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"Antuco no es solo un hecho lamentable, del cual en su momento me sentí avergonzado como miembro del Ejército. Además de las muertes de jóvenes ciudadanos chilenos, evidenció muchas de nuestras falencias institucionales", dice el coronel en retiro Enrique Gloffka. Y lo hace en la introducción de un texto de 180 páginas en las que desarrolla un análisis técnico de lo ocurrido en la "peor tragedia del Ejército chileno en tiempos de paz", ocurrida en la Región del Biobío. La idea original era haber publicado esta investigación al cumplirse 10 años de la marcha que llevó a la muerte a 44 conscriptos y un sargento el 18 de mayo de 2005. No lo logró. Pero sí nos permitió acceder a su contenido y dejar a la luz una serie de hechos que pueden transformar la visión que hasta ahora se tiene de este episodio. Gloffka estaba al mando del Batallón Chile en Haití, en 2008, cuando empezó a darle forma a su desazón por lo ocurrido en Antuco. Además de las muertes, una gran motivación para él fue la suerte que corrió el mayor Patricio Cereceda, comandante del Batallón de Infantería de Montaña, condenado a cinco años por cuasidelito de homicidio e incumplimiento de deberes militares por la muerte de los 45 uniformados. El hoy militar en retiro alcanzó a cumplir tres años y nueve meses de pena efectiva. "Cereceda quedó absolutamente solo y resistió estoicamente la condena mediática y judicial que, en mi opinión, injustamente se le hizo y desde el primer momento, sin tener certezas de lo ocurrido. Fue el chivo expiatorio. De acuerdo a la cultura organizacional del Ejército, al ser el comandante del batallón tiene responsabilidades, eso es innegable. Pero la culpa de la tragedia no pasa, ni por cerca, de ser su sola responsabilidad". Aquí los principales hallazgos de la investigación: La marcha no fue de 25 kilómetros. La versión de prensa regularmente hablaba de 25 kilómetros. Y es la misma información que la institución consideró en uno de los pocos textos oficiales que se hicieron después de la tragedia. Pero no hay uniformidad en los datos de dos informes a los que Gloffka pudo acceder. En uno se habla de 25 kilómetros y en otro de 28 kilómetros. Según datos que aportó el perito del Instituto Geográfico Militar, tal como quedó registrado en la causa, esa distancia es de 19 kilómetros. Gloffka dice que ese dato muestra que la información oficial que se entregó era inexacta y "aumentaba la sensación de descriterio de la orden, puesto que la distancia aparece como un 33% superior a la real aproximadamente". El viento blanco no era previsible. Muchas de las declaraciones que se vieron y escucharon tras la tragedia se referían a las malas condiciones del tiempo. Durante el juicio se presentó un informe de la caída de nieve en el mes de mayo en la Central Abanico de Endesa, ubicada 8 km al poniente del volcán Antuco. El informe comprende desde el año 1989 hasta el año 2005 y muestra que la nieve es una excepción en esas fechas. Los años con precipitaciones de agua nieve fueron 1997 con 6,8 centímetros; 2002 con 7 cm y 2005 con 34 cm. Gloffka explica que si bien hubo una alerta de Onemi que indicaba la aproximación de un frente de mal tiempo, esa información se generó el 16 de mayo, cuando ya estaban en Los Barros, punto de partida de la marcha, y llevaban más de 10 en campaña. La información que recibió desde el regimiento solo fue que "el tiempo iba a estar inestable. No se le informó nada de la Onemi". El sistema de comunicaciones no tenía estándar militar. Según la investigación de Gloffka, las radios que las compañías usaban para su comunicación interna habían sido adquiridas con recursos de los propios oficiales. Para la comunicación entre Cereceda y cada compañía se usaron radios Kenwood TK-760 que si bien son del Ejército, no tienen estándar militar "y demostraron sus limitaciones al no permitir la comunicación entre los comandantes de las distintas compañías y el comandante del batallón de montaña". Equipamiento deficitario. El comandante de regimiento anterior y el que estaba ejerciendo en el momento de la tragedia, habían enviado documentos al comandante de la III División donde daban cuenta de la necesidad de dotar a la totalidad del batallón con el vestuario y equipos de montaña, pues hasta entonces no todos tenían tenidas de Gore-tex, ni lentes para la nieve. Según consta en el documento, ambas indumentarias se consideraban ya imprescindibles para las actividades de instrucción en la zona. Estas falencias se dieron a conocer no solo por escrito, también en una reunión del 31 de marzo de 2005. Nadie representó la orden de Cereceda. Muchos testimonios de prensa responsabilizan al mayor Cereceda de haber sido obstinado con el cumplimento de la orden de marchar, pero el juez Juan Arab dijo que ninguno de sus capitanes le representó la orden formalmente. No basta con informar o proponerle cursos alternativos al superior: tiene que ser explícito en dar a conocer que no cumplirá la orden. Si bien en el Ejército dicen que hoy existe el cumplimiento reflexivo de las órdenes, Gloffka plantea que eso es mucho más en el papel que una realidad, pues se debe tener mucho carácter para representar una orden. ANÁLISIS
El autor afirma que la tragedia no ha sido estudiada en documentos oficiales.