Dólar Obs: $ 910,29 | 1,71% IPSA -0,25%
Fondos Mutuos
UF: 40.746,28
IPC: 0,20%
Pesca sufrió daños por US$300 millones y se teme crisis social en la Octava Región

jueves, 11 de marzo de 2010

Pablo Obregón y Miguel Concha
Economía y Negocios

Siete plantas de harina, otras siete de productos de consumo humano y los centros de descarga se encuentran destruidos. Según intendente saliente Jaime Tohá, la capacidad de la industria pesquera de esa región quedó reducida a un 5%.

Los 8,8 grados Richter hicieron que las miradas se clavaran, primero, en las grandes aglomeraciones urbanas de la Octava Región. Sin embargo, kilómetros al sur quedaba todo un mundo desconocido por recorrer. En el golfo de Arauco, decenas de pequeños y pintorescos enclaves de pescadores y buzos fueron tragados por el mar sin que la ayuda llegara sino hasta cuatro días después de la tragedia. "El Mercurio"" recorrió desde Talcahuano al sur y constató que la destrucción entre las caletas Tumbes y hasta Punta Lavapié es más definitiva que todo lo visto hasta entonces.

Las 700 familias de Tubul, por ejemplo, perdieron casas, embarcaciones, motores, redes y equipos de buceo, justo durante el período del año en que obtenían la mayor parte de sus ingresos por la captura de la sardina. Sus dirigentes saben que esta temporada está cerrada, porque, incluso en el caso de disponer de equipos nuevos, las pesqueras mayores no están en condiciones de comprarles sus productos. El maremoto destruyó siete plantas de harina y siete de consumo humano, aparte de la mayoría de los centros de descarga, infraestructura cuya reconstrucción costará unos US$ 300 millones según la Asociación de Industriales Pesqueros (Asipes).

En Tumbes, la destrucción también es total. Durante los últimos años se habían levantado restaurantes y se emplazaban hosterías, pero el 27 de febrero el mar se tragó todo. Unas 4.400 personas vivían de la pesca de sardinas, y según constató este diario, de los 500 botes que integraban la flotilla sólo se salvaron unos 50. Otro tanto ocurre en Llico, un pequeño enclave de predominancia indígena, donde se perdió la totalidad de las cincuenta embarcaciones que había hasta antes del maremoto.

El problema mayor es que los principales productos de la zona -sardina y anchoveta- se extraen precisamente entre el 5 de marzo y el inicio de las lluvias, y ni las pesqueras industriales ni los mercados de la zona están en condiciones de comprar. Tal como reconoce el gerente general de Asipes, Luis Felipe Moncada, el 99% de la pesca artesanal y semiindustrial de la región era adquirido por la industria mayor, pero este año las cosas se pondrán muy difíciles. Las pesqueras Bío Bío y Landes, por ejemplo, tienen hasta el 50% de sus instalaciones destruidas y el mercado de distribución minorista de Talcahuano también fue arrasado por las olas.

Las tareas de reconstrucción tardarán entre seis meses y un año y medio. Pero según Moncada, las empresas afiliadas a Asipes han decidido colaborar y tratar de mantener a sus trabajadores directos; descargar preferentemente los productos extraídos por los operadores artesanales, y sólo complementar con los barcos industriales, de modo de evitar que haya una situación social grave.

Difícil reconversión
Al momento del desastre, la pesca artesanal y semiindustrial ocupaba a más de 13.513 personas en la Octava Región, con un ingreso promedio mensual de $200 mil al mes, según el Censo Pesquero que acaba de publicar el Instituto Nacional de Estadísticas. Además, el 62% de ellos sólo tiene educación básica, lo que complica aun más las tareas de reconversión laboral. La Octava Región concentra 63 caletas de pescadores, y cada una de ellas sufrió el golpe del maremoto, desde Coliumo hasta Punta Lavapié.

Lo prioritario para los pescadores es recuperar sus embarcaciones. Para ello, necesitan una inversión mínima de un millón de pesos para adquirir un nuevo bote y $1,5 millón para comprar un motor. Los dirigentes de la zona están resueltos a reconstruir sus caletas; pero mientras pasa la crisis, piden un plan de reconversión que les permita reinsertarse.

Tohá: la prioridad es reconstruir ruta interportuaria
Paralelamente, el intendente saliente de la Octava Región, Jaime Tohá, insistió en que la catástrofe (que, afirmó, redujo la industria pesquera local a un 5%) debe transformarse en una oportunidad. "Así como soportamos con éxito la crisis forestal y la crisis económica internacional, convocando, escuchando construyendo ideas que se aplicaron con éxito y que se replicaron en otras partes del país, un desastre de esta magnitud debería ser la gran oportunidad para no conformarse con reconstruir lo que teníamos, sino de construir algo mejor de lo que había en todos los aspectos", afirma.

Acota que "no se trata sólo de dejar los caminos como estaban, sino que dejarlos en condiciones de soportar tráfico de camiones de mayor carga (60 toneladas), porque una región con carga forestal no puede tener este tipo de caminos. Y démosle al ferrocarril finalmente el peso que debe tener en una región como ésta".

La prioridad, a su juicio, debería estar en reponer la ruta interportuaria y la construcción de puentes sobre el río Biobío, para levantar la industria.




 Imprimir Noticia  Enviar Noticia