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América Latina en una encrucijada: el norte alcanza al sur

martes, 24 de mayo de 2011

Jefe de Estrategia de Inversión de Bladex Asset Management
Tulio Vera

La región se encuentra mejor protegida de los grandes riesgos globales. No está apalancada, tiene menos necesidades de financiamiento externo, y las reservas en divisa se encuentran en altos niveles históricos.

Siguen pesando numerosas incógnitas sobre la coyuntura económica global. ¿Cuáles son los riesgos a nivel global en este momento? Cuan preparada esta Latinoamérica para asumir estos riesgos exógenos? A pesar de que la región ha evolucionado muy favorablemente en los últimos años, ¿Cuáles son los riesgos a nivel local en el corto y largo plazo?

Analicemos el entorno económico global y sus efectos sobre la región Latinoamericana. Los efectos positivos son sin duda: la liquidez global que representa un gran propulsor de los mercados financieros, la debilidad del dólar y el fuerte crecimiento en las economías emergentes que continúa sosteniendo los precios de las materias primas. Todo esto se traduce para Latinoamérica en un aumento de los flujos de capital, la fortaleza de sus divisas frente al dólar y un fuerte crecimiento económico.

¿Cuales serían los cambios globales que afectarían de manera negativa a la región? Los siguientes riesgos son los que sobresalen: mayor crecimiento de lo esperado en EE.UU. y por consecuencia que la Reserva Federal se vea con necesidad de subir tasas anticipadamente; restructuración desordenada de la deuda soberana Europea; y una fuerte desaceleración económica en China que afecte negativamente los precios de las materias primas.

A diferencia de décadas anteriores, Latinoamérica se encuentra mejor protegida de los grandes riesgos globales. No está apalancada, tiene menos necesidades de financiamiento externo, y las reservas en divisa se encuentran en altos niveles históricos. Ciertamente la región está mejor protegida que anteriormente y en comparación con otras regiones del mundo, pero no está totalmente inmune. El gran riesgo para la región es de lejos el de un enfriamiento en China y en los precios de las materias primas. Un ajuste monetario en EEUU tendría implicaciones más moderadas para Latinoamérica hoy en día ya que en tiempos pasados.

A nivel regional, dividimos los riesgos en los de corto plazo (o cíclicos) y los de largo plazo (o estructurales). El reto de corto plazo para Latinoamérica es manejar la abundancia económica. En el largo plazo, es poder aprovechar esta oportunidad para mejorar el futuro desarrollo de la región.

La recuperación económica se ha afianzado en los últimos meses y es menos despareja que en los primeros dos años post crisis. Latinoamérica se ha vuelto una historia de dos economías: la del norte, dominada por los problemas de EEUU, y donde la recuperación ha sido lenta y solo ahora está tomando vuelo; y la del sur, que esta mucho mas vinculada a la China y a los precios de las materias primas, donde las mejoras en los términos de intercambio han sido significativos, las brechas del producto se han estrechado, pero donde la inflación ha tomado más relevancia.

Como hemos señalado en columnas anteriores, hemos pensado que las políticas económicas en la región han sido demasiado relajadas para controlar efectivamente la inflación en esta etapa del ciclo económico, aunque reconocemos que en las últimas semanas hemos visto progreso en esta dirección. Un riesgo paralelo es el de los efectos de los altos precios de las materias primas sobre las variables macroeconómicas. Cuando se ajustan las cuentas fiscales y corrientes por los precios históricos de las materias primas, aquellas lucen mucho peor y llevan a la misma conclusión, que la política económica debería ser más restrictiva. Por otro lado están los efectos de las amplias condiciones de financiamiento y las posibles burbujas crediticias al nivel local. También aquí políticas más restrictivas podrían ayudar, pero las políticas macro-prudenciales podrían resultar más efectivas para reducir el crecimiento del crédito.

Todos estos retos son cíclicos y de corto plazo, y al final manejables. Nuestras preocupaciones más serias tienen que ver con los riesgos de mediano y largo plazo: los políticos de la región han tomado muchas medidas en los últimos años que preparan el terreno para tiempos más difíciles, que sin duda en algún momento vendrán, pero han hecho poco para preservar los avances de los últimos años.

El proceso de reformas estructurales se ha estancado en los últimos años. El aumento en la productividad ha sido muy suave. Paralelamente existe una falta de competitividad que caracteriza a mucha de la región y es endémica: en la educación, la sanidad, las instituciones, la infraestructura, la tecnología, etc. Las grandes economías de la región reciben bajas notas en los rankings globales de competitividad. En este momento, solo Chile y Colombia tienen programas de reformas estructurales. Brasil está haciendo poco. México y Perú están inmersos en el ciclo político y el retroceso de las reformas en Argentina y Venezuela de los últimos años se conoce bien.

Como conclusión, los políticos y líderes Latinoamericanos de los últimos 20-30 años han trabajado para mejorar las economías y fortalecer la política económica, y esto implica que la región está mejor blindada para una eventual reversión de los flujos de capitales. La región está mejor parada que otras regiones emergentes y hasta partes del mundo desarrollado. Pero también puede estar desaprovechando las condiciones de abundancia para preservar más de estas fortalezas.

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