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viernes, 22 de febrero de 2019

Economía y Negocios Online


Paulina Yazigi Gerente de Inversiones de Nogaleda y miembro del Comité Financiero de los Fondos Soberanos

Hemos escuchado, y quizás hablado, mucho de inversión sustentable, responsable, con impacto (Impact Investing), o del tipo ESG (Environmental, Social, y Governance). ¿Entendemos qué son? En buen chileno, es realizar inversiones en los mercados públicos o privados, que logren un retorno esperado positivo desde el punto de vista financiero, pero que además estén alineadas con los valores y principios del inversionista. Algo así como “no borrar con el codo” lo que se escribió con la mano.

Un término que escuché en una charla y que suena muy bien en inglés es “hacer que el dinero sea más”, y no que sólo busquemos “hacer más dinero”. No se trata de una inversión responsable para cambiar el mundo, sino que entender que el mundo cambió y ver cómo nuestras decisiones de inversión deben cambiar también.

Hace unas décadas en EE.UU. estos conceptos comenzaron a aplicarse, pero de una forma poco prolija. Como que el hecho de tomar una decisión que generara un “bien social”, automáticamente la disociaba de las prácticas comunes de un buen manejo de portafolios. Por esto, la “moda” del SRI (socially responsable investment) tenía una connotación negativa, pues se realizaba un erróneo proceso de selección de compañías en las que invertir, las comisiones cobradas eran altas, no se realizaban necesariamente procesos sanos de “risk management” y no siempre estaban involucrados los mejores bancos de inversión. Por todo esto, quedó la sensación que invertir responsablemente o socialmente implicaba renunciar a retornos.

Pero los años han ido demostrando que esto no necesariamente tiene que ser así. Por el contrario, incluso, si realizamos inversiones en compañías que cumplen con los estándares ESG estaremos en mejores manos en el corto y en el largo plazo.

Por ejemplo, empresas que tienen un buen trato a sus proveedores, empleados y clientes, tienen una menor probabilidad de enfrentar litigios de parte de ellos, en general tienen una mayor lealtad a su marca, y gozan de una menor rotación de sus empleados. Por otra parte, las firmas que cumplen con altos estándares medioambientales, además de generar un bien social, podrán tener mayores retornos en el futuro porque su proceso productivo es sustentable, estarían menos expuestas a regulaciones que las perjudiquen, menos expuestas a multas, y pueden incluso a la larga enfrentar menores costos productivos. Pregúntenle a British Petroleum o a Volkswagen si es que no ser sostenible les costó dinero.

Según un estudio de Bank of America, haber contado con métricas de ESG podría haber ayudado a los inversionistas a evitar invertir en un 90% de las compañías que quebraron desde 2008 en EE.UU. Otro estudio realizado en la Universidad de Harvard monitoreó a 180 empresas, de las cuales la mitad se preocupaban de temas de ESG, y la otra mitad no (o “no tanto”). Tras registrarlas desde 1993 a 2009, se observó que el precio de la acción fue 46% mayor en las empresas que se hicieron cargo de estos temas en comparación con las que no, lo que implica un retorno superior en torno a 2% por año.

Si miramos los fondos de inversión o ETFs que siguen estas estrategias, no es estadísticamente relevante la diferencia entre la rentabilidad de éstos y los índices “normales”, entre otras cosas debido a que la muestra aún no es lo suficientemente larga. Pero lo que sí se ha demostrado es que, a diferencia de la creencia popular pasada, el invertir responsablemente no significa renunciar a retornos.

Hoy por hoy pareciera dominar la iniciativa ESG en países desarrollados como los EE.UU. y los países nórdicos (Noruega, Suecia, Dinamarca). De hecho, alrededor del 50% de los fondos ESG a nivel global, está en estas zonas geográficas, y 500 de éstos en EE.UU. En Latinoamérica aún estos son escasos, si bien en Brasil encontramos cinco fondos de este tipo.

Lo importante es que esto ya no es una “moda”. Llegó para quedarse. Las personas hoy están mucho más conscientes del mundo en el que habitan, y de las posibilidades que existen de aportar con un grano de arena a un globo más sostenible. Por esto vemos cada vez más signatarios a la iniciativa de las Naciones Unidades de suscribirse a los Principios de Inversión Responsable, tanto desde el punto de vista del inversionista, como de las compañías. También existen más de 10 entidades reconocidas internacionalmente que asignan puntaje o rating ESG para facilitar el análisis. Todos podemos hacer la diferencia.

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