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Andy Sandness se sometió a un trasplante de cara en 2016:

"No tengo el aspecto que solía tener, pero hoy disfruto de las cosas pequeñas de la vida"

jueves, 14 de marzo de 2019

C. González
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

El joven estadounidense quedó desfigurado debido a un disparo. Tuvieron que pasar diez años para que la medicina y la buena voluntad de una familia le dieran un rostro nuevo.



"Hice una lista de las cosas que esperaba conseguir y, más que el aspecto estético, me interesaba conseguir funcionalidad. Hoy puedo sonreír, mover los labios y besar... a mi novia le gusta y dice que lo hago bien", cuenta el estadounidense Andy Sandness (34), antes de lanzar una sonora carcajada.

Todos estos pequeños gestos que hoy lo emocionan durante la última década eran solo un sueño para él: en 2006 intentó suicidarse de un disparo bajo la barbilla. Sobrevivió a su decisión, pero quedó con el rostro completamente desfigurado. Solo sus ojos quedaron intactos.

Los mismos con los que hoy mira fijamente cuando afirma que tiene una nueva oportunidad. "No tengo el aspecto que solía tener, pero hoy disfruto de las cosas pequeñas de la vida", cuenta a "El Mercurio" durante una charla en la Clínica Mayo de Jacksonville, en Florida (EE.UU.). Fue en ese centro, pero el ubicado en Rochester, Minnesota, donde en 2016 surgió esa oportunidad que cambió la vida de Andy, uno de los tres pacientes que han recibido un trasplante de cara en EE.UU. Desde 2005, poco más de 40 personas se han sometido a una cirugía de este tipo en el planeta.

"Ahora, al entrar a un ascensor, a un restaurante o a una tienda, me siento normal y nadie me mira extraño. A veces niños pequeños se asustaban y les preguntaban a sus mamás qué me había pasado", explica sin problemas para hablar o realizar gestos con su cara, como pestañear o guiñar un ojo. Además, puede oler y su sentido del gusto sigue mejorando. "Puedo sentir frío o calor en la piel, o al tocarme con la mano".

Seis años de preparación

Desde la línea de sus párpados inferiores hacia el mentón, incluida la bien cuidada barba que usa -"Ha sido un placer volver a la barbería", reconoce-, constituye parte del trasplante que recibió. Al igual que huesos, dientes, la mandíbula y una serie de minúsculos nervios que le permiten la funcionalidad que anhelaba.

Varias cirugías buscaron reconstruirle la cara, pero sin grandes resultados, hasta que fue sometido a un trasplante facial que duró 56 horas. Un extenso y variado equipo médico, encabezado por el doctor Samir Mardini, se preparó durante seis años para llevar a cabo esta proeza.

"Comenzamos a evaluar la posibilidad hace diez años y tuvimos que aprender todo. Hay varias cosas que deben ser compatibles, no solo el tipo de sangre, también el color de piel o la estructura facial. En este caso tuvimos suerte de encontrar al donante adecuado", dice.

Ese fue Calen Ross, un muchacho de 21 años, quien se suicidó en junio del año 2016. Su esposa estaba embarazada de ocho meses y, pese a la pena, decidió donar los órganos de su marido. Y su rostro. Andy tuvo la oportunidad de conocerla 16 meses después del trasplante. "Fue una experiencia muy intensa y emocionante, porque algo que me devolvió la vida significó una gran pérdida para otros". Desde entonces, siguen en contacto.

Consciente de ello, y aunque se reconoce reacio a dar entrevistas, ha decidido dar una mano a otros pacientes que están a la espera de un trasplante. "Hago esto para ayudar a otros y darles esperanza de que todo puede cambiar para mejor. Los errores que cometiste no te definen como persona (dice respecto a quienes hoy están desfigurados por causas similares a la suya), pero te ayudan a crecer".

En forma paralela, sigue retomando su vida en Wyoming donde vive -"Vengo de un pequeño pueblo donde todos se conocen con todos"-, y continúa con sus terapias para mejorar la funcionalidad, y las drogas, que deberá tomar de por vida, para evitar el rechazo. "Cada día es un proceso y depende solo de mí hacer que esta cirugía sea lo mejor posible", enfatiza.

"Solía soñar con una cara nueva y, honestamente, sabía que algo como esto (el trasplante) me podía pasar. Cuando me miro al espejo, sé que hay una parte del donante que está ahí, pero definitivamente esta es mi cara. Es parte de mí".

"En 2012 me propusieron el trasplante y dije '¡hagámoslo!', pero fue un proceso largo que tomó seis años. Ha sido una experiencia maravillosa".
Andy Sandness (34), en la foto, el día de la entrevista en febrero pasado.

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