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Gabriel Cañas

Las obsesiones de un actor en alza

viernes, 25 de marzo de 2016

por Rodrigo Munizaga
Wikén
El Mercurio

Ha participado en alrededor de 40 obras, tres teleseries y por estos días protagoniza la serie de TVN "Por fin solos" y el musical "Happy end" en el GAM. Ha sido Freddy Mercury y Paul McCartney en el teatro y tiene una disciplina muy estructurada de trabajo: lleva cuadernos de anotaciones, toma a menudo clases de voz y practica un largo ritual cada vez que actúa. Esta es su historia.



Ha actuado en seis musicales, pero reconoce que nunca ha visto uno. Es una de las figuras emergentes de la TV, pero cuenta que no ve televisión. Gabriel Cañas (30) no recuerda haber visto una obra de teatro cuando chico, pero siempre tuvo claro que iba a ser actor. Le gustaba el cine y cantar. En los coros del colegio o la iglesia, en competencias estudiantiles. Cantó desde 1° básico hasta 4° medio y se obsesionó con los ensayos.

-Postulé a Teatro de la Universidad de Chile y cuando di la prueba de admisión, vi en una sala que se tiraban unos bastones, salía una mina llorando y en el patio había gente haciendo movimientos extraños. Había tal intensidad que dije: "Esto es lo que quiero ser" -cuenta Cañas, quien tras 12 años de carrera se ha convertido en un actor con el que todos quieren trabajar y en esa cara que parece conocida, pero cuyo nombre aún no memoriza la gente. Por estos días protagoniza la historia juvenil de la serie de TVN "Por fin solos" -donde es pareja con Luciana Echeverría- y el musical "Happy end" en el centro GAM, y cuenta que hasta septiembre tiene los fines de semana copados con funciones de teatro.

Durante la entrevista se mueve, gesticula, se pone a cantar, se inquieta en la silla. Tan intranquilo es que rara vez va al cine, porque estar sentado le parece tortuoso. Y esa movilidad ha sido una tónica en su carrera: su currículum anota alrededor de 40 obras, un viaje a París para tener clases de voz junto a Annie Murath ("Piaf"), ayudantías en escuelas y universidades, clases de actuación para aficionados en el Teatro La Memoria y haber sido dirigido por Raúl Osorio, Manuela Infante y Rodrigo Pérez. Acaba de casarse, y entre las grabaciones de la serie de TVN, dos proyectos al Fondart y los ensayos de varias obras, no le queda un minuto, según parece.

-No creas. Soy de los que pueden hacer ocho cosas a la vez.

Cañas es uno de los actores que ha trabajado en más musicales en Chile. Fue Charles Aznavour en "Piaf", Paul McCartney en "Paul y John, una historia de The Beatles" y Freddy Mercury en "Mercury, la leyenda", que remontará en octubre. Para ponerse en la piel del fallecido líder de Queen, se obsesionó al punto de estudiarlo dos años antes de estrenar la obra, revisando todos los videos y registros del cantautor. Anotó cada diálogo, idea, movimientos de manos o de ojos en cuadernos que tiene guardados. Y tiene muchos: cada obra y teleserie que ha hecho posee su propio cuaderno de continuidad, con anotaciones del proceso creativo y que guarda en archivadores, por nombres y años.

-Me tranquiliza hacer metodología, establecer conceptos de trabajo. Mi cabeza funciona así. Fui terco y latero muchos años de mi vida: era autoexigente y como compañero de trabajo exigía a los otros; se me paralizó una parte de la cara, tuve muchos problemas por el estrés, por el exceso de trabajo y porque agarraba obras y me las echaba al hombro. De a poco he ido aprendiendo a que puedo ser mañoso y cuático, pero que debo limitarlo. Con más años de pega, sudor, trabajo, amor y desamor, veo que la flexibilidad es algo en lo que debo trabajar -confiesa.

UN HOMBRE DE RITUALES. Cañas dice que nunca ha hecho un casting. Llegó a TVN tras una llamada de Moira Miller, entonces a cargo de reclutar actores para el área dramática. Ella lo había visto en algunas obras y sin más trámite le ofrecieron el rol de Miguelo en la teleserie de la hora de almuerzo "El regreso". Su personaje, machista y popular, tuvo buena acogida y se quedó en el canal para hacer dos producciones más: "Caleta del sol" y "La poseída".

-Llegar a la tele fue raro, rico y vertiginoso. Moira Miller me dijo que tenía cara de cuico, pero también de pobre, que no lograba encasillarme y que eso era bueno para la tele. Llegaba a grabar con mi cuadernito de continuidad, con registros de mis escenas y de mis compañeros más cercanos. Mi nivel de obsesión e histeria fue mayor y sabía cada paso: que la siguiente toma partía con un plano medio, luego debía mover la cara para un lado, luego para el otro, mientras otro actor me tomaba, me decía un diálogo y así. Todo muy estructurado. En esa producción de (Álex) Bowen llegaban a registrarse 25 escenas diarias, algo absurdo -dice, aunque reconoce que en "Caleta del sol", el mayor fracaso de sintonía que ha tenido TVN, lo frustró.

-Para mí lo peor no fue el rating, sino que hicimos escenas increíbles, muy craneadas y después ponían una canción en clave cómica (empieza a entonar la clásica cortina de "El show de Benny Hill") y se iba todo al carajo. Ahí empecé a frustrarme, a darme cuenta de que mi trabajo no dependía sólo de mí, sino del camarógrafo, de que el editor y el productor general comprendieran mi personaje. Y decidí expandir mi reino a los guionistas, proponiéndoles ideas. Pero no me meto en la historia, sino en la ideología de cómo abordar al personaje -matiza.

El actor dice que cuando chico no había televisor en su casa porque su mamá -parvularia- decía que era dañino para los niños. En la adolescencia llegó una, pero con sus dos hermanas sólo podían ver un programa al día. Él quería ver "Guardianes de la bahía"; ellas, teleseries. Ahora tiene televisión en su casa, pero sin antena. Entonces no la ve. Tampoco tiene tiempo, dice. Aparte de ensayos y presentaciones, trota y toma talleres de perfeccionamiento de voz.

Como parte de su método de trabajo, Cañas es un hombre de rituales. No sólo de velas y del clásico "mierda, mierda", cuenta, sino mucho más allá:

-Antes de una función hago muchas oraciones. Soy muy religioso, pero no de una religión particular. Todo depende de la compañía con la que esté trabajando: si llevo más de un trabajo con ellos, hacemos rituales comunitarios, cantos, altares, rezos a los dioses del teatro y los invocamos a la función. En lo personal, siempre invito a algún difunto actor a actuar conmigo, preguntando quién quiere actuar conmigo. Y siempre me pinto los ojos rojos, un puntito en cada lado, en conmemoración a los actores antiguos que siempre se agrandaban los ojos. Incluso eso lo hago en la tele para escenas importantes, porque son mi cábala.

Las funciones de "Happy end", comedia musical dirigida por Álvaro Viguera, en la que interpreta a un gánster en los años 20, se extenderán por dos meses más. Luego reestrenará en el Teatro del Puente la aplaudida obra "Donde viven los bárbaros", de Pablo Manzi y que él define como la más difícil que le ha tocado hacer. La pieza narra la historia de tres primos que se reencuentran y uno de ellos se ve involucrado en el extraño homicidio de una joven. Con esa obra viajará a Lima y Berlín. Luego, en julio, estrenará "YouTube", de Daniela Castillo, junto a Andrea García-Huidobro, una pieza que imagina que tras el fin de la humanidad, seres del futuro encuentran un computador con acceso a internet y con la página de YouTube miran cómo eran los humanos. Para agosto, en tanto, formará parte de la versión de "Numancia" que alistan los hermanos Ibarra ("Víctor sin Víctor Jara") para el GAM, como parte de la conmemoración de los 400 años de la muerte de Cervantes. El montaje, en clave de musical, tendrá a 100 personas en escena.

-Teatro en verso, mi piedra de tope, porque me cuesta mucho aprenderme el texto. Será mi obsesión por los meses que vienen... algo en que entretenerme.

Luego de "Happy end" el actor reestrenará "Donde viven los bárbaros".

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