Fondos Mutuos
En el mismo edificio que alberga un almacén y una lavandería de barrio, en plena Providencia, una decena de jóvenes de entre 20 y 29 años desarrollan probióticos, terminan de construir un robot para automatizar la fabricación de nanopartículas o prueban concentraciones de un aditivo antimicrobiano cuyo origen mantienen en estricta confidencialidad. Dos antiguos departamentos convertidos en laboratorio por ellos mismos -desde el cableado eléctrico hasta la soldadura de los mesones de trabajo- son Santiago LabSpace, un lugar que reúne a científicos de diversas áreas que quieren convertir sus ideas en emprendimiento. La idea surgió hace solo seis meses. Para trabajar en sus proyectos, dos equipos de jóvenes científicos que acababan de ganar fondos de Start-Up Chile decidieron unirse y arrendar un espacio. "Queríamos tener un lugar para trabajar y libertad para hacerlo, sin la burocracia interna y condiciones que imponen las universidades, como compartir propiedad intelectual o participación en la sociedad", explica Ignacio Brescia, bioquímico y cofundador de LabSpace. "Y la verdad es que esto agarró como una chispita. Detectamos una necesidad", añade Francisco Arriaza, otro de los fundadores. Cooperación La voz se corrió rápidamente entre jóvenes emprendedores de áreas como biotecnología y nanotecnología, y de pronto Santiago LabSpace se había convertido en un laboratorio colaborativo que ya acoge a una veintena de grupos en distintas etapas de avance: desde ideas en desarrollo hasta proyectos con capitales adjudicados y en etapa de prototipo. Aquí, además de espacio, ahorran al compartir equipos de laboratorio que son aportados por los distintos proyectos, donados por universidades o comprados con la membresía que pagan los asociados o "labspacers" que ya cuentan con financiamiento. La diversidad en proyectos es grande. Q4 NanoSystems trabaja generando sellos nanotecnológicos antifalsificación para marcar desde entradas a eventos hasta papel moneda. Austral Biometrics trabaja en un software que permita a profesionales de la salud identificar enfermedades genéticas basándose en patrones faciales, de manos y pies. Novalact está desarrollando probióticos para tratar la intolerancia a la lactosa y fermentos que reducen el contenido graso de los quesos, mientras que Q4 BioSystems desarrolla un aditivo antimicrobiano que podría utilizarse en cualquier producto de plástico, desde bolsas para alimentos hasta ropa de uso industrial. Pero las puertas de Santiago LabSpace también están abiertas a ideas en etapas iniciales. "Aquí damos asesoría para formular el proyecto, hacer las pruebas de concepto, levantar fondos y tramitar patentes", dice Brescia. La idea, agrega, es ayudar a que otros científicos puedan entrar "al desconocido mundo del área comercial y de negocios, donde es común que en nuestras carreras no haya ningún ramo". A juicio de Arriaza, además de todos esos beneficios, el valor principal que tiene este modelo de trabajo "es la cooperación con equipos que, sin estar en la misma área de desarrollo, aportan una cantidad enorme de conocimiento. Cuando combinas las experiencias de gente de la ciencia, diseño, electrónica, se generan ideas únicas, nuevas".