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Programa piloto del Sant Joan de Déu de Barcelona:

En el hospital "sin dolor" creado para los niños todo se transforma

domingo, 27 de diciembre de 2015

AMALIA TORRES
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

Bautizan los procedimientos con nombres no atemorizantes para los pequeños y juegan a hacer tratamientos a peluches. Así se va el miedo y mejora la recuperación.



Máscara de astronauta, medallas, un medidor de fuerza y el moco loco. Todo eso es lo que escuchan los niños que se atienden en el Hospital Sant Joan de Déu, en Barcelona, cuando los tratan los médicos y enfermeras. Sin embargo, para cualquier adulto la máscara de astronauta sería una mascarilla, las medallas son los electrodos que se usan para los electrocardiogramas, el medidor de fuerza es sinónimo de tomarle la presión y el moco loco, una simple crema anestésica.

El lenguaje se cuida mucho en este hospital, ya que desde hace tres años están implementando un plan piloto que busca reducir el dolor en los niños hospitalizados, utilizando procedimientos no invasivos.

"Les explicamos a los niños según su edad, usando su lenguaje. Con esta y otras técnicas se aborda el dolor no quirúrgico del niño, en procedimientos que comparten miedo y ansiedad, como el pinchazo, el sondaje o cualquier otro", dice Encarna Gómez, coordinadora del programa "Hospital sin dolor en los pequeños procedimientos".

"Eres valiente, lo estás haciendo muy bien", es la frase que les repiten a los niños cuando tienen, por ejemplo, que sacarles sangre. Para reforzar esta idea, la huincha de goma que se pone en el brazo tiene dibujado un león, y mientras más se aprieta, indica que el niño es más valiente.

"También les damos medallas y diplomas de valentía, firmamos los que hemos estado en el procedimiento y ellos se sienten muy bien, les reconforta mucho", dice Gómez.

Para que no les den miedo algunos tratamientos, también se les explica paso a paso cómo va a ser el procedimiento y luego se les pide que ellos, usando máquinas como gas de la risa, se lo realicen a un peluche.

"Cuando invertimos más tiempo en darles información, en los siguientes procedimientos los niños se sienten más tranquilos y confiados", agrega.

Además de eso y a pesar de su corta edad, les piden a los propios niños que evalúen su dolor. "Desde los 4 a los 8 años nos dicen mediante caritas cómo se han sentido. Y los mayores de 8 lo hacen con escala numérica".

Saber escuchar

"No siempre se trata de dinero para hacer estos cambios, a veces basta con escuchar al niño y apoyarlo en que siempre haya alguien de la familia en los procedimientos para que se sienta más seguro, más confortable".

El proyecto, financiado por el laboratorio Galenicum, quiere implementarse en el futuro en otros países, como Chile. "Los niños son los grandes olvidados de la salud pública, la principal parte de la industria y del sistema sanitario está enfocado a las personas de edad media", dice Jürgen Krieger, marketing manager de Galenicum.

"Un buen medicamento da esperanzas de que un paciente se cure, pero sabemos que esto no es suficiente; también se necesita un buen sistema sanitario y creer que se va a superar la enfermedad. Científicamente, ya se sabe que muchas veces la mitad de la cura, sobre todo en niños, es la parte emocional".

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