marchigüe, en la provincia de Colchagua", cuenta González.

Ahí aprendió de la sabiduría de grandes arregladores, como Rogelio Ordóñez -abuelo y bisabuelo de los Ordóñez que hoy figuran en el deporte huaso como Nano, Mauricio, Diego, etc.- y Hernán Nano Ramírez. De hecho, de muy niño pudo correr con René Urzúa, triple campeón de Chile. Como era amigo de su padre, muchas veces corrió con él. Incluso un par de veces lo mandó a buscar al Patrocinio San José, en Santiago -donde estuvo internado-, para que corriera en el rodeo de la Quinta Normal, que era el Champion de Chile de la época, y una vez lo ganaron. Ahí conoció la severidad de un exigente Urzúa.

Comenzó a correr en Colchagua, en rodeos, cerca de los nueve años, y más o menos a esa edad ganó su primer champion. "Los empleados de mi papá, que eran muy buenos, me empezaron a decir que saliera a correr. Incluso de la federación me llegó una invitación para ir a Viña del Mar cuando tenía como 11 años. Ganamos el premio en la categoría infantiles y juveniles", cuenta.

La agricultura y los caballos lo fueron atrapando y pese a que, le gustaba el fútbol y llegó a jugar en las infantiles de la Universidad Católica, como inter derecho, debió elegir entre el fútbol y el rodeo, conminado por su padre. Por opción y un poco también por darle el gusto a él, que a toda costa quería que su hijo corriera los caballos que él criaba, se decidió por el rodeo.

"Me gustaba trabajar con ganado. Me dediqué bastante a eso, criando y engordando, y a la compraventa también", dice.

Con el tiempo, el criadero La Rosa llegó a sus manos, y de ahí salieron algunos caballos importantes como Choclo, Tranca Larga, Discreta y Borrachita, y en tiempos más recientes Discretito, Tostao y Jovencito, entre otros.

"El que más me enseñó en el campo con los caballos fue Rogelio Ordóñez, pero a competir en el rodeo, don René Urzúa. El tenía el corral con mi papá y pasaron unas temporadas con mucho éxito. Había corrales muy buenos como el de la Comunidad Darío Pavez, uno de los más grandes y con excelentes jinetes... Corrí con muchos amigos y con los jinetes de mi papá, y terminé con mis dos hijos, Sebastián y Rodrigo".

La final de infarto

Ramón González y Pedro Vergara se conocían desde niños, habían corrido algunas veces juntos, pero nada duradero, hasta que se juntaron un par de temporadas antes de la gran final que protagonizaron.

"Pedro compró el caballo Angamos, que era extraordinario, y yo tenía a Placer, que también era muy bueno. Esos dos caballos nos dieron los más grandes triunfos. Eran rápidos y muy forzudos... No pensé nunca que podríamos llegar tan lejos, como ganar un Champion de Chile, y tan luego", dice González.

Recuerda que el caballo Placer se lo compró a Eduardo Zepeda de Talca, que era el que lo corría. Como se usaba a veces en esa época, hizo un trueque que involucró una cantidad de ganado y otra parte de dinero.

Hasta que llegó la hora decisiva cuando terminaron igualados a 26 puntos con la collera de Ricardo de la Fuente y Gustavo Rey, que fueron los primeros que hicieron los 26. González y Vergara tenían 16 puntos y solo les quedaba el último toro. Se las arreglaron para marcar dos primero por parte de González, cuatro de Vergara y tres de González más el punto de salida. Hubo que desempatar y ambas colleras marcaron tres puntos. De nuevo hubo que dirimir y ahora el empate fue a cinco. Vinieron los toros definitivos y ahí el cansancio se impuso, según cuenta González. Mientras se corrían los toros extra, la medialuna enloquecía y, en la cancha, en cada descanso, los fanáticos les tiraban agua a los pechos de las cabalgaduras. Al final, tres buenos contra cero de De la Fuente y Rey.

"Ganamos porque los caballos de nosotros se cansaron un poco menos. Las yeguas de los rivales eran de Ricardo de la Fuente y eran muy nuevas. Yo estaba como en las nubes... Antes, cuando corrimos el cuarto animal, Pedro me dijo necesitamos hacer 10 puntos para empatar y yo le dije aquí hay que jugársela... Póngale no más con ganas, porque vamos a ganar", comenta González.

El premio fueron medallas de oro, un trofeo y dos pasajes a Isla de Pascua para cada uno.

Al año siguiente defendieron el título con todo, pero no pudieron, pese a que hicieron los mismos 26 puntos.

Claro que González estuvo a punto de no poder ir a Rancagua. El Club San Vicente de Tagua Tagua, al que pertenecía, a la semana siguiente de ganar el Champion de Chile les organizó un rodeo para homenajearlos, así como a Eduardo Varela y Daniel Castro que también eran del Club y habían ocupado el tercer lugar. La idea era que los campeones corrieran con sus hijos, pero preparando los caballos, González se dio vuelta en el potro Choclo -que después le dio muchas alegrías- lo que le causó dos fracturas de cráneo, por lo que pasó varios meses en cama, en una pieza oscura.

Pero ya a fines de año, y sin consentimiento médico, comenzó a montar a caballo nuevamente. Y volvió al rodeo, hizo los puntos a sus colleras y volvió a defender el título, pero esta vez fueron vicecampeones.

"Se me cortó el estribo en la entrada de la atajada y por eso perdimos el champion y salimos segundos por un punto de diferencia frente a Samuel Parot y Eduardo Tamayo... Se me cortó el estribo y el novillo empezó a tirarme la pierna para abajo y ya me llevaba hasta el pecho, entonces paré... Ahí hicimos dos puntos malos y perdimos el champion", recuerda.

Varios años después se disuelve la pareja Gonzalez-Vergara, solo porque ambos privilegiaron correr con los hijos.

Ramón González quedó en la historia con Pedro Vergara por protagonizar esa final dramática, pero también por ser un jinete competitivo y ganador, que tenía gran estilo, muy inteligente y bravo en las atajadas. De hecho, se retiró y dejó de correr cuando vio que ya no estaba en condiciones de competir. Incluso hubo veces que habiendo completado algunas colleras no fue al Campeonato Nacional porque consideró que los caballos no estaban preparados, por ser nuevos o no tener el nivel suficiente.

Reconocimiento a conocidos

Si bien Ramón González integró junto con su amigo de juventud y compadre Pedro Vergara una de las colleras más competitivas del rodeo, también conoció a grandes colleras de jinetes y caballos que han pasado por el rodeo chileno. Por ello destaca entre a los mejores de todos los tiempos a Segundo Zúñiga y a Ruperto Valderrama, pero pone como número uno a los campeones Eduardo Tamayo y Juan Carlos Loaiza.

Claro que corrió con amigos y grandes nombres, como Claudio Cardemil, Mañico Cepeda, Daniel Castro, Raúl Amaro, José Víctor Quezada, Salvador Castañeda, Samuel Parot, Francisco Jara, Luis Mayol, Manuel Fuentes, Coteco Aguirre, Ruperto Valderrama y Vicente Yañez, también con Alberto Montt e incluso con Ramón Cardemil.

Mientras, entre los caballos menciona primero a Huila, potro que también está en la historia del rodeo y la crianza, del que fue propietario con otros tres socios y que alcanzó a correr dos veces. También menciona a Cervecero, Angamos, Canteado, Bellaco y Buscada.

Ramón González tenía buen ojo, que nunca le falló, para elegir los caballos. Cuando compró nunca buscó caballos consagrados porque eran muy caros, él prefería los que pintaban para buenos. En esas compras tuvo varias anécdotas, ya que en ocasiones se usaba el trueque en las transacciones.

Mucho se recuerda en la familia la vez en que salió en su auto y después volvió a pie. Al tiempo apareció un camión con un potro bayo llamado Cariño Malo. Cuando la señora le preguntó por el auto le dijo que se lo había cambiado a su amigo Antonio Sabugal por un potro de gran futuro. Otra vez, le cambió a Eduardo Durán un caballo muy bueno, el Caudillo, por una camionada de vacas.

González en su retiro inició una escuela de rodeo en Calera de Tango y después en la medialuna de La Reina para compartir sus conocimientos con los más jóvenes. Ahora, hace ya más de un año que no se sube a un caballo.

Lo hacía solo para transmitirle sus conocimientos a su nieto Rodrigo, y tal vez contarle, otra vez, que hubo un día en que ganó el Champion de Chile.

"La cueca de los González" se llama el tema que grabó el conjunto Los Puntillanos. En ella nombran a Ramón y sus hijos Rodrigo y Sebastián, y a los principales caballos que corrían.

 

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