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Fundación Ciencia Joven y la Unesco premiaron cinco iniciativas:

La mejor innovación en educación científica se desarrolla en regiones

lunes, 11 de enero de 2016

Margherita Cordano F.
Educación
El Mercurio

De Valparaíso y Concepción proviene la mayoría de los proyectos destacados por su mirada creativa para enseñar sobre el área. Entre ellos hay propuestas de capacitación docente mediante kits lúdicos, videos en línea y con lenguaje de señas.



Kathleen Whitlock decidió enfocarse en reducir la desigualdad educativa tras ver que la revista The Economist nombraba a Chile como ejemplo del fenómeno.

Era el año 2008 y la profesora del Centro Interdisciplinario de Neurociencia (parte de la Universidad de Valparaíso) convocó a un grupo de estudiantes de doctorado y les propuso acercarse a los colegios para enseñar sobre ciencias.

"Decidimos empezar un programa de divulgación científica para contribuir a mejorar las oportunidades educativas de los estudiantes relegados al margen de la sociedad. Porque teníamos que hacer algo inmediato, necesitábamos una chispa y queríamos que tuviera sabor a Chile. Bautizamos el proyecto como Ciencia Al Tiro", cuenta Whitlock.

Desde entonces, el equipo -que actualmente incluye a estudiantes de magíster y técnicos de laboratorio- recorre escuelas vulnerables de Valparaíso enseñando a niños de 7° y 8° básico. Su consigna es la de aprender haciendo: para enseñar sobre energías renovables, en la Escuela Básica Pacífico instalaron duchas solares, por ejemplo.

"Nosotros también vamos a sus laboratorios. Todos los martes nos acercábamos y con los niños participábamos en experimentos, como ver en placas de cultivo la presencia de bacterias, algo bonito considerando que en la escuela no contamos con un espacio físico dedicado a esto", comenta Lorena Arredondo, profesora de Ciencias del colegio.

Los buenos resultados del proyecto permitieron que Ciencia Al Tiro sea una de las cinco iniciativas ganadoras del Premio de Innovación en Educación Científica, que por tercer año entregaron la Unesco y la Fundación Ciencia Joven.

Su objetivo es resaltar la innovación en la enseñanza de esta disciplina. "La educación científica es fundamental en un escenario donde la innovación y la tecnología son desafíos constantes en todos los sectores productivos, lo que tensiona las posibilidades de desarrollo de los países y exige capacidades crecientes de aprendizaje, de comprensión y de adaptación. Urge así contar con información y métodos innovadores que mejoren los logros de aprendizaje", cree Jorge Sequeira, director de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe de la Unesco.

Manos en la masa

Las cinco iniciativas ganadoras nacieron o se desarrollan en regiones. Entre ellas está el programa Biobío Energía de Chile que creó el Centro Interactivo de Ciencias, Artes y Tecnologías (CiCAT) de la Universidad de Concepción.

A través de jornadas de instrucción y la entrega de un kit con materiales, capacita a profesores sobre la unidad de energía que establece el currículum de enseñanza básica chileno.

Así, por ejemplo, con los docentes de 5° básico se trabaja en torno a los elementos de un circuito eléctrico simple y sus funciones. A los profesores se les enseña a crear su propio circuito y experimentar con las propiedades conductoras o aislantes de los distintos materiales.

"Para realizar esta lección, el kit incluye portapilas, pilas, ampolletas, trozos de cable, cuchara metálica, corcho, tubería de bronce y palitos de helado, entre otros. Son elementos simples que los estudiantes pueden utilizar con facilidad y que no corren riesgo de quedar sin uso en caso de daño, ya que se pueden adquirir con facilidad", cuenta Claudia Reyes, coordinadora de investigación del CiCAT.

En la Región del Biobío también nació el curso Ecología y Diversidad de Microorganismos Marinos , taller de tres semanas que se realiza en la Estación de Biología Marina que el Departamento de Oceanografía de la Universidad de Concepción tiene en Dichato. Allí se reúnen estudiantes chilenos y extranjeros a compartir conocimientos.

El curso se inicia con una embarcación científica, desde donde se obtienen muestras que los participantes analizan posteriormente.

El Taller de Jóvenes Programadores es una iniciativa de capacitación a distancia que fomenta Biblio Redes y que busca enseñar sobre programación de forma virtual.

"Cada curso cuenta con una tutoría específica en línea, a través de tutoriales preparados y de pregunta-respuesta de los estudiantes a los tutores, además de la retroalimentación de las misiones que los participantes deben cumplir para certificar cada módulo. Los tutores son expertos en educación y ciencias de la informática", comenta Francisca Labrín, del área de capacitación.

En el piloto realizado entre enero y abril de 2015 participaron mil jóvenes de entre 13 y 18 años, mientras que en junio la convocatoria alcanzó los 5 mil a partir de los ocho años y sin una edad límite.

Aprender jugando

De este último curso nacieron iniciativas como la del kinesiólogo Leónidas Arias (28). "Utilizando la cámara de video del computador y la interacción que permite Scratch -uno de los lenguajes de programación que aprendió entonces- implementé terapias basadas en bioretroalimentación visual, en condiciones tan diversas como pacientes con restricción de movilidad y dolor a nivel de hombro", explica.

Por su parte, Ciencia Especial destacó por su apertura. El proyecto, que ofrece talleres, capacitaciones docentes y videos en torno a actividades científicas en línea, está pensado para usarse en escuelas de educación especial. Todos los clips virtuales están traducidos al lenguaje de señas, por ejemplo.

"Creemos que destacamos por nuestra apuesta innovadora, promover la enseñanza y el aprendizaje mediante el juego de actividades prácticas y lúdicas, sin discriminar la participación de ningún niño entre los tres y 12 años, o de mayor edad en el caso de las escuelas especiales", explica Héctor Altamirano, director de la iniciativa, que nació en Valparaíso con el patrocinio de la Universidad Técnica Federico Santa María.

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