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En Casa Museo Santa Rosa de Apoquindo Pinturas y caricaturas de un pionero (1832-1877)

Inédita exposición del primer pintor de paisajes en Chile: Antonio Smith

domingo, 18 de octubre de 2015

CECILIA VALDÉS URRUTIA
Artes y Letras
El Mercurio

La primera muestra individual del precursor de la pintura de paisajes en Chile, y también el primer ilustrador del país, se acaba de inaugurar en Las Condes. Fue el "pintor rebelde de la Academia", que creó un taller paralelo al que asistieron artistas como Pedro Lira y Onofre Jarpa.



Resulta extraño que no se hubiera hecho nunca antes una exposición individual de Antonio Smith (1832-1877). Más aun si se trata del precursor de la pintura de paisajes en Chile y del primer caricaturista en nuestro país. Un liberal que elaboró una suerte de discurso social a partir de la visualidad, con una caricatura sutil y mordaz. Y en la pintura trajo la estética del romanticismo europeo y se internó en el paisaje en tiempos en que -en Chile- solo se usaba como telón de fondo en las composiciones pictóricas.

Pero ese creador irreverente y talentoso era también un personaje bohemio y algo descuidado: pintó poco y solía no terminar totalmente sus pinturas. "Muchas de sus obras carecían de sus pinceladas maestras finales", escribió el crítico de entonces Vicente Grez. Tal vez allí resida una de las causas de la escasa exhibición de su pintura en el siglo XX. En cambio, sí hay obras suyas en importantes colecciones públicas y privadas del país, como en el Museo Nacional de Bellas Artes, la Pinacoteca de Concepción y el Banco Central, entre otras. Smith fue, a su vez, maestro de artistas como Pedro Lira, Onofre Jarpa y Valenzuela Puelma.

La muestra -abierta en la Casa Museo Santa Rosa de Apoquindo- viene a reparar la deuda expositiva que hay con su pintura y reúne -por primera vez- un conjunto de cerca de 50 obras. "Representa un 70 por ciento de su trabajo", afirma el curador y autor de un reciente libro sobre Smith, Samuel Quiroga. "Hay pinturas emblemáticas, como la premiada 'Claro de Luna' y 'Playa de Quintero'. No pudimos traer del Museo de Bellas Artes 'Río Cachapoal', que es icónica, porque está fuera del país, ni tampoco las de la Pinacoteca de Concepción, como 'Valle del Aconcagua', 'Paisaje' o 'Paisaje con laguna', que son muy conocidas", precisa el profesor de arte de la Universidad de Temuco.

Más allá de las ausencias, lo clave es que se pueden ver juntas las pinturas de Smith. Sus telas se despliegan impecables en tres amplias galerías de la hermosa casa-museo: están sus paisajes con cielos, brumas, penumbras, ríos y montañas de alrededores de Santiago. Son composiciones muy estéticas, con la impronta del romanticismo y en las que prima la melancolía.

Pedro Lira subrayó las cualidades del artista en más de tres páginas de su "Diccionario Biográfico de Pintores" (1902), haciendo una excepción, pues solía dedicar solo un par de párrafos a cada autor. Comenzó por reconocer que "Smith fue el primer paisajista chileno; más aun fue el inventor de este género en su país. Fue al mismo tiempo el iniciador de la caricatura entre nosotros, y en una época en que recién se inventaba la fotografía y no conocíamos este precioso recurso".

Queman sus pinturas

Hay reveladores libros antiguos y documentos históricos sobre Smith. Está el volumen de su amigo y crítico de arte Vicente Grez (1882); aparece en el Diccionario Biográfico de Chile de Pedro Pablo Figueroa (1897), y están los textos de Onofre Jarpa y los de Pedro Lira. Uno de los más completos es el publicado por Arturo Blanco, en los Anales de la Universidad de Chile.

El investigador relata que Antonio Smith hizo sus estudios de humanidades en el Instituto Nacional, "aunque nunca deslumbró en ello. Pero su vocación la dejó ver desde niño en las caricaturas que dibujaba en cuadernos escolares. En ese tiempo, con sus escasos ahorros compró telas, paletas y pinceles. Los cuadros de ese intento fueron algunos paisajes de factura romántica, que luego los destruyó su abuela: Trucios Larraín, quien consideraba indigna la actividad del nieto".

Smith siguió pintando. Ingresó a los 17 años a la Academia de Pintura, recién fundada y dirigida por el pintor Alejandro Cicarelli. Se convierte en uno de sus alumnos aventajados, pero luego discrepan. "Cicarelli despreciaba el paisaje cuando este era naturalista". Para Smith, esa apreciación estética implicaba una limitación imperdonable. Y se retira de la Academia.

Smith partió a Europa a los 29 años. Estuvo cinco años y destinó 12 meses solo a Florencia, ciudad en la que recibe lecciones del paisajista húngaro Carlos Markó. Al volver a Chile -terminada la Guerra con España-, crea su propio taller ubicado frente a la Academia. Muchos de los alumnos deciden complementar sus estudios con él y el lugar se convierte en un punto de encuentro y estudio para los jóvenes artistas de entonces, como Pedro Lira, Onofre Jarpa, Nicolás Guzmán, Cosme San Martín, Alberto Orrego Luco y Alfredo Valenzuela Puelma. Se transforma, así, en el impulsor de este género pictórico en el país, subraya la crítica de la época.

El pintor- personaje

Onofre Jarpa escribe sobre ese taller: "Como el paisaje se nos daba más fácil que la figura -bajo la dirección de Antonio Smith-, todos pintábamos. Pedro Lira y yo hacíamos nuestros primeros ensayos copiando y después al natural. Salíamos a pintar alrededor de Lo Contador, Macul o El Salto. Trabajábamos sin darnos reposo. Smith dibuja en el biombo (que servía para dividir el gran taller en dos) una caricatura. Representa a Pedro Lira pintando, rodeado de sus ayudantes y con una multitud de telas. Pedro Lira le contestó en el mismo biombo con otra caricatura".

Lira comenta después: "El sentimiento poético de Smith, su gusto delicado en la ejecución de la obra, su habilidad en el manejo de las tintas transparentes, del cielo y el horizonte, llegan a establecer un magnetismo que atrapa al observador".

El periodista y reputado crítico de arte Vicente Grez -autor del valioso libro "Antonio Smith. Historia del paisaje en Chile" (1882)- describe cómo pintaba: "Se sentaba frente a su caballete, tomaba los pinceles y formaba los colores; luego aparecían vagamente las formas de sus montañas, sus aguas transparentes y cielos brillantes".

Smith no demoraba más de cuatro horas en una composición sencilla y de pequeño formato. Y para los paisajes de gran formato destinaba ocho días. Ese fue el tiempo que dedicó a "Puesta de sol en la Cordillera de Peñalolén", Primer Premio en la Exposición Internacional de 1875.

Grez cuenta que no se detenía a estudiar el carácter de una montaña o de una roca, "sino que recogía los sonidos, los colores, las luces, las armonías, todos los caprichos fugaces de la naturaleza... De ahí viene su reproducción incesante de las noches de luna, las puestas de sol, las mañanas nubladas".

Antonio Smith exhibió en muchas muestras colectivas sus cordilleras, los "Paisajes de la Laguna Aculeo", "Laguna del Laja", "Puerta de sol", varias de las que se exhiben en la casa-museo. "El aplauso del público y la crítica fueron unánimes", escribía Onofre Jarpa. Y sitúan la época de mayor popularidad de Smith entre 1868 y 1876: "Vendía todo lo que pintaba", reseñan.

Sutil y mordaz

Smith era también un observador agudo y mordaz de la sociedad chilena y la política. Y un gran dibujante. En 1858 fue contratado como caricaturista del nuevo periódico "El Correo Literario". Partió como "un ardiente revolucionario en ese diario de oposición al gobierno de Montt", reseñan.

Las caricaturas de Smith, que aparecen en los diez primeros números del periódico, corresponden a las primeras publicadas en Chile, varias de las cuales están en la exposición.

El artista no recurre a grandes deformaciones en el dibujo, sino que, con sutileza y estética, ridiculiza ciertas características físicas y de la personalidad de sus personajes. Sus dibujos se adelantan al trabajo del grabado: "Smith dibujaba con lápiz de grasa sobre piedra litográfica. Pero debido al estado rudimentario de la imprenta en nuestro país, tenía que hacer el dibujo al revés para que en la impresión quedara en forma correcta", precisa Grez.

El primer número de "El Correo Literario" publicó las caricaturas que Smith hizo de sí mismo y de su compañero de redacción. La muestra exhibe la caricatura que hizo del poeta Guillermo Blest Gana, donde lo coloca sentado sobre un montón de libros, con aire compungido. Dibujó al poeta Guillermo Matta en actitud arrogante. Al historiador Diego Barros Arana lo puso de pie cargando gruesos volúmenes que llevan de título "Actualidades" o "El Museo". En tanto, a los hermanos Amunátegui -que hacían los trabajos de historia juntos-, los sintetiza en un árbol: desde las ramas brotan sus libros y desde la copa del árbol surgen las cabezas de Gregorio y Miguel Luis Amunategui.

Smith escribía poesía y era un conversador efusivo. Era también meláncolico. Terminó su vida sumido en la bebida. Murió a los 45 años, dejando una obra implacable que protagoniza nuestra historia.

Antonio Smith
Pinturas y caricaturas. Casa museo Gandarillas: Padre Hurtado Sur 1195, hasta el 29 de noviembre.

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