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Inédito estudio abordó diversas variables, desde la productividad laboral hasta prácticas operacionales

Estudio CPC y McKinsey arroja duro análisis: la productividad no aporta al crecimiento de Chile desde hace una década

domingo, 11 de octubre de 2015

Silvana Celedón Porzio
Economía y Negocios Domingo
El Mercurio

En materia logística, una de las principales conclusiones del estudio es que si el país redujera el plazo que hoy tarda una empresa para exportar sus productos y servicios de 15 a seis días -que es el plazo que toman las economías más eficientes en esto, como Singapur y Estonia-, esto sería equivalente a una mejora de 7,2% en los precios de destino.



Cómo logramos que Chile siga creciendo? Es la pregunta que ha estado presente con fuerza esta semana. Salió al tapete con el inicio de la discusión en el Congreso del Presupuesto 2016 el lunes, y también en la reunión con empresarios que sostuvo el jueves la Presidenta Michelle Bachelet en el Centro de Estudios Públicos (CEP).

Una de las respuestas que el propio ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, y que también expertos han formulado, apunta a aumentar el aporte que está realizando la productividad al crecimiento del país.

La productividad es cómo la economía de un país, o las empresas, combinan los recursos disponibles de la manera más eficiente para lograr mejores resultados.

La productividad no es algo etéreo. El crecimiento de un país, medido por su Producto Interno Bruto (PIB), está conformado por la productividad total de factores (PTF), el capital (más conocido como inversión) y la fuerza de trabajo.

Estas dos últimas se encuentran estancadas por distintas razones. El capital, en parte, por el deterioro en la confianza del sector privado a raíz de las reformas del Gobierno y la incertidumbre de la economía mundial, mientras que la disminución del crecimiento de la población permite que la contribución de la fuerza de trabajo al crecimiento sea cada vez de menor magnitud. De ahí la relevancia que adquiere la PTF si el objetivo es impulsar la expansión económica del país.

Fue con este diagnóstico que la Comisión de Productividad de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) encargó a la consultora McKinsey un estudio, al que tuvo acceso "El Mercurio". La idea de emprender este análisis, encargado en mayo, es utilizar este insumo para definir los temas en los que trabajarían las nueve mesas técnicas de la Comisión de Productividad que comenzaron a sesionar el mes pasado y que han convocado a cerca de 100 expertos para levantar diagnósticos y propuestas.

Las materias que guiaron la creación de estas instancias están estrechamente relacionadas con los focos estudiados por McKinsey: la participación laboral, la logística, la simplificación de trámites, entre varias temáticas.

Esta no es la primera vez que McKinsey realiza un estudio en productividad. Ya en 2013 había realizado una investigación, pero el análisis fue por rubros y en esta oportunidad el enfoque fue distinto, dada la solicitud realizada por la CPC.

Productividad en Chile explica solo 2% del alza del PIB y en Corea, el 52%

¿Cuáles son los resultados del informe McKinsey? Entre 1990 y 1999 la expansión promedio del PIB en nuestro país fue de 6,3% y la productividad aportó 1,2 puntos porcentuales a ese resultado. Sin embargo, en los años siguientes esa contribución pasó a ser negativa, es decir, la PTF comenzó a restarle al crecimiento de Chile (ver infografía).

Entre 2000 y 2009, el aumento del PIB anual promedio fue de 4% y la productividad restó 0,5 puntos. Luego, entre 2010 y 2014, la economía creció en promedio 4,5% y la productividad restó más que en el decenio previo: -1 punto. Esto implica que, si en esos años la PTF hubiese crecido, la actividad del país habría crecido más (ver infografía).

La situación de Chile dista de los resultados que exhiben otros países. Al tomar un período de 25 años (entre 1990 y 2014), el crecimiento del PIB fue de 5% y la productividad aportó sólo 0,1 puntos porcentuales, es decir, la PTF explicó el 2% de esa expansión. En ese mismo lapso, la variable explicó el 29% de crecimiento de China, el 25% en India, el 52% en Corea y el 24% en Estados Unidos.

"Debemos hacer las reformas necesarias para aumentar la competencia, eliminar trabas regulatorias que generan pérdidas de eficiencia, mejorar el capital humano de los trabajadores, aumentar la flexibilidad laboral, eliminar burocracia y dificultades para invertir, adelantarnos en infraestructura y ser capaces de atraer talentos y de innovar para lograr aumentos relevantes de productividad si queremos volver a tasas de crecimiento potencial de 5% que hicieron a Chile dar un salto en los últimos 30 años", sostiene la directora ejecutiva de la Comisión de Productividad de la CPC, Joanna Davidovich.

Productividad laboral en el país es la mitad que en la OCDE

El informe de McKinsey no solo mide la productividad general o PTF, que se refiere a la combinación eficiente del capital y las horas trabajadas. También evalúa en qué situación está la productividad laboral, la cual se refiere a cuánto produce un país por cada hora trabajada.

Los resultados dejan claro la relevancia de impulsar la productividad laboral pues Chile, nuevamente, muestra distancia con otros países.

La productividad laboral nacional se ubicó el año pasado en US$ 27 por hora trabajada, mientras que el promedio de la OCDE llega a US$ 49 y en Noruega, que es el país con mayor productividad laboral, el resultado es de US$ 88. Esta cifra refleja que cada trabajador en Chile produce solo la mitad del promedio de la OCDE en una hora.

El problema, de acuerdo con los datos del informe, no radica en que en Chile se trabaje poco, sino en la poca eficiencia. De hecho, en nuestro país las horas laboradas por trabajador ascienden a 2.015 al año, superando al promedio de la OCDE (1.770 horas) e incluso a Estados Unidos (1.788 horas).

Según McKinsey, dadas las proyecciones de participación laboral y crecimiento poblacional, la productividad laboral debería aportar 3 puntos porcentuales para que el crecimiento del PIB vuelva a niveles del 4,5%. Ahora bien, si el país mantiene el aporte que la productividad laboral ha hecho al crecimiento de los últimos años (en torno a 1,4 puntos porcentuales), la capacidad de crecimiento de Chile solo podrá llegar a 2,9%.

Participación laboral es más baja

Otro de los temas que aborda el estudio es la evolución en los últimos años de la tasa de participación laboral en Chile, que corresponde a las personas entre 15 y 64 años que tienen empleo o que se encuentran en búsqueda de trabajo.

Si bien esta variable ha ido aumentado sistemáticamente -pasó de 60,3% en 2006 a 66,6% en 2014-, aún estamos lejos de los niveles de la OCDE y aún más distanciados de países como, por ejemplo, Holanda y Suecia.

La brecha que tenemos con la OCDE es de cuatro puntos porcentuales. Con países como Estonia, que tiene un PIB per cápita similar al de Chile, la diferencia es de ocho puntos y con países de alta participación laboral, como Suecia, la brecha llega a 15 puntos.

"Chile está al debe en materia de participación de mujeres y jóvenes en el mercado laboral, lo que tiene un impacto negativo en la productividad y el crecimiento. El estudio de McKinsey estima que llevar la participación laboral de mujeres y jóvenes hasta niveles OCDE podría aportar medio punto de crecimiento anual al PIB por los próximos 10 años. Claramente debemos hacernos rápidamente cargo de este desafío y avanzar en una agenda laboral que vaya en esa dirección", señala Alberto Salas, presidente de la CPC.

Otro tema laboral que aborda el estudio es qué tan conveniente resulta para algunas personas ingresar a estudiar una carrera y en este punto los resultados son decepcionantes en algunos casos. Pese a que los jóvenes consideran el mejorar su situación económica dentro de las principales razones para ser profesional, según McKinsey un porcentaje importante de las carreras tiene retorno negativo: 24% de las técnicas y 12% de las profesionales. Es decir, en esos casos resulta más caro estudiar que haber entrado al mercado a los 18 años ganando el sueldo mínimo.

Una de las razones que hay detrás de estos resultados es la poca información disponible que existe hoy en relación con los costos de una carrera, los niveles de empleabilidad y los ingresos estimados que recibirá esa persona. El estudio toma como referencia los datos de la página web "Mi Futuro" y, de acuerdo con el diagnóstico de McKinsey, esta herramienta es un avance, pero aún resulta complejo para muchas personas procesar en simple esa información.

"El desarrollo de Chile pasa por entregar a todos los chilenos las herramientas adecuadas para mejorar su productividad, con los consiguientes efectos en crecimiento, empleo y mejor calidad de vida. Y aquí destaco tres desafíos: primero, lograr una educación de calidad para todos, pues ella es el instrumento más poderoso para entregar verdaderas oportunidades a las personas. También es clave la capacitación, ya que es la principal forma de mejorar las habilidades de los trabajadores y, por ende, su nivel salarial. El tercero es el gran reto de acercar la educación al mundo de la empresa y al mercado del trabajo, de modo que las habilidades adquiridas sean concordantes con las necesidades del mercado laboral", dice Alberto Salas, presidente de la CPC.

Más costos en energía por cambios en matriz

En materia de energía, el estudio muestra cómo ha cambiado la composición de la matriz en Chile y los costos asociados a cada tipo de energía.

Si en el año 2000 un 46% de la matriz correspondía a hidroelectricidad, en 2014 el peso de esta energía bajó a 32%, siendo que es más barata que otras fuentes.

"Para desarrollar el potencial energético y lograr precios más competitivos en este insumo tan relevante para los sectores productivos, requerimos eliminar trabas regulatorias y procedimientos burocráticos que dificultan la aprobación, implementación y puesta en marcha de estos proyectos, como excesivos plazos de tramitación, múltiples permisos e incertidumbre jurídica que da pie a aumento de judicialización", sostiene Davidovich.

Reducción en plazos para exportar equivale a mejorar precios en 7,2%

En materia logística, una de las principales conclusiones del estudio de McKinsey es que si Chile redujera el plazo total que hoy tarda una empresa para exportar sus productos y servicios al mundo de 15 a seis días, que es el plazo que toman los países más eficientes en esto (Singapur y Estonia), sería equivalente a una mejora de 7,2% en los precios de destino.

Para llegar a seis días, la principal mejora considerada por el informe se da en materia de preparación de documentos. Davidovich explica que la digitalización de los procesos, la ventanilla única y una mejor coordinación entre organismos públicos involucrados contribuirían.

Hoy la preparación de documentos toma en promedio 7 días y el informe de McKinsey considera que este plazo podría reducirse a dos días.

"Simplificar trámites, digitalizar procesos para ser más eficientes, así como reducir barreras a la entrada, trabas a la inversión y mejorar la cadena logística, nos va a permitir que más empresas y emprendedores puedan realizar negocios en Chile y competir de mejor manera en el mundo. Los países puntales en competitividad, como Singapur y Corea, han mantenido tasas de crecimiento altas por períodos muy prolongados. Corea, por ejemplo, multiplicó por cinco su producto per cápita creciendo al 6,4% por 35 años", señala Davidovich.

Desde la perspectiva operacional, el estudio toma como referencia el ranking del World Management Survey, en el cual Chile se ubica en el tercer cuartil en calidad de prácticas de gestión. Aquí se miden prácticas tendientes a minimizar las pérdidas, a mejorar los estándares y a llevar al máximo las capacidades de cada trabajador en una empresa.

En este ranking, la calidad de gestión en Estados Unidos obtuvo entre 2004 y 2014 una nota de 3,29 -el primer lugar-, en una escala donde la calificación máxima es 5. Suecia exhibió un 3,17 y Australia un 3. Chile obtuvo una nota de 2,71. "Chile enfrenta el desafío de mejorar la calidad de sus prácticas de gestión en aspectos claves como gestión de procesos, adherencia a estándares y fijación de objetivos, gestión de desempeño y mejora continua, y gestión de talento", señala Davidovich.

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