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Alta dependencia de fondos públicos y falta de educación, los factores que amenazan al venture capital en Chile

lunes, 03 de agosto de 2015

Pablo Tirado
El_Mercurio

El año pasado, en el país las inversiones en capital de riesgo cayeron 18%, a US$ 22 millones, mientras que en América Latina crecieron 114%. La baja inversión en I+D también afecta a la industria.

Es una sensación que se sustenta en las cifras: el venture capital en Chile no está a la altura de un país que pretende convertirse en un polo regional de innovación. Así, por ejemplo, si en 2013 los montos invertidos por esta industria llegaron a los US$ 27 millones, el año pasado, según cifras de la Latin American Private Equity and Venture Capital Association (Lavca), esa cifra cayó 18% a US$ 22 millones.

Los datos chilenos no coinciden con la media de la región, donde la inversión en venture capital aumentó 114% a US$ 504 millones y donde el país que más creció fue Brasil, que sumó inversiones por US$ 390 millones, un 146% más que en 2013.

Alan Farcas, cofundador de Nazca Ventures, uno de los fondos de capital de riesgo más activos de la escena chilena -entre sus inversiones están startups como "Poliglota" o "Cranberry Chic"- dice que si hace un análisis fino de la industria, queda en evidencia que su profundidad y dinamismo son todavía precarios. "Hay pocos fondos en acción y buena parte de ellos ya están invertidos. Tampoco hay visibilidad sobre casos de éxito evidentes que sean ejemplo", asegura.

A su juicio, las débiles cifras de inversión del mercado se deben a un problema cultural y de educación. Por un lado, asegura, la calidad de la educación general es débil, lo que provoca que no más de un 5% de la población tenga los conocimientos y habilidades para liderar o implementar proyectos ambiciosos. "Además, culturalmente no se valora a los que toman riesgos, se castiga el fracaso y los emprendedores no piensan suficientemente en grande", explica.

Farcas, quien también es director de Innovación y Emprendimiento de la Universidad Adolfo Ibáñez, añade que la inversión de los países en Innovación y Desarrollo (I+D) también tiene un impacto en la industria del venture capital . Así, por ejemplo, una economía similar a la chilena, como Israel, invierte cerca del 5% de su PIB en la materia, mientras que en Chile, no se llega ni siquiera al 1%. "Esto les da una gran gama de opciones para generar oportunidades de negocio en base a tecnología, lo que aumenta notablemente la competividad de las iniciativas. En el caso de Chile, la mayor parte de los emprendedores desarrollan propuestas en base a modelos de negocio innovadores, que son más complicados de ejecutar porque están normalmente menos diferenciados y son más fáciles de copiar".

El factor Corfo

A diferencia de lo que ocurre en los mercados más desarrollados, en el chileno uno de los actores más relevantes de la industria del capital de riesgo es el Estado, a través de la Corfo. Desde el organismo cuentan que entre enero y julio de este año han desembolsado recursos por $17.609 millones, apoyando la inversión de fondos de capital de riesgo en 29 empresas. Para el próximo año, en tanto, la meta es incrementar los recursos entre 10% y 15%. Esto último lo harán principalmente gracias al lanzamiento del Programa de Financiamiento a Fondos de Inversión de Etapas Tempranas Tecnológicas (FET). "Este programa busca fomentar la creación de Fondos de Inversión que permitan el financiamiento de empresas chilenas que se encuentren en etapas tempranas de desarrollo y presenten potencial de crecimiento e innovación en sectores vinculados con tecnologías", explican desde la estatal.

Si bien, tanto nacional como internacionalmente hay consenso sobre el aporte de la Corfo, hay acuerdo también en que la industria no puede sustentarse en el Estado.

Luis Ahumada es uno de los pocos emprendedores locales que han logrado levantar capital en el mercado chileno. En concreto, en 2014 consiguió US$ 1,7 millones de parte de Inversur, a través del fondo Amérigo APRA, para su compañía de streaming MediaStream.

Desde su óptica, uno de los problemas de Chile es justamente la dependencia de fondos públicos que tienen los grandes inversionistas. "Según lo que he visto, los fondos de inversión están muy dependientes de la Corfo y eso hace que el mercado sea más bien lento, porque la Corfo, al ser gubernamental, tiene una serie de restricciones. Restricciones que por lo demás tienen que existir, porque son dineros públicos", dice el emprendedor, quien agrega: "Lo que hace la Corfo está bien, está perfecto, pero tienen que haber otros actores, los grandes empresarios tienen que arriesgarse más, quienes fueron emprendedores deberían apoyar más a los que están partiendo".

A ese factor se suma también el hecho de que cuando un fondo chileno invierte en una startup , aspira a tener una participación controladora, algo que termina por desvirtuar el concepto. "En EE.UU., por ejemplo, los fondos no aspiran a controlar a las compañías, porque entendieron hace décadas que la clave está en mantenerse al margen para que puedan desarrollar sus modelos de negocios", comenta Juan José Besa, cofundador de WholeMeaning, firma que hoy tiene su sede en Palo Alto, California.

El fundador de MediaStream agrega que tal como ocurre en Silicon Valley, el mercado del venture capital chileno se podría mejorar si se crearan fondos liderados por los propios emprendedores que han alcanzado el éxito. "Hoy, por ejemplo, no existen fondos que inviertan en tecnología que tengan recursos totalmente privados", ejemplifica.

Por su parte, Alan Farcas dice que en el corto plazo el ecosistema chileno podría mejorar si se reducen las brechas en la ruta del financiamiento de los emprendedores en todas las etapas. "Hoy los inversionistas ángeles no tienen realmente incentivos como en otros países, y tampoco hay una cadena de financiamiento real de series A, B y C para emprendedores más consolidados", sostiene.

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