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Rodrigo Vergara es escogido por sus pares como el Economista del Año 2012

domingo, 30 de diciembre de 2012

A. Sáez
Economía y Negocios

Más de 300 profesionales participaron en la elección, que recayó en el actual presidente del Banco Central.

El no poder acompañar al estadio a sus hijos a ver a su equipo favorito, la Universidad Católica -que sigue muchas veces desde la galería-, ha sido uno de los cambios que le ha tocado vivir a Rodrigo Vergara en este período de poco más de un año que lleva como presidente del Banco Central. El gran número de viajes de trabajo programados en su agenda (desde marzo se contabilizan quince y frecuentemente los fines de semana) ha hecho que el fútbol se vea inevitablemente postergado.

Pese a la merma en el número de días libres, este economista de la Universidad Católica y doctor en la misma disciplina de Harvard tiene varias razones para sentirse satisfecho por sus logros. Llegó a la cúspide de la carrera de un economista en Chile y acaba de ser escogido como el Economista del año 2012, en la votación que organiza Economía y Negocios de "El Mercurio" y en la que participan cerca de 300 profesionales del área.

El año pasado, el galardón recayó en José De Gregorio y con anterioridad lo recibieron el ministro de Hacienda, Felipe Larraín; Cristián Larroulet, Klaus Schmidt-Hebbel, Juan Pablo Montero, Andrés Velasco, Sebastián Edwards, Nicolás Eyzaguirre, Eduardo Engel y Ricardo Caballero.

A Vergara el fútbol le gusta, aunque sus amigos bromean con que tiene menos habilidades para jugarlo que el tenis, su deporte favorito y para el que es muy bueno. En su época en Harvard, uno de sus compañeros de tenis era Larry Summers, su profesor guía de tesis y ex asesor del Gobierno de Barack Obama.

Cuando puede, se escapa hasta su casa de Las Brisas de Santo Domingo o se junta a almorzar con sus amigos, entre ellos el también economista Patricio Rojas, Francisco Rosende o Pablo Echeverría. Cuando invita a algún colega a una reunión, se dedica más a escuchar que a opinar, para evitar así suspicacias sobre la divulgación de información sensible o confidencial.

El banco le asigna un chofer, como al resto de los miembros del consejo. Con frecuencia, sube hasta el casino de los empleados, hace la fila, toma la bandeja y comparte con el personal del instituto emisor.

En julio, Vergara cumplió 50 años y los celebró con un encuentro al que asistieron varios de sus conocidos. Sus padres son María Emilia Montes y Juan De Dios Vergara, que es abogado tributarista. Desde chico, quiso estudiar una carrera que mezclara lo matemático con lo humanista y por eso se inclinó por la ingeniería comercial. Sabía, además, que lo suyo eran las políticas públicas.

Es un gran lector, especialmente de literatura latinoamericana. Los textos especializados en política monetaria tampoco faltan en su menú. Actualmente, está leyendo "The Lords of Finance: The Bankers Who Broke The World" (Los señores de las finanzas: Los banqueros que quebraron el mundo), que es una visión crítica de las decisiones de los presidentes de los principales bancos centrales previas a la Gran Depresión de los años "30.

Los galardones han acompañado a Vergara desde su juventud. Cuando terminó su carrera como ingeniero comercial en la Universidad Católica, fue distinguido como el mejor egresado tanto de la mención en administración como la de economía. Como cuenta Eduardo Aninat, quien lo recomendó para Harvard, si la mayoría de las personas obtiene su doctorado en cuatro o cinco años, Vergara lo hizo en tres años y dos meses.

El actual presidente del Banco Central se casó con su compañera de universidad Loreto Lira, también economista y que actualmente ejerce la docencia en la Universidad de los Andes. Tiene cuatro hijos y dos de ellos se han inclinado por la ingeniería civil. Le quedan dos más que entren a la universidad.

Cerca del río Charles, en Boston, vivió Rodrigo Vergara cuando estaba en la Universidad de Harvard.

De esa época es su anécdota del calor y el refrigerador. Vergara invitó a sus amigos a comer una pizza, pero el calor resultó tan insoportable en el pequeño departamento que Aninat arrancó a la terraza y Felipe Larraín, literalmente, metió la cabeza en el refrigerador.

En diciembre de 2009, Vergara asumió como consejero del Banco Central, una casa que le era conocida. En los años 90, fue economista Jefe de la institución, en la época de Nicolás Eyzaguirre y Roberto Zahler.

Entre quienes siguen las decisiones del Banco Central, la opinión sobre el desempeño de Vergara es favorable.

El gerente de estudios de Gemines, Alejandro Fernández, cree que Vergara lo ha hecho "sorprendentemente bien".

Agrega: "No sólo ha mostrado coraje para mantener la tasa de interés estable por más tiempo que nunca, sino que, además, se ha atrevido a decir las cosas con claridad y sin eufemismos".

Tres son los hitos de su estilo: alertar sobre el problema potencial que representa el déficit en cuenta corriente y las alzas en los precios de las viviendas; la conveniencia de un ajuste fiscal y la inconveniencia de una intervención cambiaria, dice Fernández.

"Rodrigo Vergara ha mantenido la tradición de independencia del Banco Central y esto se refleja en la prudencia y gradualidad con que ha seguido actuando el ente rector en aspectos como la tasa de referencia y el sesgo de la política monetaria", dice el economista del Grupo BBVA, Alejandro Puente.

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