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En el escenario hay una casa de muñecas, una mesa infantil, una mujer. Una mujer que piensa en voz alta y que también le habla a una niña que no vemos, de cuatro o cinco años, su hija. La llama "mi lechucita, mi lobo". Da paseos con ella esperando concretar una idea que le da vueltas en la cabeza: abandonarla. "Groenlandia", texto que la dramaturga francesa Pauline Sales escribió en 2003, es el relato de una mujer de treinta años que se enfrenta al lado más oscuro de la maternidad: esa idea de no querer ser más la "señora de", la "mamá de", y escapar dejándolo todo atrás. En este caso, una pulsión movida por un deseo: escapar a Groenlandia, un lugar frío y remoto que, en la cabeza de la protagonista, supone algo parecido a la felicidad. -A las mujeres se nos habla de la maternidad desde un lugar correcto. Pero hay un lado que tiene que ver con las sombras, con las profundidades. Un lado que no es tan luminoso -dice Javiera Osorio, la actriz que encarna este monólogo en cartelera en el Teatro de la Palabra hasta el 26 de septiembre. A su lado, un piano infantil y una caja con juguetes ocupan uno de los rincones del living de su departamento: los juegos de su hija Antonieta, de casi cinco años. -La cercanía (de la historia) conmigo es indudable: tengo 32 años y mi hija, cuatro y medio. Este texto fue como hacerme una revisión, pero no solo a mí, sino para atrás: pensar en mi mamá, en mi abuela, mi bisabuela. Ir más allá, no solo de mí, sino de mi herencia. En su caso, una herencia que pesa: ser hija de la recordada actriz Rebeca Ghigliotto, quien murió hace ya casi doce años. También de Raúl Osorio, director del Teatro Nacional Chileno, con una larga trayectoria y director de la emblemática "Tres Marías y una Rosa". "Groenlandia" ha sido para Javiera Osorio su trabajo más difícil en términos de exigencia actoral, ya que el texto tiene muchos saltos y una estructura no lineal. Y también muy aplaudido: la actriz tiene una voz y una presencia que llenan el escenario en los 80 minutos que dura la obra, en la que interpreta los distintos estados de ánimo por los que pasa esta madre. -Un monólogo es una tarea muy compleja, más aún con un texto contemporáneo, con una estructura no tradicional. Desde ese punto de vista, Javiera hace una muy bonita interpretación del texto, con momentos interesantes y sensibles. Ella tiene el teatro en su ADN y sale adelante magistralmente. Lo que logra es un muy buen momento de teatro -dice Víctor Carrasco, director del Teatro de la Palabra, quien incluyó la obra como parte de su cartelera 2015 por la conjunción femenina que se daba en el equipo (la autora, la protagonista y la directora de la pieza, Ángela Cabezas), pero también para dar espacio a una mirada distinta sobre la maternidad: la sola idea de abandonar a un hijo, socialmente condenable, acá se trata sin culpas. -Si se permitiera el hecho de poder bucear en esos espacios, uno puede crecer mucho, hacer un aprendizaje, lograr la diferenciación entre cuando crecemos y cuando aún somos niñas -dice la actriz. Y agrega que ha recibido más comentarios sobre su papel por parte de hombres que de mujeres: -Piensan en sus mamás, en sus abuelas, en lo difícil que es ser mujer, tener hijos. Me han dicho: qué complejo es el mundo femenino. A Javiera Osorio ser protagonista de esta obra la ha llevado a revisitar la vida junto a su madre, quien murió cuando ella tenía 19 años. Pero no sólo por el tema de la maternidad. También, porque varias personas que la han visto en la obra le han dicho que su forma de actuar y sus gestos recuerdan indudablemente a Rebeca Ghigliotto. -Yo conocí a su madre, y me impresionó muchísimo cómo de alguna manera Rebeca está presente en ella -dice Víctor Carrasco. TODO SOBRE MI MADRE. Poco tiempo después de la muerte de su madre, Javiera Osorio encontró entre sus pertenencias diarios de vida donde hablaba de su conflicto a la hora de separarse de sus hijas, y su dubitación entre las ganas de hacer teatro y los horarios: tener que llegar a la casa tarde, no darles todo el tiempo que quisiera a sus tres niñas: Camila (hoy de 40 años), Javiera (32) y Luciana (22). -Mi mamá fue súper consciente de eso, de lo que implicaba para ella el teatro -recuerda Javiera, quien siempre fue muy apegada a su madre. Desde chica conoció los escenarios teatrales y los sets de TV junto a ella, y de las tres hermanas, probablemente fue a la que le tocó vivir el mayor peakde popularidad de Rebeca Ghigliotto. Eso marcó su relación con ella. -Me ayudó a descubrir el deporte, todos los hobbiesque tuve fueron gracias a ella; cosas que para mí han sido fundamentales. Yo con la Antonieta trato de hacer lo mismo, de incluirla en mi vida, en el sentido del teatro. Le muestro el teatro, sabe dónde trabajo, conoce a las personas con quienes estoy, la llevo, la familiarizo con todo eso, porque es muy fácil en un medio como este dejar a los hijos de lado, porque el teatro es más tarde, más bohemio, y lucho con eso, con que también sea algo familiar. Al contrario de su madre, su carrera siempre ha sido de bajo perfil. Ha tenido esporádicas incursiones en teleseries, y el fuerte de su carrera ha estado en el teatro: se ha movido entre el undery autores como Shakespeare y Strindberg junto a la compañía Teatro del Terror. Sin embargo, la veta que más ha explotado es la formación de actores, primero en la Universidad Diego Portales y ahora en la escuela de teatro La máquina del arte. Eso, hasta ahora, que aceptó la propuesta de la directora Ángela Cabezas de montar "Groenlandia": su papel más expuesto y más complejo de abordar. Desde hace un tiempo, Javiera Osorio está muy distanciada de su padre. Sin embargo, la figura de su madre la acompaña a todas partes. -Nunca he tenido problemas con que me relacionen con mi mamá. Es algo que ha ocurrido muy de afuera, pero no ha sido una carga. Siento que está súper presente, y me impresiona. Paradójicamente no está, pero está. En mi vida he llegado a muchas personas por el cariño que le tienen a mi mamá y eso hace que esté muy presente. Pero es difícil. La echo de menos.