
Esta teoría fue propuesta en el siglo XIX por el economista inglés David Ricardo y plantea, básicamente, que el gobierno puede financiar el gasto fiscal mediante los impuestos o por la emisión de bonos de deuda. Si emite bonos de deuda, sin embargo, en el futuro tendrá que pagar la deuda y para eso tendrá que subir más los impuestos que si hubiese tomado otra decisión.
Ricardo argumentaba que los ciudadanos se percatarían de esto y que, en consecuencia, ahorrarían un dinero extra para poder pagar el alza de impuestos a futuro. Este mayor ahorro compensaría el gasto adicional del gobierno y lograría que no se modifique la demanda agregada.
Barro toma este planteamiento como base, en 1974, y parte del supuesto que los gastos del gobierno están dados, los mercados son perfectos –es decir, que todos pueden prestar y endeudarse a la misma tasa de interés– y que las familias son dinastías que, de generación en generación, viven hasta el infinito. Bajo estas condiciones, si el gobierno emite bonos de deuda, las familias tendrían que dejar herencias lo suficientemente grandes como para poder compensar el alza de impuestos que significarán esos bonos.
En definitiva, lo que plantea Barro es que el gasto no es en sí mismo nocivo para la gente racional, porque los ahorros privados podrían financiar el déficit público, y que el gasto público se mantiene constante hacia el futuro. Además, en una entrevista de noviembre de 2005 a Economist’s View agrega: “Lo que no es deseable es tener una tasa muy baja hoy día, financiada por un déficit fiscal, y seguida por tasas muy altas hacia el futuro”.
Asocia el crecimiento económico con el desarrollo en general, por lo que analiza los aspectos sociales y políticos no solo como causas, sino que también como consecuencias del crecimiento económico. Se podría decir, entonces, que el crecimiento económico que fomenta el desarrollo humano es un crecimiento con calidad , y lo que intenta medir Barro es la “calidad” del crecimiento.
Para eso, con el objetivo de medir qué variables son relevantes para el crecimiento y cuáles no, hace un estudio empírico, con datos cruzados de 100 países, entre 1996 y 1990, desde donde obtiene que variables como la tasa de fertilidad, la inflación, el ingreso y el gasto del gobierno en bienes de consumo inciden negativamente en el crecimiento. Por el contrario, la esperanza de vida, la educación, la apertura de la economía y la calidad de las instituciones inciden positivamente, es decir, favorecen el crecimiento económico.