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Cuando el Parma se coronó campeón de la Copa UEFA en 1999, nadie podía esperar que el equipo estaría al borde de la desaparición una década y media después.
Entonces, los Crociati contaban con una plantilla de lujo: Asprilla, Verón, Buffon, Cannavaro y Crespo, entre otros cracks, defendían a la histórica casaca del club fundado en 1913.
Pero la quiebra de la empresa Parmalat, que lo financiaba, marcó la suerte posterior del conjunto parmesano, que arrastra una deuda de US$ 110 millones.
El elenco dirigido por Roberto Donadoni suspendió su duelo del fin de semana pasado por no tener cómo pagar los servicios básicos de su estadio.
Nicolás Córdova, entrenador de juveniles de la selección, pasó por el club en 2009. “Igual en esa época había comodidades dignas. Aunque en lo deportivo no me fue bien, el trato fue impecable”, recordó.
Fue el primer chileno en jugar ahí. Luego pasó Jaime Valdés (2011-2013), antes de recalar en Colo Colo.
Recientemente estuvo Ignacio Jeraldino. El seleccionado Sub 20 debió volver a Unión San Felipe porque el club, ya con deudas, nunca pagó por su pase.
“No cobré ni un mes de sueldo”, dice con tristeza el atacante. “Y me da rabia, porque fui ilusionado a Europa y en lo deportivo me fue bien. El técnico (Hernán Crespo) me apoyó para que ascendiera al primer equipo y no quería que me devolviera. Pero así no podía seguir”, dice el oriundo de Llaillay.
Actualmente, en el primer equipo está Cristóbal Jorquera. Su futuro, al igual que el de sus compañeros, está en el aire. “Estoy tratando de localizarlo para apoyarlo”, contó Córdova. “Aunque también me preocupa la situación de los empleados de la ciudad deportiva: Parma gira alrededor del equipo y esa gente se quedará sin nada”, añade.
Mientras hinchas e históricos, como Faustino Asprilla, lideran movimientos para salvar al equipo de su desaparición, el tiempo corre en contra para que el centenario Parma pueda seguir en el profesionalismo.
