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Las lecciones aprendidas de Gracia María Omegna

jueves, 10 de septiembre de 2015

Por Rodrigo Munizaga. Producción: Daniela Quinzio. Maquillaje y pelo: Mila Delaporte.
Especial YA
El Mercurio

La primera vez que quedó en una teleserie, lloró. Y no de alegría, sino todo lo contrario: no quería trabajar en televisión. Hoy, convertida en protagonista de telenovelas, dice no estar dispuesta a ser rostro publicitario, a dejar que la farándula se entrometa en su vida privada o a cambiar su ADN por el éxito económico o profesional. Estas son parte de las definiciones de la actriz de ?Papá a la deriva? tras nueve años de carrera en TV.



Lección 1:

¿Ser o no ser rostro?

Sus papás no tenían dinero para pagar su universidad. Cursaba tercer año de Teatro en la Finis Terrae y su tía actriz, Berta Lasala, la aconsejó.

-Me dijo: "Ya basta, tienes que ir a un casting, consigue un trabajo, muévete por tu vida", y yo le dije: "OK" -recuerda María Gracia Omegna, actriz, 30 años, hoy protagonista de la teleserie con mejor rating de la tarde, "Papá a la deriva", de Mega. Y sigue con el relato:

-Mi tía me presentó a Herval Abreu (director de telenovelas). Fui al casting de la teleserie "Charly Tango". Un poco obligada, porque no quería trabajar en televisión. Tenía rollos con el formato, porque el cine o el teatro te ayudan a crecer artísticamente y conoces al personaje de principio a fin, no como la TV, donde no sabes cómo irá a terminar. Fui, no quedé, y dije: "¡Excelente!". Le dije a mi tía: "Oye, lo intenté, no quedé no más". Pero estaba feliz, esa es la verdad. Y al año siguiente, en 2007, Herval me llamó de nuevo, y ahí quedé. Cuando me lo dijeron, me puse a llorar, salí muy mal de Canal 13, porque estaba confiada en que no me iban a dejar, no quería. Pensé: "¡Maldición, ¿en qué me estoy metiendo?". Pero no tenía remedio, necesitaba la plata. Tuve que dar explicaciones en la universidad, decir que iba a congelar un año. Mi profesora en ese momento era Paulina García, y le conté. La Paly me apoyó, aunque ahora me dice que cuándo voy a dejar de hacer tele.

Ocho años después de ese momento, María Gracia Omegna está convertida en una de las actrices más importantes de las teleseries chilenas.

Pero, como muchas, empezó desde abajo. En "Lola", la actriz tuvo un rol secundario, y apenas terminó de grabarla volvió a la universidad para concluir su carrera. Su primer papel importante vino en 2010, cuando interpretó a Leonor Encina en una versión libre de "Martín Rivas" que hizo TVN. Fue su primer rol protagónico.

-¿Cuándo entendió lo que significaba la palabra "rostro"?

-Es un concepto que tiene que ver con un aspecto más comercial que actoral. Pero yo no soy rostro (se ríe). En serio, no lo soy. Soy una actriz que trabaja en televisión, pero no tengo condiciones especiales de trabajo ni un lado comercial. Al contrario, siento que no soy nada de comercial, y a veces me gustaría serlo un poco. Por ejemplo, me han llegado propuestas de marcas para que sea rostro en campañas, y no las he aceptado, porque me incomodan esos espacios. Al principio no quería, por una cosa ideológica, lo encontraba terrible, pero ahora me he dado cuenta de que además soy muy pudorosa. Y si ser actriz me da para vivir bien, siento que no tengo la necesidad. ¿Para qué?

-¿Cómo alguien que se define de bajo perfil termina siendo protagonista de teleseries?

-Porque no fue algo que planifiqué. Sólo ocurrió. Me gusta ser bajo perfil, porque ya llevo una vida expuesta, entonces lo que protejo es mi intimidad y no mostrar más de lo que ya lo estoy haciendo. Hacer una teleserie te expone a que la gente te vea y opine de tu trabajo, entonces reservo más los otros espacios y trato de no ir a muchos eventos ni programas, sólo los necesarios. El bajo perfil es algo que me acomoda, con lo que me siento bien. Aparecer en afiches, en revistas, todo eso me da igual, no es algo que tenga que ver con lo que yo quiero. Por eso digo que no soy "rostro": no es lo mío.

Lección 2:

No transar su estilo de vida

Desde hace años la actriz vive en una casa que arrienda en la comuna de Ñuñoa. Se compró auto hace poco -a regañadientes-, aunque cada vez que puede usa la bicicleta.

-Fue inevitable comprarme un auto, porque trabajo en televisión y debo acomodarme. Obvio que mi estándar de mi vida subió en comparación a cuando no estaba en la tele. Tengo que invertir en entrenamiento, limpiezas faciales, alimentación, cosas en las que no gastaría si no estuviera tan expuesta. Pero dentro de ese contexto, trato de mantenerme lo más coherente a lo que soy, porque no voy a vivir una vida de ricos y famosos si, además, no la voy a poder mantener en el tiempo. Todos sabemos que el trabajo es inestable: un día estás full pega, y luego te llaman menos, o no lo hacen. Los beneficios materiales no me importan mucho. Sí tengo mi colección de vinilos rica, tengo mi autito, me voy de viaje cada vez que puedo. Con lo que gano intento ahorrar un poco, pero no tengo nada, ni casa propia, aunque espero hacerlo este año. Lo que pasa es que tengo varias cargas en mi vida personal, entonces gracias a Dios tengo pega y plata para poder asumirlas.

-Para algunos, lograr éxito económico hace replantearse su estilo de vida.

-Eso me carga y es muy chileno: el arribismo. De que si formas parte de cierto nicho, tienes que tener lo mismo para pertenecer. A mí eso me da lo mismo. Yo no soy de clase alta, siempre he sido de clase media, y no me sentiría cómoda fingiendo ser lo que no soy. No me iría a vivir a San Carlos de Apoquindo, por ejemplo, y no tengo nada en contra de esa zona, pero yo no tengo nada que ver ahí. Me gusta la vida de barrio en Ñuñoa, tener cerca a la costurera, al zapatero, el localcito de todo a mil, el boliche que abre en feriado, la clásica pelea del vecindario. Me gusta tener mis vecinos, a los que saludo, al que le dejo mis llaves en caso de emergencia; me gusta esa conexión con la realidad. No ambiciono un estatus social, sino la calma y la felicidad. Y si el día de mañana eso está en plantar verduras en el campo, así va a ser. Tiene que ver con que me dejo llevar con lo que quiero en el momento, y no sé lo que voy a querer el día de mañana. Por ahora vivo lo que quiero y tengo, pero no me proyecto más allá
de fin de año.

En la misma línea de "no cambiar" lo que tenía antes de entrar a la televisión, reconoce que su círculo más cercano de amistades está fuera del medio. Una de las pocas que escapan a esa regla es la actriz Camila Hirane ("Esa no soy yo"), pero que era su compañera en la universidad.

-La "Cami" es parte de mi círculo de mis amigos de la escuela. Pero la verdad es que no tengo muchos amigos en este medio. Me llevo bien con muchos actores, la mejor de las ondas con todos, pero mis amigos más cercanos no tienen relación con este mundo o son actrices que no trabajan en televisión. Finalmente, esa es la gente a la que conozco más tiempo y con la que me siento cómoda. Uno mantiene las amistades que se van gestando con los años.

Tampoco ha transado en su idea de no tener mánager, una práctica tan habitual hoy en día para quienes trabajan en televisión. Dice que nunca ha tenido la necesidad, y ahí, cuando debe negociar, pone límites y saca a relucir su personalidad, fuerte y directa.

-Cuando una negociación de contrato con un canal se pone densa, llamo a un abogado, pero usualmente negocio yo misma, algo que he aprendido con el paso de los años. Defiendo mi trabajo, ahí no soy pudorosa. Al principio sí lo era, hablaba casi pidiendo disculpas, porque le estás poniendo un precio a tu trabajo, entonces es frivolizar un poco las cosas. Pero a medida que voy creciendo, y veo lo que quiero ser, la vida que quiero llevar -de a poco, tampoco la tengo tan clara-, hace que me enfrente con otro pie para negociar. Disfruto mi trabajo y quiero ser una artista, entonces si las condiciones no están para eso, no lo hago no más. Tengo menos miedo a decir que no a medida que va pasando el tiempo.

Lección 3:

La fama tiene un costo

Esa frase cliché, tan habitual en el medio televisivo, es lo que la actriz ha comenzado a experimentar desde que en julio los medios de comunicación empezaron a vincularla con su coprotagonista en "Papá la deriva", Gonzalo Valenzuela. Del tema no sólo no habla, sino que es tajante sobre quienes indagan en su vida privada:

-No converso con los medios de farándula, no me interesan. Porque no soy de la farándula, soy actriz y estoy trabajando en lo que estudié. No me interesa ese mundo, me parece de mal gusto hablar de la vida más íntima, una falta de respeto. Son poco profesionales, hablan sin conocer, entonces no me interesa en lo absoluto. Se cruzan muchas barreras, porque no hay respeto por la vida del otro, y no voy a dar material para que lo hagan hablando de mis asuntos más personales. Y si van a hablar, que lo hagan sin fundamentos, porque yo no les voy a dar nada. Absolutamente nada.

-Michelle Pfeiffer dijo una vez que ella actuaba gratis, que cobraba por la sobreexposición.

-Y algo de razón tenía. Creo que los sueldos desorbitados que algunas veces hay en TV tienen mucho que ver con la exposición. Hay que entender que cuando uno empieza a trabajar en televisión estás más expuesta, ya no puedes pasar piola en las calles, uno ya no hace lo que quiere, tiene que cuidarse, te sientes agobiada cuando la gente se te tira encima, cuando vas a hacer un trámite y hay diez personas que te interrumpen para sacarte una foto. Eso es un costo, y es súper desgastante. Generalmente paso más piola de lo que crees, pero cuando a una teleserie le va muy bien, como a esta, evito los lugares muy públicos, porque a veces quieres estar sola, y no puedes, te sacan fotos y es muy incómodo. Eso sí, nunca he dejado de hacer lo que quiero, aunque si sales a la calle y te expones, lo haces no sólo a las cosas buenas, también a las malas y a comentarios mala onda. Me ha tocado de todo, pero prefiero no hablar de casos en particular, porque sería darles una importancia que no tienen. Pero te tiran una pesadez
o la gente quiere que estés con cara contenta todo el día y en la vida nadie está feliz siempre. 

Lección 4:

La humildad de hacer casting

La primera vez que hizo un casting para una película, María Gracia Omegna se "coló". No había sido convocada. Llegó y fue. El director Matías Bize necesitaba elegir a una actriz joven para interpretar un rol secundario en "La vida de los peces", que protagonizaron Blanca Lewin y Santiago Cabrera. Y ella apareció.

-Nunca había hecho algo así. Llamé a una amiga y le pregunté en qué estaba, y me dijo que iba a un casting de una película de Bize. Y le pregunté dónde era, y fui. Llegué y estaba (el actor) Alfredo Allende, y le conté que nadie me había llamado, que nunca había hecho un casting de cine, pero que me gustaban las películas de Bize. Y me dejaron hacerlo. Fue increíble, porque quedé, y después le dije a Matías lo que había hecho, él no tenía idea. Yo no le tomé tanta importancia, pero qué patuda que fui, estoy pensándolo ahora.

El año pasado no necesitó colarse: Bize la convocó para "La memoria del agua", en el rol de una chica que conoce accidentalmente al personaje de Benjamín Vicuña en su derrotero post quiebre sentimental. Al momento de la postproducción, el director decidió cortar su personaje, porque sintió que no aportaba a la historia. ¿Golpe al ego?

-En algunos casos es un golpe al ego que pase algo así, pero este no es caso. Cuando leí el guión, dije: "Este es un personaje que puede salir perfectamente, porque la película habla de cosas mucho más importantes". Entonces cuando Matías me escribió y me dijo que necesitaba tomarse un café conmigo, le dije: "¿Por qué? ¿Me sacaste de la película?". Y me dijo: "Sí, ¿cómo supiste?". Entonces le respondí: "No me voy a tomar un café contigo para que me digas eso, si quieres vienes con tu polola a mi casa y nos tomamos un copete y echamos la talla, pero da lo mismo lo otro". Lo entendí, porque mi ex novio es cineasta (Fernando Guzzoni, con quien estuvo siete años), y él pasó por situaciones parecidas con actrices que él convocaba, filmaban y después no quedaban en el corte final. Vi lo complejo que era para un director ese trance, porque tiene que priorizar su película, que es lo que debe hacer, y no puede importarle el ego de un actor.

María Gracia Omegna dice que los actores tienen el ego "un poco más desarrollado que el resto". Mantenerlo a raya es una constante para ella. Por eso le gusta ir a casting y no llegar sólo por ser quien es.

-Yo amo hacer casting. Es la manera más segura de entrar a un trabajo, porque si llego por ser María Gracia Omegna me empiezo a angustiar, porque pienso que tal vez no voy a dar con el personaje. Los grandes actores del mundo hacen casting, no tengo ningún rollo con eso, no se me va a caer el nombre por hacerlos, hay un poco de ejercicio de mantener el ego a raya, el saber que no tienes todo ganado, y que cada trabajo es un trabajo nuevo en el que hay que partir de cero y esforzarse para que el director esté conforme contigo.

Lección 5:

No dejar de hacer teatro

A comienzos de año, la actriz filmó una película dirigida por Marialy Rivas -que tentativamente se llamará "La princesa"-, con quien ya había trabajado antes en "Joven y alocada". Una historia inspirada en hechos reales sobre una secta en Vilcún -cerca de Temuco- que pensaba que el Apocalipsis estaba por llegar en 2012 y que una niña de 11 años podría salvarlos. El plan siguiente era hacer la obra "Recordando con ira", en el Teatro de la Universidad Católica. Pero los planes profesionales de la directora del montaje, Paulina García, provocaron la cancelación del proyecto. Dice que una parte de ella se sintió aliviada, por la carga que tiene con las grabaciones de "Papá a la deriva" en Mega. Lo dice, claro, a modo de consuelo, porque está dispuesta a todo cuando se trata de actuar sobre las tablas. De hecho, el director Marcos Guzmán ("Fabulación", "Trabajo sucio") le hizo hace poco una propuesta que no pudo rechazar.

-Estoy ensayando la obra "Demonios" en el Teatro La Memoria. Estrenamos en noviembre y actúan Néstor Cantillana, Francisca Márquez, Guilherme Sepúlveda y yo. Originalmente mi plan era que ya no iba a hacer teatro este año, porque estoy cansada. Pero no le pude decir que no a Marcos Guzmán. Es un honor que me llamara, más aún porque no me conocía y sólo me había visto en la obra "Las criadas". Para mí, que admiro su trabajo, es un lujo poder actuar para él.

El montaje, escrito por el sueco Lars Norén y sobre dos matrimonios de treinta y tantos años que terminan hablando sobre las relaciones de pareja, pospuso su idea de "descansar, viajar y desconectarse" al menos hasta el verano.

-El teatro te da herramientas diferentes al cine o la televisión. Son tres cosas distintas y cada uno tiene un valor. Pero en una obra estás más conectada con tus emociones, es un espacio de creación único. Por eso siempre que se presenta una oportunidad digo que sí..

"Yo no soy rostro. en serio, no lo soy. siento que no soy nada de comercial, y a veces me gustaría serlo un poco".

"Cuando una negociación de contrato con un canal se pone densa, llamo a un abogado, pero usualmente negocio yo misma, algo que he aprendido con el paso de los años. Defiendo mi trabajo, ahí no soy pudorosa. Al principio sí lo era, hablaba casi pidiendo disculpas".

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