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La reinvención de Jaime de Aguirre

sábado, 14 de noviembre de 2015

Por estela cabezas aguirre. fotos sergio alfonso lópez
Reportaje
El Mercurio

Listo para regresar a la TV, tras seis meses sin empleo, el ex director ejecutivo de Chilevisión dice que nunca se va a saber la verdadera razón de su despido y que el caso SQM afectó su prestigio. Reconoce también que durante su cesantía se acordó de toda la gente a la que él tuvo que despedir. "Yo, en mi vida, habré echado a setenta, cien personas. Pensé en ellas y en lo que sintieron".



Es un lunes y Jaime de Aguirre, ex director ejecutivo de Chilevisión, uno de los responsables del éxito de los 90 y 2000 de TVN, una de las personas que más sabe de televisión, el hombre que en 10 años llevó al primer lugar a su ex canal, figura en el Jumbo de Vitacura, a las cuatro de la tarde, eligiendo quesos y café.

Tiene invitados a su casa, dice.
De Aguirre, 63 años, cinco hijos, seis nietos, está en su nueva vida, una que empezó en mayo pasado, cuando el grupo Turner, dueño de Chilevisión, lo despidió. Entonces, de tener más de 700 personas a su cargo, pasó "a administrar al jardinero y la nana". De tener dos secretarias, "ahora ordeno yo solo mi agenda". Y de tener cientos de responsabilidades, "pasé a estar más preocupado de los muebles de la terraza que voy a poner".

Mañana debutará Alerta temprana, el programa de conversación política que lo tiene de vuelta en la TV, ahora en el rol de productor ejecutivo, tras seis meses de cesantía.

Apenas Luis Venegas, dueño del holding que agrupa a los canales Vía X, Zona Latina y ARTV, se enteró de que Tolerancia cero no seguiría al aire, lo llamó para ofrecerle revivir el espacio en Vía X. La oferta incluía mismo día, mismo horario y con los panelistas que él quisiera.

No lo pensó mucho para aceptar la oferta: era la única concreta que tenía desde su abrupta salida de Chilevisión.

-Yo me imaginé que iba a pasar así, porque meter a este personaje viejo, es como meter un piano de cola en un departamento. Son muchos años; entonces, cargas con el karma de tener demasiada experiencia. A nadie le gusta tanto eso.

-¿Cree que usted causa miedo?

-Miedo es una exageración, creo que causo preocupación. Y está bien: uno es lo que es.

Como en el chiste

Jaime de Aguirre, ahora sentado en un café de Vitacura, respira profundo:

-¿Cosas que aprendí en estos meses? Bueno, que lo que yo siempre decía en teoría, al final era cierto: que el cementerio está lleno de indispensables, que nada es seguro, que las cosas son frágiles, que el viento sopla más fuerte cuando el árbol es muy alto. Todo es verdad, y ahora lo digo porque lo viví. Porque es verdad que me vine guarda abajo.

Dice que parte de lo difícil que es vivir este proceso, fue la decisión que lo dejó temporalmente fuera de la industria. Al canal le estaba yendo bien en rating, pero los resultados económicos no eran buenos: "Tampoco tan malos -apunta-, tomando en cuenta la situación de la industria actual". Además, en ese período salió a la luz que en tiempos en que el canal era de Sebastián Piñera, su sociedad, La Música, facturó 146 millones de pesos a SQM, Aguas Andinas, Pampa Calichera e Inversiones Ilihue. Este dinero fue vinculado por la fiscalía a un financiamiento ilegal de la campaña presidencial de Piñera.

-No he sabido nada más desde mi única declaración en ese caso y que fue ampliamente difundida en abril. No me han llamado, ni formalizado. Nada -dice De Aguirre.

-¿Pero usted cree que esa fue la verdadera razón de su salida?

-Nunca vamos a saber en verdad cuál fue la razón por la que me sacaron. Y esa es una espinita que aún tengo clavada y que probablemente nunca me voy a poder sacar. La razón oficial por la cual salgo del canal es técnica, pero con el tiempo he llegado a la conclusión de que fue una explicación endeble. Ellos me podrían haber sacado sin darme siquiera una explicación, porque tienen todo el derecho a cambiar la jefatura, pero como coincidió con la factura, todo fue más raro. Pero he optado por creer en la verdad oficial, en lo que me dijeron de Turner. Siempre he dicho: tengo que creer lo que me dicen, porque si no, me voy a volver loco. Voy a andar peleando contra fantasmas y monstruos. Y vivir con permanente sospecha, no es manera de vivir. La gente te dice cosas, te tiran teorías, te alimentan, te generan sospechas. Es tremendo.

-¿El caso SQM perjudicó su carrera?

-Bueno, los hechos no cambian. El caso SQM evidentemente me afectó, me afectó al prestigio, porque uno siempre queda con la duda, porque la gente lee lo que quiere leer, porque nunca se leen las historias completas. En ese sentido, yo creo que sí, el caso SQM me rayó la pintura.

-¿Siente que su salida de Chilevisión fue injusta?

-Yo no sé si fue injusta o no. Me habría gustado que hubiera sido de otra manera, con más distancia con el tema boleta. Pero nunca es un buen momento para el despido. Esta pasada es la que me tocó a mí y con esta es con la que hay que lidiar. A ojos míos, y al parecer del resto, yo lo estaba haciendo súper bien, estaba tranquilo y algo pasó, y en la confianza está el peligro, y al suelo, en el sentido de quedarte sin empleo. Yo no he parado de trabajar desde que tenía 22 años. Entonces, que de repente te digan, "no te necesitamos más", es un shock, una caída brusca. Un cambio en las reglas de tu vida. Antes era una persona que tenía a mi cargo una actividad de mucha responsabilidad, de mucha adrenalina. De mucha proyección, de mucha visibilidad. Entonces, ese lunes fue despertarse y decir: "Chuta, y ahora qué hago".

El lunes 25 de mayo fue el primero de los últimos 40 años, 25 de ellos en TV, en que se sintió como en el chiste:

-Me levanté y quedé desocupado. Tal cual.

De Aguirre dice que ese día sintió pena, rabia y desconcierto.

-Uno se pone autoflagelante. Primero, que hice todo mal; después, que hice todo bien. Es una serie de confusiones. Y tengo que decir que una última cosa que me sucedió fue que empecé a pensar en toda esa gente a la que despedí. Yo, en mi vida, habré echado a 70, 100 personas. Pensé en ellas y en lo que sintieron.

"Uno se va metiendo de a poco en la cesantía profunda, porque al principio siempre hay gente que te llama, que me quiero tomar un café contigo, que la despedida, que la segunda despedida, que la tercera despedida, que te tengo un proyecto. Entonces, estás lleno de reuniones y de cafecitos. Hubo un momento en que mi sucursal era un café".

-¿Cómo se sentía?

-En algún minuto pensé que lo lógico era guardarse, no dar entrevista, meterte en tu casa, escribir un libro, hacer cosas más para adentro. Pero me dijeron que no, que no lo hiciera.

-¿Lo desilusionaron algunas personas?

-Sí, pero prefiero no dar nombres. Hay gente que obviamente tiene una tendencia mayor que otra a pegarse al poder o a evitar  a la persona que está en desgracia y pegarse a la que está en el éxito.

Tras el shock inicial, vino un período de pensar qué iba a hacer.

-Yo siempre me enfrento al mundo pensando en que me va a ir mal, trabajo como si me fuera a ir mal. Entonces, todo lo bien que me ha ido es un tremendo premio. Probablemente esto tenga que ver con mis ancestros judíos, pero pienso que en las empresas o aventuras que voy acometer, no me va a ir bien, y si me va bien es un regalo. Siempre he pensado desde la escasez. No soy un winner, no ando por la vida diciendo: "Obvio que me va a ir bien, poh chanchita". No, en general pienso que a las cosas hay que darles el doble de trabajo.

-¿Qué autocrítica se ha hecho de su paso por Chilevisión?

-Nunca entendí bien a la corporación y ese fue mi error. No siento haber sido soberbio. Lo que sí hubo fue un grado de desentendimiento con los dueños, lo que probablemente llevó a una incomunicación con ellos, de la que soy responsable. Podría haber orientado la empresa de una manera mucho más corporativa; la única disculpa que tengo frente a eso es que yo pensaba, y a lo mejor de manera equivocada, de que Chilevisión competía mejor con sus reglas, propias de la televisión abierta, que inmersa en una corporación con reglas generales hechas para algo cuya principal virtud era ser bueno para la TV de pago.

-¿Usted creía que sabía más que ellos sobre la TV abierta?

-Sí, y probablemente ese sea un gesto de soberbia, aunque no creo: es más una constatación.

-¿Qué opina de lo que dijo Francisco Mandiola, el nuevo director ejecutivo de CHV, de que el canal era percibido como chabacano por el público?

-En mi época hicimos muchas encuestas y en general reflejaban aprecio en la forma en que CHV hacía su TV. Se cometen errores de exceso en todos los canales y por cierto nosotros pudimos haberlos cometido. Pero bueno, cada uno puede tener su opinión y tendrá que hacerse cargo de ella. Hay que tener mucho cuidado nomás con no confundir lo popular con lo chulo, ni los gustos de las élites con los generales.

-¿Dejó usted a Chilevisión con una crisis económica, como sugirió Mandiola?

-De mi lectura de los balances y del desarrollo del canal, considero que CHV es uno de los canales más sanos de la industria; por lo tanto, no concuerdo con esa afirmación. Y nada más, porque no quiero ser comentarista de lo que hace mi sucesor.

Nueva vida

Cuando dejó Chilevisión, Jaime de Aguirre se había cambiado recién de casa. Dejó su departamento en el Parque Forestal y se mudó al cerro San Luis, en Las Condes. Es una casa amplia, de dos pisos. Se cambió por cosas prácticas, dice: el departamento del Forestal se estaba poniendo viejo, el barrio malo. Pero también por otra razón:

-Me interesó comenzar una nueva vida con mi pareja en un lugar armado por los dos.

De Aguirre cuenta que este período le ha servido para conectarse con su familia.

-Hace años no era tan buen abuelo. He mejorado y ahora durante mi cesantía, más. En algún minuto estuve muy inmerso en la pega y valorando poco cosas que son importantes.

Agrega que habitualmente sus hijos, entre 22 y 40 años, le alegan porque es trabajólico.

-Nosotros somos una familia que no se guarda nada. Mis hijos también me dicen que soy un pontificador con ellos.

Pero hubo un evento en su vida antes del despido, que le hizo cambiar algunas cosas. En 2011, tuvo un ataque al corazón. Regresaba de Cannes y ya en el avión se sentía raro. En la clínica le dieron el diagnóstico. No fue mucha la gente que se enteró.

-¿Le importaba que no se supiera?

-No sé, probablemente sí, porque no me gusta decir que estoy inhabilitado para hacer las cosas para las cuales estoy contratado.

Tras eso, dejó de fumar, inició una dieta y comenzó a hacer ejercicio.

-Aunque para eso soy como un acordeón: de repente me da, hago mucho, después lo dejo, me cambio de gimnasio. Voy y vengo.

Sin rating

Es martes y Jaime de Aguirre se acaba de reunir con Ricardo Lagos para llevarlo a Alerta temprana. Paralelamente, el ministro Jorge Burgos le confirma que será el primer invitado al programa, que se emitirá los domingos a las 22:30 por Vía X.

Como productor ejecutivo del programa, le ha tocado hacer de todo: elegir a los panelistas -Patricio Fernández, Cony Stipicic, Agustín Squella y Luis Larraín-, pensar la pauta de invitados, conseguírselos, ver los tiros de cámara y monitorear el catering.

-Yo lo encuentro entretenido.

-¿Le preocupó que se considerara que usted estaba sobrecalificado para este trabajo?

-No, yo sabía que eso iba a ser un comentario y me da lo mismo. Me lo han dicho sí, amigos, conocidos, pero me da lo mismo. Perdona que suene repetido, pero no hay trabajo en el cual uno no aprenda algo nuevo.

-¿Qué ha aprendido en este?

-Hasta el momento, que uno puede trabajar sin secretaria, sin oficina. Que las personas son igual de importantes cuando uno tiene grandes relaciones y pequeñas relaciones. Que las personas hacen la diferencia.

Dice que será raro no tener la presión del rating; de hecho, pasarán varios días antes de saber cuánto marcó el programa.

-Cuando uno está en la TV abierta, con un people meter encendido minuto a minuto, es como estar en el teatro: si a la gente no le gusta, pifia; y si le gusta, aplaude. Ese es el rating. Me imagino que haremos análisis más reposados, con mayor distancia; estoy aprendiendo de los públicos más segmentados, de otras dimensiones de masividad.

-¿Ha visto televisión abierta en estos meses?

-Sí, pero poca. No tengo ninguna obligación de hacerlo y no hay muchas cosas que me entusiasmen para ver.

-¿Le pasaba igual antes cuando dirigía Chilevisión?

-Sí, pero con la diferencia de que tenía una responsabilidad de lo que estaba ocurriendo ahí, porque era parte de mi trabajo, entonces la veía. Ahora no. Desde afuera, se ve que la TV está haciendo un gran esfuerzo por renovarse, todos los canales tienen programas nuevos, algunos más exitosos que otros, pero se ve una franca voluntad de renovación. Pero hay poca innovación.

-¿Qué opina del canal cultural que está creando el gobierno?

-Yo creo que los gobiernos no deben hacer canales. El Estado sí, como en el caso de TVN; entonces, se puede, eventualmente, pensar en un canal cultural. Pero hay que ver cuál es la forma que se le daría, el financiamiento que tendría y todo lo demás. Está por verse.

-¿Tiene preocupación por TVN y su situación financiera y de rating?

-No, ninguna. Como chileno puedo decir que a nadie le gusta ver que se deprecie, pero a mí no me corresponde pronunciarme al respecto. Prefiero no opinar.

La Polar, La Polar

Jaime de Aguirre estudió en los Padres Franceses, en Concepción; en esa ciudad empezó a militar en el MAPU. Cuando se vino a vivir a Santiago, para estudiar derecho en la Universidad de Chile, decidió con sus amigos arrendar casa en una población marginal, la Joao Goulart.

-Éramos cristianos socialistas, y queríamos  crear un mundo nuevo a través de lo cristiano.

Vivió ahí tres años, hasta el golpe militar. Su vida entonces tomó un giro inesperado: lo echaron de la universidad y se fue a trabajar a una minera. Después se dedicó a su otra pasión: el jazz, donde tocó con el grupo Kámara. Y luego se puso a componer jingles. "No te aflijas, mi negro,/ es llegar y llevar/ donde tú ya lo sabes/ La Polar, La Polar", fue uno de sus más famosos. El himno del "No" también lo compuso él. En 1991, junto con el retorno de la democracia, fue nombrado director de programación de TVN, y en 2003 emigró a Chilevisión, que entonces pertenecía al grupo Claxson.

-A los 63 años, ¿se tiene más o menos miedo al fracaso que cuando usted comenzó en TV?

-Más, porque antes uno tiene más posibilidad de repetir y repetir. A los 60 ya se tiene menos posibilidad de repetir. Entonces, uno se cuida más, es más cauteloso, más prudente. Por otro lado, tiene la gracia que uno ha aprendido mucho de la vida profesional y hay cosas que hace con menos miedo. Pero, en general, uno tiene menos oportunidad de equivocarse a los 63.

-¿Dónde se ve en 10 años más?

-Trabajando como lo estoy intentando hacer ahora, que es de manera independiente. Creo que me corresponde un trabajo más de freelance. Al menos, esa es la idea que me estoy haciendo. No sé, tal vez en 10 años me gustaría tener un medio de comunicación chico que manejar personalmente, que se pueda financiar con relativa facilidad y que haga una contribución a través de lo que yo sé hacer: tele, radio, noticia, conversación, entretención. 

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