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Segundo período como Presidente de Venezuela, hasta 2025:

Pese a rechazo internacional, Maduro asume nuevo mandato con "fuerza para muchos años"

viernes, 11 de enero de 2019

Jean Palou Egoaguirre
Internacional
El Mercurio

Mientras EE.UU. tachó de "ilegítima" su investidura, Paraguay rompió relaciones y Perú llamó a consulta a su última diplomática.



Desafiante ante la creciente presión internacional y la advertencia de la mayoría de los países de la región de que no reconocerán su gobierno, el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (56), asumió su segundo mandato de seis años en una ceremonia ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), en la que intentó defender sus cuestionadas credenciales democráticas y reivindicó la continuidad "por muchos años más" de la "revolución bolivariana".

El acto en sí mismo fue una muestra del aislamiento del régimen. Apenas cuatro presidentes latinoamericanos asistieron a la juramentación -los mandatarios de Cuba, Bolivia, Nicaragua y El Salvador-, y la lista se acabaría ahí si no se considera a los líderes de Abjasia y Osetia del Sur, dos países que no son reconocidos por la ONU. El gobierno intentó camuflar las ausencias con una coreografiada puesta en escena que en los exteriores movilizó a empleados de empresas estatales, mientras que durante la ceremonia Maduro se dio la maña de saludar casi uno a uno a los enviados, algunos de muy bajo rango, de "94 países valientes que respetan la soberanía de Venezuela" .

"Juro por el libertador Simón Bolívar y los ejércitos libertadores de nuestra América, por el legado de nuestro amado comandante Hugo Chávez, que no daré descanso a mi brazo ni reposos a mi alma y que cumpliré y haré cumplir todos los postulados de la Constitución. Lo juro por Dios todopoderoso y lo juro por mi vida", pronunció Maduro, con el puño izquierdo en alto, ante el presidente del TSJ, Maikel Moreno, un expolicía que -cuento aparte- estuvo dos veces preso por asesinato en los años 80.

En su discurso de investidura, Maduro pareció desahogarse. Agitado y notablemente molesto, dedicó buena parte de su mensaje a justificar que se realizara su juramento en la sede del TSJ y no en la Asamblea Nacional de mayoría opositora -que declaró en "desacato"-, e insistió que su elección en mayo pasado se ajustó a la Constitución y "a una democracia que del pueblo y no de las élites".

Respondiendo quienes acusan que su gobierno es una dictadura, Maduro insistió en que "Venezuela es un país profundamente democrático", y para demostrarlo citó las 25 elecciones que se han realizado en el país desde que Chávez asumió en 1999. Según recordó, el chavismo ha ganado en 23 de ellas, y no escondió su deseo de prolongar su racha en el poder: "Nos queda salud y fuerza para muchos años más", advirtió.

Siempre en tono agresivo, Maduro denunció una "campaña de mentiras y manipulación asquerosa" de más de 20 años contra el chavismo: "Venezuela es el epicentro de una guerra mundial del imperialismo estadounidense y sus gobiernos satélites (...) Allá ellos con su nerviosismo y su locura", exclamó. Y dejó claro que, pese a las penurias económicas que vive el país, pretende confirmar el rumbo: "¡El pueblo ha decidido ser independiente y antiimperialista, al costo que sea!".

Maduro, por otro lado, criticó al Grupo de Lima -compuesto por 13 países de la región, incluyendo a Chile-, que desconoce su gobierno y ya está aplicando sanciones de cara a su nuevo mandato que llaman "ilegítmo".

"El 'cartel de Lima' ha sacado un documento ofensivo y violatorio del derecho internacional (...) Pretende darnos órdenes, como si Venezuela fuera un país interferido", dijo el Presidente, quien agregó que "con el dolor de su alma tomará medidas firmes y contundentes" contra estos países. De todos modos, señaló que aún existía una opción de diálogo, para lo cual propuso una cumbre de mandatarios para "debatir francamente y llegar a acuerdos que superen este camino de desunión". Pero a reglón seguido redobló los ataques: "Creo que nos tienen miedo de vernos cara a cara, de escuchar nuestra verdad".

Sanciones y gestos

Tras el acto, el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, calificó de "ilegítimo" el gobierno de Maduro, y pidió formalmente a las FF.AA. que lo "desconozcan" y "den un paso en frente" porque no fue "producto del voto popular": "Vamos a declarar la usurpación del cargo de Presidente de la República", anunció.

Las repercusiones internacionales no se hicieron esperar. John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, advirtió que "EE.UU. no reconocerá la toma de posesión ilegítima de la dictadura de Maduro", a la vez que incrementará su presión sobre ese "régimen corrupto". Por su parte, la Unión Europea sostuvo que "lamenta profundamente" que Maduro "emprenda un nuevo mandato sobre la base de elecciones no democráticas".

A nivel regional, la medida más importante fue la resolución de la OEA de desconocer la "legitimidad" del mandato de Maduro (ver nota). Pero también hubo gestiones a nivel bilateral: el país que reaccionó de manera más dura fue Paraguay, que anunció la ruptura de las relaciones diplomáticas, incluyendo el cierre de la embajada, mientras que Perú llamó a consulta a su encargada de negocios, la última diplomática que quedaba en Caracas.

También reaccionó en términos muy duros el Presidente de Argentina, Mauricio Macri: "Su poder no es auténtico, aunque trata de escabullirse en la victimización. Maduro se presenta como el Presidente perseguido. Pero él no es la víctima, Maduro es el victimario", dijo en Twitter. Poco después, la cancillería argentina ratificó medidas ya enunciadas por el Grupo de Lima como la suspensión del acuerdo de exención de visados para pasaportes diplomáticos, y la prohibición de la entrada al país de "integrantes de alto nivel del régimen venezolano".

Por su parte, el Presidente de Colombia, Iván Duque, no respondió al llamado de Maduro a tener un "cara a cara", pero sí hizo un llamado "para cercar diplomáticamente a la dictadura".

Para los observadores, todo esto marca un punto de inflexión en la crisis venezolana, pero no hay claridad sobre la efectividad de las medidas. "La presión diplomática es importante, pero por sí sola no resuelve el problema de cómo promover una salida pacífica y negociada a la crisis", dijo a "El Mercurio" Phillip Gunson, analista senior sobre Venezuela de International Crisis Group. "Cerrar embajadas y romper relaciones, como acaba de hacer Paraguay, no conduce a nada. Son medidas efectistas que a la larga reducen la influencia de los gobiernos sobre la situación interna, cortan las comunicaciones directas con los políticos y analistas que permanecen aquí, y crean impedimentos para atender los intereses de sus propios ciudadanos y empresas".

El presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, dijo que ahora "Venezuela tiene un gobierno de facto, que secuestró el Estado para beneficio propio".

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