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La historia del grupo que impulsó su fortuna por un golpe de suerte

jueves, 28 de marzo de 2013


Economía y Negocios

En sus inicios, Andrónico Luksic Abaroa sumó la fortuna a su talento y capacidad de trabajo. En su primer negocio importante -la venta de la mina Portezuelo- tuvo una mano del destino: acepto enajenarla en pesos... pero recibió dólares.

Los negocios están en el ADN de la familia Luksic. Su historia en Chile se remonta a inicio del siglo XX, concretamente a 1900, cuando el abuelo paterno, Policarpo Luksic, llegó a Antofagasta desde Croacia, buscando nuevas oportunidades dado que en la isla de Brac, donde vivía, la filoxera había afectado las parras, sustento principal de la familia.

Esa herencia se sumó a la que llegaría por el lado materno: Policarpo se casó con Elena Abaroa, hija de un importante industrial y agricultor del norte, Andrónico Abaroa. De él aprendió el gusto por los negocios, reconodió muchas veces Andrónico Luksic Abaroa.

El primero llegó cuando era muy joven. A su regreso de estudiar en Francia, comenzó a trabajar en un concesionario de Ford. En eso estaba cuando tuvo que hacer de traductor de unos franceses socios de la mina Portezuelo, quienes no tenían las mejores relaciones con los otros propietarios. Después de un tiempo, aburrido de ser intérprete intermediario -y siempre con el ojo puesto en la minería-, le ofreció a uno de los socios comprarle una participación del 25%. Esta aumentaría después a más del 60%, pero el negocio no era bueno, contó muchas veces el patriarca del clan Luksic.

Sin buscarlo, un día apareció un grupo de japoneses interesados en comprar la mina. Le ofrecieron quinientos mil. Luksic Abaroa sacó sus cuentas y aceptó. Lo que no sabía -y que siempre reconoció como un golpe de suerte-, fue que eran US$500 mil -y no $500 mil- una suma enorme para esa época.

En 1964, el empresario decidió emigrar a Santiago, en lo que sería el primer paso para constituirse como grupo, y comenzó a buscar nuevas áreas de negocios.

En los 70, adquirió Antofagasta PLQ, que manejaba el Ferrocarril de Antofagasta-LaPaz; el Hotel Carrera e incursionó en al área inmobiliaria. Después llegó Madeco y en 1985, adquirió Anaconda Chile y Anaconda International, dueñas de Los Pelambres.

Siguió con CCU y el Banco O"Higgins. Este último se fusionó con el Banco Santiago en 1997, que vendieron cuatro años después al Banco Santander. Dos años antes habían comprado el Banco de A. Edwards, y en 2002, compraron el Banco de Chile.

Actualmente, el grupo está organizado en dos holdings: Quiñenco (financiero e industrial) y Antofagasta Minerals (minero).

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