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Lee Hsien Loong es de trato afable, mirada atenta y sonrisa espontánea. Aprendió desde pequeño a respirar política, pues su padre, Lee Kuan Yew, es nada menos que el Bernardo O’Higgins de su país: el padre fundador de Singapur (república independiente desde 1965), al cual gobernó entre 1959 y 1990.
Lee Hsien Loong estudió matemáticas en la Universidad de Cambridge y luego un master en administración pública en Harvard. Enviudó en 1982, se volvió a casar en 1985 con Ho Ching —actual presidenta del fondo estatal de inversiones Temasek—, y combatió un cáncer de linfoma en 1992. Ocupó diversas posiciones en el gabinete y en instituciones económicas antes de asumir, en agosto de 2004, como Primer Ministro. Una de sus primeras actividades fue asistir, en noviembre de ese año, a la cumbre de líderes Apec en Santiago.
La semana pasada llegó al país en una gira que lo llevó antes a Perú y Brasil. Vino acompañado de una enorme delegación empresarial, y fue recibido por la Presidenta Michelle Bachelet. Claves en su visita fueron tres representantes diplomáticos de ese país: el embajador singapurense ante Chile, Philip Ng; el cónsul general honorario, el abogado Arturo Alessandri Cohn, y el representante de negocios, el empresario Peter Hill.
Lee gobierna un país de 4,6 millones de personas, en una isla de un tercio del tamaño de Santiago, sin suelo agrícola ni disponibilidad de agua. No tienen nada, salvo educación e ingenio: aprovecharon su posición geográfica (rodeados de Malasia e Indonesia) para ser el punto de conexión por excelencia de Asia. Hoy el ingreso por habitante (medido por poder de compra) es de US $49 mil, tres veces superior al chileno.Singapur, the "fine" city
Este país es una ciudad-Estado, situado en una pequeña isla rodeada de Malasia e Indonesia. Posee el segundo puerto más grande del mundo (tras Shanghai) y uno de los mayores aeropuertos, debido a que se ha transformado en el punto de conexión entre Asia y el resto del mundo.
En sus calles se venden souvenirs con la frase “Singapore, the ‘fine’ city”, en un juego palabras por el doble significado de “fine” en inglés: la ciudad “magnífica”… y la ciudad de las “multas”. Esto último, debido a que hay castigos por botar basura en la calle, rayar graffitis, fumar en lugares no autorizados o, la más conocida, mascar chicle (hoy está permitido, y lo que está prohibido es introducir uno mismo ese producto al país).
Las multas pueden ser muy costosas, y el Gobierno atribuye a estas medidas y a su política de tolerancia cero a las drogas (hay pena de muerte por narcotráfico) los bajísimos índices de delincuencia y criminalidad que exhibe este país. El efecto es claro: Singapur es una de las ciudades más seguras del mundo.
—Singapur ya está en recesión. ¿Cómo enfrentarán la crisis? ¿Hay medidas productivas, de flexibilidad laboral?
"Estamos en recesión. Estamos abordando distintas alternativas que profundicen el crecimiento económico, que le den estabilidad, para que las personas mantengan sus empleos, para darles viabilidad a las grandes empresas, reduciendo sus costos de inversión. También estamos generando recursos para que las compañías capaciten y reentrenen a sus trabajadores. Por cierto, no puede faltar la flexibilidad laboral necesaria".
—¿Cómo Singapur ha realizado su exitosa política de integración multicultural?
"Empezamos como país con los ideales de igualdad de oportunidades, sin importar la raza, el idioma o la religión. Nosotros creemos en la meritocracia, completamente justa para todos, basada en sus habilidades. Por ellas usted será recompensado, pues estará contribuyendo en las escuelas, en el gobierno, a la sociedad. Hemos hecho una gran inversión en una integración entre las diferentes comunidades étnicas, no para que todas sean lo mismo, pero sí para que puedan entenderse unas con otras y se sientan cómodas entre ellas”.
“Por ejemplo, las viviendas sociales deben estar integradas racialmente. Las escuelas también, de tal manera que los niños crecen no sintiéndose chinos, malasios o indios, sino singapurenses".
—Es formar un estilo de vida.
"Tiene un sentido de identidad nacional. Porque ese sentido no está basado en su raza, idioma o religión, sino que hay fuerzas más profundas que nos mueven".
—¿Cuál es el futuro el Partido de Acción Popular (PAP), la colectividad que ha gobernado desde la independencia de Singapur?
"Para que el partido se mantenga moderno, vigoroso y relevante para el conjunto de las personas debe renovarse a sí mismo, en sus integrantes, sus liderazgos, sus políticas y organizaciones. Debemos trabajar en cómo ser más atrayentes para las generaciones más jóvenes".
"Es muy difícil hacerlo, es cosa de mirar casos en el mundo. El PRI, en México, que estuvo 70 y tantos años, tuvo algunos problemas de corrupción, y hoy ya no hay PRI en México. Si uno mira el Partido Liberal Democrático en Japón también: 50 y tantos años, y no se renovó en forma sistemática y vigorosa".
—En un discurso el 16 de noviembre en una conferencia de su partido, expresó su temor a que el PAP sea quebrado en dos. ¿Es ése el riesgo?
"Es improbable que eso pase, porque el liderazgo no está dividido. Lo que intenté explicar es que lo que usualmente entendemos por democracia es que haya uno en el gobierno y otro en la oposición, en que uno sale y el otro entra, y yo no creo que ese esquema funcione en Singapur. Sería un riesgo si existiera, porque perjudicaría la calidad del Gobierno, también la calidad de la política, y no nos mantendríamos como un equipo de primera división".
—Chile y Singapur parecen compartir similares principios económicos y comerciales. ¿Cómo describiría esta relación?
"Muy amistosa. Somos similares en nuestra situación estratégica. Singapur es uno de los países más pequeños del Sudeste Asiático, rodeado por vecinos mucho más grandes. Chile no es tan pequeño como Singapur, pero en relación con Sudamérica creo que ustedes son uno de los más pequeños, y también están rodeados por vecinos más grandes que tienen una perspectiva del mundo distinta que ustedes. Es importante para ustedes entenderse con sus vecinos, pero al mismo tiempo ir más allá de sus fronteras. Por eso digo que compartimos una mirada abierta al mundo, cosmopolita y globalizada".
—Singapur, Chile, Nueva Zelandia y Brunei son socios del Acuerdo de Asociación Transpacífico, conocido como ‘P4’ (cuatro economías del Pacífico). Estados Unidos negociará su ingreso también. ¿Pueden Chile y Singapur ser la fuerza catalizadora que expanda el espíritu de Apec?
"Creo que las negociaciones partirán en marzo del próximo año con Estados Unidos, y también con Perú y Australia. Con estos tres nuevos miembros, esperamos que el P4 sea el catalizador para algo más grande. Ciertamente, si esos tres países se unen puede resultar más interesante para otros países participar dentro de Apec".
—¿Quizás recuperando el sentido original de Apec?
"Así es. Creo que el objetivo es tener un Área de Libre Comercio del Asia Pacífico, pero pensar que los 21 miembros de Apec quieran hacerlo no es realista, no sólo por las complicaciones que ya vemos en la Organización Mundial de Comercio, sino también por los problemas políticos de Naciones Unidas cuando uno piensa en Estados Unidos, Japón, China y Rusia. Sin embargo, con el P4 usted puede fomentar esta idea, y con EE.UU. y otros interesados que deseen unirse tendremos una liberalización comercial significativa, tal cual fue el objetivo que tuvo Apec cuando fue formado".
—La más grande e importante delegación de empresarios lo han acompañado en su visita oficial. ¿Qué esperaría usted de la relación entre las compañías chilenas y singapurenses?
"Espero que encuentren oportunidades para trabajar juntos, asociarse, comerciar más y eventualmente invertir en cada país. Creo que puede haber oportunidades en servicios; en cuanto al comercio, el vino chileno es muy popular en Singapur; sus mariscos son muy buenos, su fruta tiene un alto potencial, y las paltas chilenas también son muy conocidas en mi país. Ojalá que las compañías chilenas sepan usar Singapur para exportar a China, por ejemplo".
—¿Qué puede ofrecer el Gobierno de Singapur para que las empresas chilenas inviertan en su país?
"Tenemos el P4, con su acceso en el comercio. También tenemos la posibilidad de negociar un acuerdo de doble tributación. Pero básicamente estamos abiertos para todo tipo de inversiones, incluyendo las chilenas. Tenemos equipos particularmente incentivados para la inversión en nuevas industrias, y esperamos que las empresas chilenas sean capaces de aprovecharlo".