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Backstreet Boys y James Blake: La pieza oscura

jueves, 31 de enero de 2019

Bastián García Santander
Vidactual
El Mercurio




Backstreet Boys - "DNA"

Chile parece haber vivido un salto hacia el final del siglo XX durante las últimas semanas gracias a la confirmación de Backstreet Boys en el Festival de Viña del Mar. La boy band más exitosa de todos los tiempos será el plato fuerte del certamen, a 21 años de la locura generada en su primera venida al país, en el mismo escenario pero en circunstancias completamente opuestas. Sus bonos actuales se basan mayoritariamente en la nostalgia, aunque sus acciones apuntan a una renovación.

Su último disco, "DNA" (2019) es una muestra de esa extensión, porque se actualiza la musicalidad hacia géneros como la electrónica y el funk remozado por músicos como Bruno Mars o Mark Ronson. De todas formas, también hay guiños a su época de gloria como las armonías vocales bien construidas y la intensidad al interpretar la balada romántica con acento en el pop y el público juvenil.

De hecho, en palabras del grupo, el álbum buscaba ese vínculo con el pasado, pero la actualidad lo hace imposible. Porque las influencias y las fórmulas detrás de los hits han cambiado en razón de las plataformas y los gustos de las masas, lo que no quiere decir que el trabajo no cumpla su objetivo, más bien que es improbable obtener una nueva "I want it that way". Al menos, "Don't go breaking my heart" e "Is it just me" no están nada de mal.

James Blake - "Assume Form"

Dicen que James Blake es un prodigio del under británico, un productor electrónico de reconocida elegancia a la hora de componer y escribir, y capaz de coquetear con el mainstream gracias a la venia de artistas como Beyoncé, Kendrick Lamar o Kanye West, quienes ven en él una mente maestra que estiliza el soul o el R&B tal y como buscan aquellos íconos de la música negra.

Y en "Assume Form" (2019), su tercer trabajo discográfico, su inventiva se mantiene pero las influencias y sus intérpretes cambian. El músico se apoya en un aura urbana que tiene a la dupla de Travis Scott y Metro Boomin -titanes del trap estadounidense- narrando un acalorado viaje en auto por una carretera sin destino; o en la española Rosalía, que gracias a ese grito desquebrajado que ha cultivado como su sello vocal convierte una historia de romance común en la épica del enamoramiento.

Allí, James Blake mantiene la construcción de atmósferas que ahogan y desesperan, como si sus canciones fueran habitaciones de las que sus murallas comienzan a cerrarse hasta dejar a los protagonistas sin escapatoria. Se siente la oscuridad y todos los sentimientos que sobrevuelan sus sombras, por más que temas como "Where's the catch" con André 3000 y "Can't believe the way we flow" nos arrastren hacia las luces y una felicidad que viene empaquetada con fecha de caducidad.

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