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Centralismo injusto afecta a municipios

lunes, 19 de octubre de 2009

Felipe Bernstein J. , gerente general SOLNET


Existen dos estructuras presupuestarias autónomas a nivel nacional, que son el Gobierno Nacional y las municipalidades; por lo tanto, cada una de estas instancias debe procurar generar sus propios ingresos para poder desarrollar sus actividades públicas.




Es recurrente en nuestro país culpar a las municipalidades de muchos males; por ejemplo, que son ineficientes o que son lentas. Pero muy pocos entienden realmente por qué tenemos un sistema municipal en Chile tan precario, y que debe sufrir las consecuencias de un país altamente centralizado e injusto.

Existen dos estructuras presupuestarias autónomas a nivel nacional, que son el Gobierno Nacional y las municipalidades; por lo tanto, cada una de estas instancias debe procurar generar sus propios ingresos para poder desarrollar sus actividades públicas. Sin embargo, el marco regulatorio y legal para distribuir los potenciales ingresos de ambos niveles ejecutivos en Chile los determina el nivel nacional, sin que las municipalidades puedan participar y opinar. Por lo tanto, es evidente que si el nivel central no tiene un contrapeso, siempre va a privilegiar sus ingresos al de los municipios.

El resultado al año 2008 habla por sí mismo: el Gobierno Central controla el 94% de todos los ingresos fiscales, y las 345 municipalidades del país sólo disponen de un reducido 6% de ingresos autónomos. Esta cifra es una de las más bajas de los últimos 20 años en Chile.

Organismos internacionales como el Banco Mundial y el FMI, en estudios anteriores, han definido un indicador para el grado de centralismo de los países, que mide el porcentaje de los ingresos autónomos de los municipios versus los ingresos fiscales totales. Por ingresos y gastos autónomos se entienden que son aquellos recursos que el alcalde con su concejo deciden libremente dónde invertirlos o gastarlos. Curiosamente, en la mayoría de los países desarrollados este porcentaje supera el 20%. Incluso casos como Singapur y Dinamarca superan el 35%. En el caso de América Latina, el promedio se encuentra entre el 12 y 15%. Por lo tanto, Chile, con su 6%, debe ser uno de los países más centralizados y peor ubicados en este escalafón a nivel mundial.

Hay varias dimensiones que analizar para definir la gravedad. Primero, se tiene la realidad financiera municipal chilena, que de 345 municipios hoy existen más de 210 de ellos con graves problemas de financiamiento, y que de no existir el Fondo Común Municipal (un fondo que reparte de los municipios que más tienen a los que menos tienen) simplemente no podrían funcionar. Pero lo que se reparte es de un sistema que ya tiene pocos recursos a uno que es más pobre aún, y lo cierto es que la verdadera inequidad e injusticia es que el Gobierno Nacional se queda con el 94% de los recursos fiscales, siendo el único "rico" del sistema público, y deja que cientos de municipios sufran esta desigualdad financiera producto de una distribución arbitraria y dispareja, la que incluso es confirmada por parámetros internacionales.

Hay evidencias concretas que demuestran que los recursos se asignan mejor si se hacen en forma descentralizada por medio de los municipios, como también se logra mayor participación ciudadana y compromiso con la calidad de los servicios. Mientras más cerca están las personas, mejores serán las soluciones que se les entreguen, y eso sólo lo pueden lograr los municipios.

Un Estado moderno es aquel que cree en la descentralización como medio más eficiente para gestionar sus recursos, y con ello lograr mejores resultados sociales y de calidad de vida.

Chile se está alejando de ese Estado moderno y lleva a los chilenos a un sistema poco eficiente y sin duda de menor calidad de vida.

Ojalá que para el Bicentenario Dios nos ilumine, y permita a este país enmendar el rumbo.


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