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La resurrección de la Bolsa de Valparaíso

domingo, 11 de febrero de 2007

Alejandro Sáez Rojas
Enfoques, Economía y Negocios

El precio de una acción de la plaza llegó a costar en 2002 sólo $ 5 millones. Hoy día ya vale $ 13 millones. Sus montos transados se han ido duplicando año a año, aunque a mucha distancia aún de Santiago. Aunque su objetivo no es competir con la capital.

"Estaba aburrido de que los periodistas me llamaran cada cierto tiempo para preguntarme cuándo cerraba la Bolsa de Valparaíso (Bovalpo)", confiesa el gerente de esa plaza, Arie Gelfenstein. Es que el fantasma de desaparecer amenazó a este centro de negocios con frecuencia durante los noventa. Pero desde 2002, han experimentado un proceso de expansión que los tiene contentos y con planes de seguir creciendo.

La acción de Valparaíso -o el derecho para convertirse en corredor- llegó a costar sólo $ 5 millones en 2002, cuando el mercado bursátil chileno estaba muy deprimido y tras la fuga que se le produjo de corredores: llegaron a tener sólo cuatro. Ahora se han recuperado, hay ocho actores transando activamente y otros dos - cuyo nombre no revelan- están a la espera de que la Superintendencia de Valores y Seguros les dé la aprobación para operar en la bolsa del puerto. Bovalpo tiene 60 accionistas.

Hoy el precio de la acción ya está en $13 millones, más del doble del deprimido valor al que llegó. Gelfenstein ve este monto como una oportunidad: quienes quieran aventurarse en el negocio de corretaje pueden hacerlo sin incurrir en la inversión que significa transar en Santiago o en la Bolsa Electrónica. En la primera, una acción puede costar $700 millones y en la segunda, alrededor de $50 millones.

La Bolsa de Valparaíso tiene planes además para contribuir a la riqueza arquitectónica de la ciudad, que ha estado en la mira de la opinión pública por la explosión que el fin de semana pasado produjo varios muertos y destruyó edificios que son parte de los bienes considerados por la Unesco para declarar la zona como Patrimonio de la Humanidad.

En los planes de Bovalpo está adaptar el edificio de la Bolsa a los nuevos tiempos, cuando ya las transacciones se hacen ciento por ciento por medios electrónicos y considerando que los corredores y organismos económicos locales necesitan de infraestructura moderna para desarrollar sus actividades.

Por eso, una idea, aún incipiente, es renovar la construcción que se encuentra en la intersección de la calle Arturo Prat, con Urriola, en el corazón financiero de la V Región, cerca de la Intendencia y del monumento a los Héroes de Iquique.

El proyecto, según cálculos iniciales, demandaría 300.000 Unidades de Fomento, aproximadamente US$10 millones.

La Bolsa está en conversaciones con la autoridad para ver la recepción a su iniciativa (los primeros contactos han sido favorables) y, según Gelfenstein, ya cuentan con inversionistas interesados cuyo nombre no puede adelantar. Todavía les falta definir cuál es la modalidad por la que construirían esta iniciativa, por ejemplo, si es que lo hacen a través de una sociedad inmobiliaria.

La idea es no alterar la fachada del edificio, que es parte de una zona patrimonial, pero remodelar completamente las instalaciones. Pasarían de los actuales 5.000 metros cuadrados a más de 12.000 y crecerían hasta los 12 pisos, el límite de altura para la zona en que están emplazados. En el nuevo inmueble se proyectan salas para conferencias, reuniones y un anfiteatro para eventos más masivos. El ruedo -que conservará su actual arquitectura y bella cúpula- daría paso a una cafetería o restaurant de nivel ejecutivo, que permita reuniones sociales y de negocios en Valparaíso: "hoy la oferta de este nivel es muy escasa en la zona", según Gelfenstein.

Con todo en Internet
Desde 1998 que Bovalpo incursionó en las transacciones por Internet. Incluso antes de que la red se masificara en Chile, ellos habían experimentado con conexiones en línea en distintas ciudades del país. Así es que experiencia en la materia tienen. Por eso es que también les hace sentido renovar sus instalaciones. Con un piso les bastaría para sus funcionarios y soporte técnico. El resto del edificio podría albergar a organismos económicos regionales, como la Corfo, que arriendan inmuebles en la zona.

La historia de la Bolsa emula a la del mercado: con altos y bajos e incluso un período de cinco años en que estuvo cerrada. Después de la crisis de los años "80, en que el peso se devaluó, las autoridades elevaron las exigencias de capital para organismos financieros como éste. Eso los dejó fuera del negocio, hasta 1987, fecha en que la Bolsa se relanzó. Pero tuvieron que partir de cero y perdieron buena parte de las operaciones que se comenzaron a realizar en Santiago. Según Gelfenstein, antes de la clausura eran unos actores muy relevantes, especialmente en las transacciones de renta fija.

A fines de los "90 y principios de está década estuvieron en un conflicto con la Bolsa de Comercio de Santiago. Está última entidad sólo les permitía a los corredores arbitrar acciones con Bovalpo previo pago de un impuesto y tampoco se podían realizar transacciones interbolsas. Un fallo de la Comisión Antimonopolios fue favorable para Valparaíso, pero el juicio que duró cinco años los desgastó.

Hoy se han volcado a la Internet. Una de las ventajas que ofrecen a sus corredores es que pueden ver en línea los precios punta de las tres bolsas simultáneamente. Y los costos de operar son más baratos que otras plazas: 120 UF mensuales como máximo. Además, Bovalpo tiene otro beneficio: sus utilidades se devuelven a los corredores y no se reparten como dividendo a los accionistas.

Así es que se han convertido en una verdadera bolsa electrónica. El reenfoque los ha hecho ganar experiencia en el manejo de información, por eso es que incluso, dicen, se han convertido en un "desarrollador tecnológico". Tienen un programa denominado Pebweb (programa de entrenamiento bursátil por Internet). Hoy el 10% de sus ventas proviene de la comercialización de sistemas computacionales que han creado. En total, la Bolsa recibe ingresos por alrededor de $300 millones por año.

Gracias al sistema en Internet, los volúmenes transados han crecido sostenidamente. Hoy están en alrededor de $1.200 millones mensuales, lo que no representa más del 1% de la Bolsa de Santiago: "pero a nosotros no nos interesa competir con la capital. Queremos superarnos a nosotros mismos e ir cumpliendo las metas que nos fijamos", se sincera Arie Gelfenstein.

Pioneros en Chile
Las primeras actividades de corretaje en Valparaíso comenzaron en 1880. Un grupo de corredores frecuentaba la oficina del martillero Alfredo Lyon Santa María para tomar parte en los remates de acciones y bonos y realizar negocios entre sí, cuenta el historiador Juan Ricardo Couyoumdjian.

Al aumentar el número de corredores y el volumen de negocios, especialmente de letras de cambio, se trasladaron a una oficina de la calle Prat. En 1892 se mudan a un local más amplio en la esquina con la calle Urriola, que fue conocido como el "Salón de Corredores". Es en 1905 que se convierten en Bolsa de Corredores Sociedad Anónima.

La Bolsa de Corredores concentró las transacciones de letras de cambio y moneda de oro hasta fines de 1922, cuando la Bolsa de Comercio de Santiago inició las operaciones en este rubro. Sin embargo, en los años siguientes la Bolsa de Valparaíso continuó con su primacía que en algunos instrumentos, como renta fija, llegó incluso hasta la crisis de 1980.

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