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Impuestos que se han postergado con el FUT suman US$50 mil millones a 2013

domingo, 09 de junio de 2013

Silvana Celedón y Alejandro Sáez
Economía y Negocios

Para economistas como Juan Andrés Fontaine, el FUT es una herramienta clave para promover la inversión, idea que no comparten en el otro espectro político. A 2013, el FUT registra utilidades que han sido retenidas en las sociedades y empresas por US$ 247 mil millones.

Hoy está en boca de casi todos los economistas y de los candidatos a la Presidencia. Las reformas tributarias que se están proponiendo contienen entre sus ejes centrales una modificación al Fondo de Utilidades Tributables (FUT), un concepto difícil de entender, pero que de a poco va siendo más familiar para la opinión pública. Por un lado, hay quienes creen que el FUT permite no pagar los tributos, y en la otra vereda política, que es un incentivo para reinvertir las utilidades, con el consiguiente efecto en crecimiento y empleo, como ha planteado el economista Juan Andrés Fontaine.

“Se habla del FUT como si fuera el diablo con cola, y son recursos que están invertidos, por ejemplo, en maquinarias”, aseguró el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, el miércoles ante los empresarios reunidos en el Encuentro Nacional del Comercio.

Para entender qué es el FUT hay que ir paso a paso. Primero, las empresas pagan el llamado impuesto de primera categoría que equivale al 20% de todas las utilidades que generan.

Sin embargo, y en segundo lugar, los empresarios, socios y accionistas de esas compañías solo pagan los impuestos que les corresponden a ellos como personas naturales por aquellas ganancias que retiran, que se llevan a su bolsillo y no por aquellas que se “quedan” dentro de la firma. Las utilidades que los empresarios, dueños o socios “sacan” de las compañías pagan hasta el 40% (20% del que ya pagó la empresa y otro 20% que se paga para llegar a la tasa máxima marginal del Global Complementario —o impuesto a las personas naturales— que es del 40%). En cambio, las utilidades que se quedan en las sociedades solo deben tributar el 20% que es el impuesto a las empresas.

Tercero, la existencia del FUT no exime de pagar el impuesto, sino que difiere o posterga el pago hasta el momento en que se retiren como dividendos o ingresos de dueños o socios. Este beneficio ha hecho que un número de profesionales, sobre todo aquellos que no necesitan estar contratados, se organicen como sociedades o constituyan sociedades de inversión, que les permitan diferir el pago de impuestos debido al sistema tributario chileno.
• Cuarto, aquellas utilidades que no se reparten deben ser contabilizadas en un registro, que es el FUT; es decir, es una especie de cuenta o libro donde están todas aquellas utilidades que han pagado el impuesto a las empresas, pero que no fueron retiradas por los socios como ingresos personales en un año determinado y que, por lo tanto, les falta pagar la proporción correspondiente del Global Complementario. Si en algún momento retira esos fondos, debe tributar conforme a las tasas marginales del Global Complementario.

Acumula ya el 86,8% del PIB


De acuerdo con las cifras del Servicio de Impuestos Internos —obtenidas mediante la Ley de Transparencia—, el Fondo de Utilidades Tributables registra a este año US$ 247 mil millones, cifra que representa el 86,8% del PIB. En millones de dólares, ha ido creciendo sostenidamente en el tiempo, pero como porcentaje de la economía ha sido más variable (ver infografía).

¿Son estos US$ 247 mil millones los impuestos que se han postergado, y que por lo tanto, se pueden “recuperar”, como algunos han dicho?

No, eso no es así. Este monto equivale a toda la utilidad que no se ha retirado por los socios, pero no al impuesto adeudado. Si se cobrara impuestos a todas las utilidades del FUT con efecto retroactivo, el monto que se debe pagar por impuestos postergados es de US$ 50 mil millones, con el saldo acumulado del FUT a 2013. Ese monto es el resultado de que a las utilidades por US$ 247 mil millones que suma el FUT se les cobren impuestos por el 20%, que es la mitad que falta para llegar a la tasa máxima marginal del 40% que pagan las personas. El otro 20% ya se pagó cuando les cobraron impuestos a las empresas por todo lo que generan.

¿Se cobrarán la totalidad de los US$ 50 mil millones?

Esos US$ 50 mil millones corresponden al 17% del PIB, y hay una gran discusión si ello se puede “recuperar” en un muy breve plazo. Primero, porque de hecho, recaudar impuestos por 17% del PIB extra tiene un impacto indudable en la economía. Por ejemplo, en el comando de Michelle Bachelet —que propone reformar este sistema— están estudiando el modo en que se puede llegar a una gradualidad en esta materia. Lo más probable es que los cambios apunten a limitar el FUT hacia adelante. Ello implicaría recaudaciones importantes, pero no del 17% del PIB de inmediato. Ricardo Lagos Weber, en declaraciones dadas antes de asumir en la comisión para la reforma tributaria de Bachelet, estimó que por la eliminación del FUT se recaudarían US$ 4.500 millones al año.

Un segundo argumento de la dificultad o imposibilidad de recaudar de un golpe todo lo diferido en el FUT es porque hay razones legales más complejas, como por ejemplo, que ese beneficio que entregó el Estado es parte del derecho de propiedad del contribuyente. El abogado tributarista Pedro Troncoso asegura que los dueños, socios o accionistas son titulares o dueños de un crédito contra el fisco por el impuesto a las empresas o de primera categoría: “Tal crédito está amparado por el derecho de propiedad reconocido en la Constitución”, opina.

El objetivo buscado


El FUT fue creado por la Ley No 18.293 de 1984, y corresponde a la batería de instrumentos destinados a promover la inversión aplicada durante el gobierno militar; desde ahí se ha ido agregando una serie de modificaciones. De acuerdo a Pablo Greiber, socio de Ernst & Young, la eliminación del FUT afectaría en forma extrema a la inversión, ya que las empresas tendrían que tributar paralelamente en dos niveles de  forma inmediata, es decir, pagar Primera Categoría o el impuesto a las empresas y el Global Complementario o de ingresos de los socios o dueños. Esto generaría cambiar radicalmente la actual base que opera sobre el retiro de las utilidades a una devengada, que implica gravar lo que se reinvierte. Eliminando el FUT, se reduciría este incentivo para reinvertir y se reduciría el atractivo para que las empresas financien proyectos con recursos propios, como han hecho ver algunos economistas.

El FUT tiene claras ventajas para los economistas más cercanos al oficialismo. El ex ministro de Economía y Consejero Económico de Andrés Allamand Juan Andrés Fontaine planteó en una entrevista con “El Mercurio” que el FUT “es un diseño deliberado que empezó en 1984 y que ha sido básicamente mantenido, y que tiene por objetivo estimular que los ahorros se queden en las empresas, ya sea en aquellas en que se generan utilidades o en sociedades de inversión que invierten los ahorros en otras empresas”.

A su juicio, es una forma de promover el ahorro interno, que es la base de la inversión que permite al país crecer: “nuestras necesidades de ahorro siguen siendo muy importantes. No vamos a lograr cruzar el umbral del desarrollo si no aumentamos desde el 23% del PIB que tenemos ahora en inversión a algo por lo menos en torno al 28%”.

Aunque se trate de un mecanismo técnico, cambiar el FUT es una transformación importante del sistema tributario de las empresas y personas en Chile. Por lo mismo, ya está generando consultas de parte de las compañías, principalmente extranjeras, advierten los abogados.

Los opositores al FUT, sin embargo, esgrimen varias razones para plantear una eliminación o reforma. Primero, que las empresas ya no necesitan recursos que de cierta forma están subsidiados por el Estado, como sí los requerían en los años 1980, cuando había un acceso si no nulo al mercado de capitales. “Al retrasar el pago de impuesto, el FUT equivale a un préstamo gratuito —a tasa de interés cero— sobre esos impuestos diferidos”, opina el ahora candidato y ex ministro de Hacienda Andrés Velasco.

Una segunda razón es que se han encontrado fórmulas para “sacar” o licuar esas utilidades sin pagar los impuestos que se postergaron: “existe un conjunto de reglamentaciones que posibilita que el FUT sea licuado en operaciones de compra y venta de activos o incluso de bienes de consumo”, afirmó en el Libro “El Chile que se viene” Óscar Landerretche, miembro también de la Comisión Tributaria de Bachelet.

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