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Álvaro Bilbao, neuropsicólogo español:

"Cuando el cerebro del niño entra en modo juego es capaz de hacer mejores cosas"

domingo, 11 de octubre de 2015

C. González
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

El investigador acaba de publicar un libro en el que enseña a los padres cómo potenciar el desarrollo emocional e intelectual de los hijos.



No es necesario entrar a un laboratorio para aprender a sacar el máximo provecho al cerebro infantil. Basta con ir al dormitorio del niño, al patio de la casa, a la cocina, al comedor... "Para ayudar al cerebro hay que recurrir a la vida cotidiana". Y jugar.

El neuropsicólogo y psicoterapeuta español Álvaro Bilbao lleva años estudiando el funcionamiento cerebral. Junto con atender a pacientes, dar conferencias y dictar cursos, ha publicado un par de libros sobre el tema, en los cuales comparte sus conocimientos con el público general.

El más reciente de ellos, lanzado hace un par de semanas en España, es una suerte de manual práctico que sintetiza los conocimientos que la neurociencia ofrece a los padres y educadores, con el fin de que puedan ayudar a los niños a alcanzar un desarrollo intelectual y emocional pleno.

"En el libro quise plasmar mi experiencia como investigador y terapeuta, pero también como padre", cuenta desde Madrid a "El Mercurio". Gran parte de los contenidos de "El cerebro del niño explicado a los padres" -disponible en Amazon y próximamente en Chile- está basado en la relación con sus tres hijos, de 6, 3 y 2 años.

"Amigos, familiares y otros papás y mamás del colegio nos preguntaban a mí y a mi esposa (educadora) qué hacemos para que nuestros hijos estén tan contentos, se sepan comportar, sean despiertos... aunque igual se porten mal a veces, porque son niños".

Entonces supo que su experiencia puede ser útil para otros padres. Y eso lo comparte en el libro y en su sitio web www.elcerebrodelniño.com . "El objetivo es que cualquier padre o madre pueda aprovechar todo lo que se sabe sobre el cerebro para ayudar a sus hijos a que se conviertan en adultos felices y capaces".

En esa tarea, el juego es indispensable, enfatiza. "Estudios muestran que si dices a un niño que corra lo más rápido que pueda, lo hará. Pero si le dices que corra como Superman, correrá aún más fuerte. Cuando el cerebro del niño entra en modo juego es capaz de hacer mejores cosas".

Por ello llama a que los padres jueguen con sus hijos, una dinámica que ayuda a mejorar el vínculo, pero también el aprendizaje. El problema es que "se ha ido dejando de lado, por falta de tiempo y paciencia; muchas veces suplantamos esa labor con la tecnología". Y lo que pasa, dice el investigador, es que hoy los niños son capaces de usar una tableta, pero no pueden hacer una voltereta.

"Los niños pasan mucho tiempo con la tecnología, pero las nuevas tecnologías hay que saber usarlas". Existe mucha evidencia de que pasar demasiado tiempo frente a una pantalla hace niños propensos a la obesidad, problemas de conducta, déficit atencional y depresión. Además de volverlos menos tolerantes a la frustración.

Según Bilbao, en los primeros seis años de vida, el acceso de un niño a la tecnología debe ser muy restringido y siempre con la compañía de un adulto. "El cerebro del niño no está preparado para soportar toda la cantidad de información que recibe".

Esa sobreoferta de estímulos, además, hace que el cerebro infantil no se esfuerce.

Algo que a medida que crece se repite con el exceso de actividades extraprogramáticas. "Cuando un niño tiene todo el tiempo lleno de actividades, su cerebro no sabe entretenerse solo. Los niños necesitan tiempo para imaginar, para inventar cosas. Aquellos que cuentan con más tiempo libre son más creativos y capaces de resolver problemas".

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