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Estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona:

Tres de cada 10 cuentos para niños no tienen un final feliz

lunes, 21 de septiembre de 2015

Margherita Cordano
Educación
El Mercurio

Desde principios de los 90, los libros infantiles han ido introduciendo elementos asociados con adversidades de la vida que no siempre tienen solución. El objetivo es fomentar la reflexión y ayudarlos a enfrentar problemas.



Ni felices ni comiendo perdices.

Así resume Teresa Colomer la forma en que muchos cuentos infantiles concluyen su trama: en vez de un final positivo, la doctora en Educación y académica de la Universidad Autónoma de Barcelona estima que 3 de cada 10 obras actuales no terminan con una historia que se caracteriza como alegre.

Los datos fueron dados a conocer durante la conferencia de la Asociación de Investigadores Europeos en torno a la Primera Infancia, seminario que hace unos días reunió en España a cerca de 700 especialistas en el tema.

"Los finales felices para niños hasta los siete años continúan siendo mayoría, pero se mantiene una desviación de 30%. Esos libros distintos se dividen en tres tipos: los cuentos en que el conflicto no se resuelve, pero se muestra que el protagonista puede asumirlo; los con final abierto, donde no se sabe bien si el problema se resuelve o no; y los con final negativo", dice Colomer.

En entrevista con "El Mercurio", la investigadora aclara que las obras donde el conflicto no está resuelto obedecen a un cambio en los valores y visión de la realidad que la sociedad quiere transmitir. "Si un personaje se enfrenta a un dragón o tiene que encontrar una planta mágica, el conflicto se sitúa en el espacio exterior y el protagonista puede hacerlo desaparecer. Pero en los libros actuales el conflicto proviene a menudo del propio personaje; lo causa, por ejemplo, su miedo, agresividad o celos. O bien se produce por su encuentro con las adversidades inevitables de la vida, como la discapacidad o la muerte".

Colomer explica que el propósito moral que se persigue es el de "incrementar la capacidad de los niños para enfrentar problemas internos, el de enseñarles que el conflicto personal no puede evitarse, sino que forma parte de la vida".

Para Francisca Bertoglio, coordinadora de redes de la Fundación Educacional Oportunidad -institución chilena que participó en el seminario de Barcelona-, este cambio de paradigma resulta positivo para los más chicos.

"Se les enseña que la vida no es una ecuación de primer grado con una fórmula para ser feliz y evitar el dolor, que es más compleja. Si se aterriza la pregunta por el sentido del dolor y la adversidad al lenguaje de los niños, se les enseña que el sufrimiento es una parte de la vida que no es en sí misma mala y que, por sobre todo, pasa", plantea.

Realismo

Los datos presentados en Barcelona forman parte de un estudio realizado a fines de los 90 por Colomer, los que se suman a dos tesis doctorales que actualmente dirige. En total, cada investigación analiza 150 narraciones dirigidas a niños en edad prebásica y básica, que fueron las mejor criticadas durante el período en que se tomó la muestra. Los cuentos escogidos son de distinto origen; no importó el país del que fueran originalmente.

Trinidad Castro, escritora y experta en literatura infantil de la Fundación Oportunidad, confía en el resultado global de la muestra.

"El mundo editorial en Chile de a poco se ha abierto a obras más trágicas, cercanas también al realismo y mucho más poéticas. La ilustración ha aportado enormemente a esta mirada, porque permite introducir elementos que en palabras podrían parecer muy fuertes y jugar con dobles sentidos, con discursos paralelos que amplían la posibilidad de interpretaciones".

En las versiones infantiles de Hansel y Gretel o Pulgarcito, "por mucho que el lector se hubiera horrorizado, llorado o estado en tensión, podía tener la seguridad de que al final de la lectura experimentaría un alivio definitivo", indica Teresa Colomer.

En cuentos como "Hay una pesadilla en mi armario" (publicado el año 2001 y disponible para su compra en Chile) o "Nana vieja" (año 2000 y también a la venta en el país) este concepto se desvanece. Mientras en el primer cuento el final queda abierto al mostrarse el dibujo de una nueva pesadilla asomándose por el clóset del protagonista, en la segunda historia la abuela cerdita se despide cariñosamente de su nieta antes de morir.

"No se debe olvidar que cuando aún están iniciándose en la lectura, son los adultos quienes acompañan este proceso, quienes pueden hacer de intermediarios y guiar discusiones para que los niños sean capaces de reflexionar sobre los contenidos", concluye Castro.

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