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Patricio Navia Cientista político y sociólogo

sábado, 09 de enero de 2016

Por Arturo Galarce
Cosas que nadie sabe de mí
El Mercurio




-¿Cómo lo apodaban cuando niño?

-Yo nací en Perú. Entonces cuando llegué a Chile, los cabros en el colegio me decían "Cholo". Pero para que te insulte, tú tienes que sentir que eso es insultante. Y para mí no lo era. Yo nací allá, y siempre me sentí chileno y peruano a la vez.

-¿Qué recuerdo retorna a su cabeza cuando piensa en sus padres? 

-La iglesia. Mi papá es pastor. Todas las noches hacíamos un culto con lecturas de la Biblia. Y el viernes en la noche, para los adventistas, empieza el día sagrado, y a cada uno le tocaba leer un pasaje bíblico. Yo me llamo Patricio Daniel, y el libro del profeta Daniel era de mis favoritos.

-¿Cuándo fue la última vez que pegó un combo?

-No era peleador de combos, pero era hiriente. Tengo la habilidad de pegar fuerte con palabras.

-¿Qué moda siguió en su adolescencia?

-En Estados Unidos conocí a muchos mexicanos y gracias a ellos escuché a Marco Antonio Solís desde la época de Los Bukis. Pero nunca me vestí como latino, con pantalón ancho y esas cosas.

-¿La peor metida de pata?

-Estuve 38 años soltero y en mi vida de soltero me mandé cag... de las que me arrepiento. Anduve con dos minas a la vez. A una no le importaba y a la otra le mentí, se lo oculté. Pero me encontró. Me pilló con mi amante en el Liguria. Así de desvergonzado era. Mi ex, muy decentemente, se paró frente a la mesa y me dijo: "No quiero saber más de ti en mi vida". Fue muy digna. Pero a mí no me importó nada. La maltraté mucho y me arrepiento.

-¿Se ha rebelado alguna vez? ¿Frente a qué?

-En Temuco, entre el 83 y el 86. Ahí me empezó a interesar la política. Con un amigo fuimos a ver Regreso sin causa, una obra de teatro de chilenos que regresaban del exilio. Eso me afectó mucho. Y también cuando los pacos le dispararon en la cabeza a un estudiante de medicina en la primera marcha a la que fui.

-¿Qué medicamentos guarda en su velador?

-Tomo anticoagulantes todos los días desde la trombosis que me dio. Después de un vuelo desde Alemania, me empezó a doler la pierna. Enojado fui a la clínica y le dije al doctor: "Vengo a descartar una trombosis". Me hicieron el doppler y me dejaron internado con riesgo vital.

-¿Qué es lo más que le gusta de usted?

-Me gusta la disciplina. Que si digo algo, lo voy a hacer. Cuando la gente dice: "Ay, estoy tan cansado, me quiero ir de vacaciones", los miro casi con desprecio. Está bien, me encantan las vacaciones, pero me llevo mi computador, mis cosas para leer.

-¿Qué piensa de los políticos?

-El político es un mecánico. Y no puedes ser un mecánico sin mancharte. Tienen que negociar, tienen que ensuciarse las manos, llegar a acuerdos con otros. Creo que Chile ha hecho una transición excepcional. Mi problema es con la generación vieja. Son como si Zamorano quisiera seguir en la selección. Ricardo Lagos fue un gran Presidente, pero quiere ser candidato a los 79 años. No. No. Ya fue su momento.

-Si entrara a su habitación y se encontrara consigo mismo, pero con 15 años. ¿Qué se diría?

-Que la adolescencia no es tan terrible. Que no sufra tanto por la selección nacional. Y que no elija el Liguria cuando salga con esa chiquilla en unos años más.

-¿Cuál es el lugar más extraño donde ha despertado?

-Me pasó un par de veces despertar con una mina al lado y no acordarme de cómo se llamaba. Pasaba normalmente en mi departamento, así que me levantaba y hacía un café o la miraba y partía jugando para averiguarlo: "Hola, mucho gusto, Patricio Navia, ¿cómo te llamas tú?".

-¿Ha sido o le fueron infiel?

-Bueno, ya lo dije antes.  Y no solo con la chica del Liguria. Y no sé si me fueron infiel a mí. Nunca pregunté. Pero si eres infiel, tampoco puedes andar poniendo condiciones para que te sean fiel a ti. Con mi señora actual establecimos códigos de fidelidad desde el principio.

-¿Ha robado algo?

-Libros de bibliotecas y de librerías. Cuando era chico tenía un gran amigo que coleccionaba estampillas y nos robábamos mutuamente las estampillas.

-¿Cuál fue el último lujo que se dio?

-Le regalé un auto a mi señora, que lo considero un auto bastante más caro de lo que tendría que haber gastado. Es un BMW 320.

-¿De qué se arrepiente?

-A mediados de los 90 pensé en hacerme ciudadano estadounidense. Y no lo hice. Ahora no cumplo los requisitos de permanencia. Si lo hubiera hecho, mi hijo podría haber nacido fuera de Estados Unidos y ser ciudadano de ese país. Ahora tiene que nacer allá.

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