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El Zurcidor Japonés es un joven de 100 años

sábado, 14 de mayo de 2016

Mario Cavalla
Vidactual
El Mercurio

En una época en que triunfa lo rápido y lo masivo, este centenario local del centro de Santiago mantiene intacta su fama de mágico reparador, gracias a la técnica del zurcido invisible que por casualidad inventó un sastre de origen oriental y que conquistó hasta al mismísimo Clark Gable.



"Antes nos llegaba mucho el pantalón de colegio, pero como ahora los fabrican en China y son tan baratos, ya nadie se interesa en arreglarlos. Lo mismo sucede con los jeans: antes, una quemadura de cigarrillo era mal vista, pero hoy es gran moda que los pantalones tengan muchos hoyos", explica de entrada Mónica Forno, quien junto a su esposo llevan adelante el destino de El Zurcidor Japonés, tradicional local que está cumpliendo cien años y que sobrevive digno en una galería comercial en la primera cuadra de la calle Arturo Prat. La tercera generación del negocio liderado por Gustavo Mack Pacheco homenajea a un maestro oriental que revolucionó el arte de la reparación de ropa.

"Nuestro público nos sigue por años, y yo siento ese cariño donde vaya", explica Mack, nacido en 1931, quien es el heredero de la historia familiar que comienza en 1916, con Ricardo Mack, su abuelo, y con Próspero, su padre. Ellos tenían la Sastrería Mack, en calle San Diego, un negocio que cambió para siempre el giro del local, gracias a la ocurrencia de un empleado de origen japonés cuyo nombre es un gran misterio.

La anécdota nace con la reparación de un delicado casimir. Al cortador de turno se le pasó la tijera y seccionó un pedazo de la tela. El operario se tomaba la cabeza de impotencia, pero el colega nipón lo tranquilizó y le dijo que el error tenía remedio. Con paciencia oriental, el hombre tomó unas hebras del paño y con diestros movimientos de aguja solucionó el problema. Sin saberlo, había dado origen al zurcido invisible, un nuevo tipo de negocio que hasta ese momento no se conocía en Santiago.

"Esto es simple, pero prolijo. La ciencia del zurcido consiste en tomar hebras de la misma prenda y con ellas tejer e imitar el dibujo de la zona afectada, todo a mano. Para eso se debe utilizar una aguja muy delgada y tener una paciencia de artesano, porque un trabajo puede requerir hasta tres horas para que quede perfecto", dice Mack, quien recuerda que su papá prendió de inmediato con la novedad y decidió explotarla. El arte de zurcido generó mucho trabajo y, en los años del Santiago aristocrático de las calles Dieciocho y República, los Cousiño y los Astoreca, entre otras familias de linaje, traían a reparar sus costosos vestidos y manteles importados desde Europa. Así, el maestro japonés se transformó en una celebridad, formó gente en este arte y, por su aporte histórico, Próspero Mack rebautizó el local con su nombre. Una vez jubilado nunca más se supo del paradero del japonés, pero su legado eternizó la reputación de El Zurcidor, y a pesar de sus cambios de domicilio, hasta el actual en Arturo Prat, frente al Instituto Nacional, la clientela nunca aflojó.

El cliente Gable

En su centenario recorrido de anécdotas está registrado que su cliente más famoso fue Clark Gable, el famoso galán de Hollywood que visitó Chile en 1935. Este venía con el objetivo de inaugurar el nuevo cine Metro, de calle Bandera, en pleno centro de Santiago. El actor de "Lo que el viento se llevó" y que había ganado el año anterior un Oscar por "Sucedió una noche" se alojaba en el desaparecido Hotel Crillón y, como era lógico, su presencia causó expectación entre el público femenino. En una de sus salidas, las fanáticas rompieron el cerco de seguridad, lo acosaron, le agarraron su costosa chaqueta y le descosieron el bolsillo de pecho. La averiada prenda del astro llegó a dar de urgencia al taller de El Zurcidor Japonés, y entre las operarias del local también se desató otro revuelo. Besaban la chaqueta y se peleaban por arreglarla.

En la historia más reciente, el ex Presidente Jorge Alessandri y el ex alcalde de Santiago Jaime Ravinet fueron asiduos clientes. El general Augusto Pinochet también hacía llegar sus prendas. "Me acuerdo de un chaleco", dice Mack. Otros funcionarios de las Fuerzas Armadas todavía traen sus uniformes. Tampoco han faltado las personas que, tras haber sido víctimas de un asalto en pleno centro, llegan directo a arreglar el bolsillo violentado.

Una vez fallecido el papá de Gustavo Mack, la madre del actual dueño, Teresa Pacheco, tomó las riendas del negocio, pero más adelante Gustavo Mack se hizo cargo, cuando dejó de trabajar en la Ford Motors, empresa que tuvo problemas durante el gobierno de Salvador Allende. Al principio se aburría, pero luego dominó los secretos del oficio.

Por lo mismo, defiende el prestigio ganado en un negocio donde hay muchos competidores de calidades dispares, para lo cual privilegia la garantía de un resultado satisfactorio. Por eso no abarca demasiados encargos y ninguna entrega se hace antes de quince días, por lo acuciosa de cada ejecución manual y porque solo hay un pequeño personal dedicado a zurcir las prendas.

"Encontrar gente experta en el trabajo es muy difícil a esta altura", dice Mack, quien añade que "cada vez hay menos operarias. Antes se heredaba el oficio, pero hoy las hijas de las trabajadoras no desean aprenderlo o ya son profesionales", explica Mack, consciente de que la tendencia actual de los chilenos -que privilegian el precio por sobre la calidad y que acostumbran a vestir con telas sintéticas y desechables- ha resentido el flujo del negocio. "Pero nunca nos ha faltado y siempre nos recomiendan", dice. Aunque goza de buena salud, este hombre octogenario sabe que debe planificar el futuro de El Zurcidor Japonés. "Tengo tres hijos que se dedican a otras cosas. Lo lógico sería que uno de ellos siguiera la tradición, pero no sé, no lo he conversado con ellos y no sé lo que piensan al respecto. Ojalá esto no se termine. La gente lo echaría mucho de menos", reflexiona.

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