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Columna

No más "a la chilena"

sábado, 04 de julio de 2015

Economía y Negocios
Vidactual
El Mercurio




Cuando se habla de hacer algo "a la chilena", se entiende que significa hacerlo "a medias" o con alguna pillería. No es un dicho que nos deje muy bien parados a ojos del resto, pero simplemente se entiende de esa manera. Y enfrentados al partido de hoy con Argentina, parece haber consenso de que nadie quiere ganar "a la chilena". Creyendo que al alzar por primera vez la Copa América se estará construyendo una mentalidad ganadora, confiando en que las nuevas generaciones crecerán al fin con un triunfo futbolístico, esperando que el continente respete de una vez por todas la camiseta roja. Depositando en un partido el ánimo nacional de aquí a fin de año, todos esperan que esta sea la oportunidad para torcer la historia, de empezar a ganar como creemos merecerlo desde hace rato.

Porque dudamos de nuestro propio juicio, Chile siempre está buscado la aprobación externa para saber si vamos bien o mal encaminados. Como reafirmación del ego nacional, abundan las notas periodísticas del tipo: "Así nos vieron en el mundo..." cada vez que ocurre una importante noticia política, económica o, en el último mes, deportiva, a propósito de la Copa América 2015. No basta con que la selección de fútbol haya llegado a la final por primera vez en 28 años: parece imperioso saber qué opina el continente. Y lo que han dicho no es tan halagador: en Argentina, Uruguay, México y Perú --por citar cuatro casos- han surgido críticas al arbitraje, supuestamente a favor de Chile; nos han avergonzado replicando una y otra vez aquel gesto de Gonzalo Jara que terminó con la expulsión del uruguayo Edinson Cavani, y que sin duda fue determinante para desequilibrar ese partido; y han mostrado las imágenes de Eduardo Vargas en posición de adelanto en el primer gol contra Perú. En resumen, afuera dicen que Chile ha estado dispuesto a todo con tal de ganar esta Copa América, con prácticas dudosas en la cancha y fuera de ella.

En un deporte donde Chile no conoce lo que es salir primero, que se contenta con los "triunfos morales" y que aún especula qué hubiese pasado si Carlos Caszely no desvía el penal en el Mundial del 82 o si ese remate en el palo de Mauricio Pinilla entraba en el arco en el Mundial de 2014, a la afición deportiva le resulta poco habitual lo relativamente fácil que ha sido llegar hasta esta final. No hay dudas de que se trata de una de las mejores selecciones en la historia del fútbol local, y hasta los más críticos del continente han reconocido su buen juego, pero es tan raro que haya sido sin sufrimiento ni "hazaña milagrosa" llegar a la final, que la sensación que hay es de moderada alegría.

Como si ya no se tratara de uno de los escasos logros que ha tenido el fútbol nacional, no hubo gran cantidad de gente celebrando en Plaza Italia el paso a la final (notablemente menos que la gente que iba el año pasado, tras cada partido de la selección en el Mundial de Fútbol), no hay clima de fiesta, y, quién lo hubiera imaginado, incluso hay moderación, una virtud que suele escasear por estos lados. A cambio, predominan en la prensa, en la TV y en las redes sociales los deseos de que si se gana, sea en buena lid: sin que Argentina pueda quejarse del arbitraje, sin que la suerte tenga algo que ver, sin nada que pueda empañar un posible primer lugar. Como el alumno aplicado que quiere sacarse un 7 y no un 6,9 para recibir la admiración unánime, porque de otro modo no vale, no será lo mismo.

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